junio 14, 2024

Outsiders en Bolivia y la necesaria autocrítica del “ala radical”


Por Gabriel Campero Nava * -.


En el ambiente nacional ya se siente esa sensación “electoral” y se va a calentar más para 2025. Mas allá de la situación interna del Movimiento Al Socialismo (MAS), muchos analistas abordan lo referente al riesgo de outsiders en estos espacios electorales.

Esto, para el ardid político, no es algo novedoso. Se va viendo en diversos casos de elecciones en el mundo (Zelenski, Bukele, Milei), lo que es únicamente de conocimiento de esa población que está inmiscuida en la política, porque para el grueso de la población, que en el caso boliviano tiene que ejercer su voto de manera obligada y que desde hace varios años, con la polarización actual del MAS no se tiene aún muy claro este término. Sin embargo, y muy posiblemente, ya lo ha experimentado en el voto en alguna ocasión.

El fenómeno del outsider, en algunos casos, “se refiere a la tendencia de los votantes a elegir candidatos que no forman parte del establishment o de la clase política, o que nunca antes han ocupado un cargo público. Estos candidatos suelen realizar campañas al margen de la estructura tradicional de los partidos, utilizando tácticas poco convencionales como las redes sociales o la organización de base”. En otros casos “se definen como personas que vienen de afuera del ámbito político, se presentan como nuevos y habitualmente con un mensaje de ‘cambio’ ante la ciudadanía. Nunca fueron candidatos, jamás transitaron la esfera pública, ni ocuparon un cargo. Los outsiders pueden ser humoristas, cantantes, actores, científicos, periodistas, conductores, modelos, etcétera. Lo que es claro es que son ajenos a la política hasta el momento en que deciden ocupar o disputar un cargo”.

Esos aspectos los definen como “noveles” en la política y estas dinámicas de incursión llevan consigo “respaldo” de su pasado, usualmente asociado a su popularidad en otras áreas, en nuestro caso nos mostraban a Carlos Mesa como un periodista historiador que haría una dupla perfecta con Goni (Gonzalo Sánchez de Lozada). Carlos Mesa sin pasado político, o con un blanqueamiento de su pasado y militancia. Otro ejemplo que mediáticamente nos mostraron fue a Samuel Doria Medina, un gran empresario que podría guiar el país, algo novedoso para las nuevas generaciones de votantes que vivían una coyuntura neoliberal. Según estos perfiles, estas personas también se catalogarían en su momento como outsiders, algo que no estaría en lo “usual”, al margen de haberse sumado a consignas políticas de derecha histórica, como ya sabemos.

Hoy, en la coyuntura boliviana, no se vislumbra alguien que pueda (sin quemarse) mostrarse como una alternativa que esté a la altura de competir contra el MAS (sea el ala evista, gubernamental o un tercero). Esto a razón de que no existe una propuesta de carácter novedoso en cuanto a un proyecto de país, sino únicamente un odio al masismo.

Por otro lado, desde dentro de la autocrítica del MAS debemos señalar que en los años que se ha sido gobierno la mayor falencia ha sido la incapacidad de crear nuevos cuadros políticos de recambio para ofrecer una imagen fresca como opción acorde a los tiempos, sin tener que implosionar internamente como en la actualidad está sucediendo.

Más que el riesgo a un outsider que pueda tener esa facilidad de convencer al electorado; el riesgo está en tener un personaje que sea risible y con una sigla prestada. El riesgo está en que, por las actuaciones internas del MAS, que se encuentra cansando de un sector no militante pero electoral, se pueda optar por votar por personas como Chi Hyung Chu, como pasó en 2019, pudiendo aumentar la fragmentación de la Asamblea con propuestas reaccionarias como las que en su momento impulsaba el candidato mencionado del PDC.

Solo la autocrítica y los mecanismos de democracia interna con recambios en las estructuras acorde al momento histórico permitirán al MAS tener una mejor alternativa de cohesión del segmento electoral, el cual no es el de 2006. Esto no se logrará si continúan desde la mal llamada “ala radical”, con una actitud que no sea acorde al momento histórico que se vive, sin autocrítica, ni una lectura de los errores del pasado, porque sus acciones no perjudican únicamente al Gobierno sino a todo un país, y todo esto ante la mirada jocosa de la derecha tradicional.


*       Diplomático.

 

Sea el primero en opinar

Deja un comentario