junio 25, 2024

Eduardo Torrico

A Eduardo Torrico López lo conocí a través de mi amiga Daniela Borda, ambos eran presentadores del programa de rock más importante del país, Axesso “Más Rock, Más Boliviano”. Quedamos de hacer una charla informal, más cotidiana, entonces una tarde de sábado vino a mi casa a contarme su trayectoria.

La guitarra

“Desde pequeño tocaba guitarra, y esto porque mi abuelo era guitarrista folklórico, armaba sus bandas estilo Kory Huayras, entonces de pequeño cuando iba a Cochabamba lo veía tocar. Después, en las guitarreadas, tocaban la canción de la película La balada del pistolero, con Antonio Banderas, que dice ‘soy un hombre muy honrado que me gusta lo mejor, las mujeres no me faltan, ni el dinero, ni el amor’. Con mi tío tocaban a dúo, me encantaba, me compraron el casete, hasta ahora lo tengo.

Quería tocar música, lo curioso fue que antes de que me compre una guitarra yo me metí a clases de batería, que es algo totalmente diferente. Me gustaba la música y ese fue mi primer impacto, obviamente nunca me compraron la batería, entonces escogí otra cosa, y es ahí que opté por la guitarra.

Comencé a pasar clases a mis siete años, me acuerdo que fue con Héctor Osaky, gran guitarrista, quien estudió guitarra clásica en el Conservatorio Plurinacional de Música, realizó cursos de perfeccionamiento con músicos de Suiza, Argentina, España y Uruguay, entre otros. Ha representado a Bolivia en festivales internacionales de guitarra y cuerdas realizados en Perú, Ecuador, Paraguay, Brasil, Estados Unidos, Alemania e Italia.

Pasé unos meses con él, me gustó mucho, pero con el tiempo guardé la guitarra. Recién a mis catorce años la desempolvé, tenía una necesidad de sobresalir en el colegio, hay una gama de personalidades: está el galán, el chistoso, el deportista, entonces me preguntaba en qué resaltaba, pero como sabía tocar guitarra era el momento de mostrarme.

Estudié en el Colegio Cumbre, en la zona de Cota Cota, es ahí que formé mi primera banda, los mayores ya armaban para el día de la familia noche de talentos, entre ellos estaba Mauri Toledo, que es actor, músico y fue conductor de televisión; él también era baterista, entonces lo veía y me daban ganas de tocar, fue mi inspiración de armar una banda, ahí empezamos a tocar en el cole, en ese momento no teníamos ni nombre, decíamos: Swiss Army Knives, como el cuchillo, pero éramos la banda de la jode del cole, tocábamos Maná, Soda Stereo, más por diversión, nos llamaban para quinces, fiestitas, etcétera.”

Lado actoral

“En la Universidad traté de armar otras bandas, pero es muy difícil porque siempre hay alguien que se va, que abandona el proyecto, no había mucha seriedad, yo estaba estudiando Comunicación en la Universidad Católica Boliviana (UCB), pero mi vocación era el Teatro, mi viejo es odontólogo, él quería que sea algo así como ingeniero, no quería que siga sus pasos, a mí me gusta mucho el cine, veía muchas películas, mi favorita es la mexicana Amores perros de Alejandro González Iñárritu, son tres historia que se entrelazan.

Entonces ahí nace mi lado actoral, veía una peli y la veía muchas veces, me aprendía los diálogos. De niño preparaba mi cumpleaños meses antes, tenía que disfrazarme y presentar algo, como iban a venir mis amigos preparaba coreografías, mucho tiempo me traumé con la película Grease con John Travolta y Olivia Newton, por las canciones y los bailes, me ponía a ensayar en mi casa, tenía ese instinto, no era consciente de lo que hacía, de que estaba presentando una obra, a mi familia le gustaba mucho.

Fui a un test vocacional y me salió lo mismo, que tenía que hacer teatro, entonces es donde me di cuenta que quería hacer teatro, que era lo mío, además y relacionado con la música es un performance. Entonces me preguntaba: ¿cómo podía comenzar a hacer teatro? ¿Dónde? Me acuerdo que estaba caminando por la Av. Ecuador y vi un cartel de David Mondacca que decía: ‘Ser o no ser actor’, era un taller de teatro que estaba basado en la premisa de que ‘todos somos actores y es necesario revelar el carácter lúdico y propio de nuestro niño interior y, al mismo tiempo, es necesario despertar su asombro’.

Mi colegio tenía vínculos con países fuera de Bolivia, convenios internacionales, entonces en nuestro viaje de promo fuimos a Buenos Aires a ver universidades, pero todo estaba relacionado a Derecho, Medicina, lo clásico, la mayoría de mis amigos se iban, pero yo quería algo así como arte dramático, yo estaba bastante terco, entonces cuando entré al taller pensé que podía ser algo pasajero, pero nunca más salí de ahí.

Los talleres los daban en la Escuela de Cine y Artes Audiovisuales (ECA), ubicada en Sopocachi. David nos dijo que realmente tenemos que estar convencidos de ser actores, porque en el país es muy difícil sobrevivir de eso, se nos va complicar la vida, por eso el taller se llamaba ‘Ser o no ser’. Para uno de los trabajos escribí un monólogo que al parecer le gustó mucho, porque me invitó a los talleres que estaba realizando en la UCB.

Después me fui a vivir a Cochabamba, estuve ahí un buen tiempo, viviendo en la casa de mi abuelo, llegué ahí a estudiar Ingeniería Comercial, iba a dar un giro a mi vida, mi papá y mi abuelo decidieron que iba a estudiar, aunque nunca dejé el teatro, lo bueno era que a la vuelta de mi casa estaba la Universidad la Domingo Savio.”

El germen de Los Vagos

“Para mí este momento fue el germen de lo que es mi banda, Los Vagabundos Espaciales. Como estaba en Cocha, llevé mi guitarra y estaba en una escuela de teatro llamada El hecho a mano. Con un amigo que ya se había venido a Cocha hace muchos años, además de que me lleva unos diez años de diferencia, nos encontramos, él toca muy bien y me dijo que estaba armando su propia banda para hacer tributos de la agrupación británica Mush.

Pasó un tiempo y me dijo que ya había armado la banda, entonces yo los iba a ver a los ensayos, hasta que un día el bajista había faltado, me presté un bajo y me puse a tocar con ellos, y les gustó mucho más que con el que estaban; él era un poquito más duro, entonces me invitaron directamente para que me quede con ellos.

Estuve un año en Cocha, pero mi vida era en La Paz, mi círculo de amigos, de música, para mí Cocha había sido dar un paso hacia atrás, una ciudad más pequeña, lo ideal siempre es ir a una ciudad más grande, Buenos Aires, Río de Janeiro, para que uno pueda crecer. Obviamente que me encanta Cocha, no desmerezco, pero como era fin de año decidí volver a La Paz.”

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