junio 25, 2024

El alto costo de la entronización del nazismo y la toma de posición actual


Por La Época -.


El jueves 9 de mayo decenas de cientos de miles de ciudadanas y ciudadanos de la Federación Rusa se congregaron en la Plaza Roja de Moscú para ver un desfile militar con el propósito de celebrar el 79 aniversario de la derrota de la Alemania nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, acto oficial denominado con el nombre de Día de la Victoria.

En realidad, exactamente una semana antes, el 2 de mayo de 1945, unidades de la vanguardia del frente oeste del Ejército Rojo habían entrado en Berlín y ondeado la bandera soviética –con la hoz y el martillo– en el techo del Reichtag, el parlamento germano. La contraofensiva rusa, que había empezado en 1943, llegaba a su fin. Hitler se había suicidado junto a algunos de sus colaboradores más próximos y los nazis firmaban su capitulación incondicional.

En los años previos a la gran guerra Hitler confesó: “no es mi ambición esto de estar en guerra, pero sí lo es crear un nuevo estado nacional y social de la más alta cultura… cuando se inicia y desencadena una guerra lo que importa no es tener la razón, sino conseguir la victoria”. Tales reflexiones, llevadas a la práctica mediante un régimen del terror, terminaron costando la vida de más de 50 millones de seres humanos, de los cuales al menos la mitad eran de origen ruso-soviético.

Fue el comunista búlgaro y secretario general de la Internacional Comunista entre los 1934 y 1943, Jorge Dimitrov, quien definió al fascismo como la “dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”.

Actualmente estamos lejos de la disputa que marcó a fuego al pasado siglo: capitalismo versus comunismo. Sin embargo, la codicia de un cada vez más ínfimo puñado de ricos –según datos de Oxfam el 1% más rico del planeta acumuló una riqueza igual a la que tienen los casi ocho mil millones de seres humanos restantes– parece deseoso de arrastrarnos a una tercera conflagración a escala global, en la que claramente no habrán ganadores.

En la era actual no caben medias tintas. O se está con los agresores, es decir, con el imperialismo yanqui, la Unión Europea (UE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Israel, entre otros; o con quienes abogan por el respeto entre las naciones y la convivencia pacífica, como China, Rusia, la India, Brasil y la inmensa mayoría de los pueblos. En términos académicos el dilema planteado es: unipolaridad vs. multipolaridad

Países como el nuestro, que se han comprometido a lo largo de su historia con la autodeterminación de los pueblos, la paz y la vida, no deben dejar de buscar en las páginas de la Historia las enseñanzas claves para el porvenir. El Día de la Victoria no solo simboliza un triunfo ruso sobre una maquinaria de matar, sino el de la Humanidad contra la bestialidad, misma que hoy, enmascarada de múltiples maneras, pretende otra vez tomar las riendas del poder para el pesar de la inmensa mayoría de la población nacional, continental y mundial.

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