julio 23, 2024

¿Europa se acerca a abismo? La ultraderecha creció desde la crisis de 2010

Por Isabella Arria *-.


Los comicios europeos sí dejaron una extrema derecha fortalecida. El hartazgo popular, la guerra en Ucrania y el fracaso de la izquierda podrían ser las claves en el auge del movimiento extremista europeo. De por sí, el resultado de las recientes elecciones europeas ha traído pocas sorpresas.

El auge de las extremas derechas era previsible, más todavía allí donde llevan años recorriendo el camino, como en Francia, Alemania o Austria. Hay una derechización global que se confirma con el alineamiento de liberales, conservadores y socialdemócratas en marcos reaccionarios y políticas cada vez más autoritarias.

Europa se asoma al abismo. La derecha y la ultraderecha son mayoritarias en la Unión. El fascismo crece en todo el continente y gana en Francia, Italia, Bélgica, Hungría y Austria, aunque no logra superar a la gran coalición de partidos europeístas: conservadores, socialdemócratas y liberales. Esa no es razón para el alivio, apenas una excusa.

Hay un juego de máscaras: Los conservadores porque son cada vez más reaccionarios, copian sus discursos de odio y agitan el miedo a un socialismo que no es más que socialdemocracia desteñida. Los socialistas no hacen políticas efectivas contra los problemas del desempleo o la vivienda, pero sí hacen políticas migratorias que bien podría firmar la derecha. Y los liberales dan munición a la ultraderecha proteccionista y a la ultraderecha anarcoliberal.

El panorama de los ultras sigue siendo diverso. En Italia y Hungría ya gobiernan con solidez; mientras que, en Francia, Alemania y Países Bajos, figuran entre las dos principales fuerzas políticas y se perfilan con posibilidades de ser las representaciones hegemónicas dentro de naciones pilares para el frente europeo por los próximos años.

El triunfo del Partido Popular Europeo (PPE) y la Alianza de Socialistas y Demócratas (S&D), los ejes de poder tradicional en la Eurocámara desde el primer sufragio continental de 1978, alejó un poco la promocionada imagen de la ‘ola’ de la extrema derecha, pero no eliminó su influencia.

También en un repliegue identitario de una parte de la ciudadanía, a la búsqueda de amparo bajo aquello que ofrece cierta seguridad, ya sea una patria rodeada de alambres o una urbanización con altos muros, analiza Miquel Ramos. Los partidos de extrema derecha han sabido capitalizar el rechazo que en todo el mundo se tiene hacia los políticos ‘de siempre’, aquellos que dan prioridad a las exigencias de capitalismo global frente a las necesidades sociales.

Desde la crisis del euro en 2010, la mayoría de los ciudadanos europeos se siente traicionados por los gobiernos que, obligados a realzar grandes ajustes presupuestales, sacrificaron el gasto social: recortaron las asistencias sociales, debilitaron el Estado de bienestar y rescataron a las principales instituciones financieras afectadas.

La socialdemocracia dejó ser el referente ideológico de la izquierda y esto se hizo evidente con las ‘medidas de emergencia’ que se tomaron a raíz de la crisis económica. Los gobiernos y la propia Comisión Europea priorizaron el recate de bancos y empresas, rescataron a los grandes capitalistas y dejaron desamparada a los trabajadores.

Este nuevo empuje de la extrema derecha implica que tendrá acceso a cientos de miles de euros para invertir en sus batallas culturales, sus artefactos comunicativos y sus redes por todo el continente, entre las cuales hay grupúsculos que actúan con violencia y tratan de recuperar el terreno perdido en una guerra que hace años que llevan librando pero que va mucho más allá de lo que puedan lograr los ultras mediante la política institucional.

Hay quienes tratan de explicar el auge ultraderechista por la supuesta cobardía de la izquierda para tratar ‘el problema’ de la inmigración. Al enmarcar este fenómeno como problema, y no como consecuencia o fenómeno en sí mismo, reproducen el marco que la extrema derecha lleva años tratando de instalar.

Europa ha visto el crecimiento del flujo de personas que buscan entrar en sus fronteras desde 2015. Así, el sentimiento antimigratorio ha sido una de las banderas de la ultraderecha que ha capitalizado el sentimiento nacionalista. Los discursos con respecto a la migración, casi siempre xenófobos y racistas, han conseguido calar en sectores del electorado y se han convertido en motivaciones electorales.

Otra de las razones del avance de la extrema derecha en la Unión Europea se encuentra más allá de los límites del bloque. La guerra en Ucrania ha influido en el electorado, y el apoyo irrestricto y financiamiento al gobierno de Volodomir Zelenski ante la invasión rusa ha provocado ciertas animosidades dentro de algunos sectores, que no ven con tan buenos ojos el profundo involucramiento en un conflicto que, aunque toca al continente, no involucra a ninguno de los 27 Estados del grupo.

Las raíces de la alianza europea

No hay que olvidar los orígenes comerciales de la alianza europea. En 1950, cuando se gesta la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, aparece un núcleo duro de países que quisieron reanimar la industria tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Pero, quizá, el embrión europeo germina en el contexto de la Guerra Fría y bajo los primeros balbuceos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN): paz sí, pero ni tanta, que no es negocio..

Los memoriosos recuerdan que la primera Europa posbélica aún reconocía al fascismo como un enemigo frontal sin tantos matices. Tras la guerra, la naciente Naciones Unidas identificaba un triángulo de terror en la Alemania nazi de Adolfo Hitler, la Italia fascista de Benito Mussolini y el régimen de Francisco Franco en España. Luego llegó Estados Unidos con los Pactos de Madrid y Franco fue rehabilitado..

En los primeros noventa, los ultras eran peligrosos por su querencia euroescéptica y porque ponían en riesgo la viabilidad del Tratado de Maastricht. Después, en los primeros dos mil, los ultras eran peligrosos porque se oponían a la Constitución Europea.

No obstante, el discurso oficial no arremetía directamente contra los neofascistas sino que utilizaba la vieja trampa argumental de los extremos que se tocan. Así, la izquierda era tan nefasta como los xenófobos porque planteaba sus objeciones aunque fuera por los motivos más opuestos, señala Jonathan Martínez en Público.

Si Europa es un proyecto de ambiciones lucrativas, las élites bancarias y corporativas pueden decir que aún se mantiene a flote. Pero si se entiende la unión como un espacio de derechos y libertades, los europeos viven día tras día oliendo el salitre del hundimiento, señala Martínez en La Orquesta del Titanic.


* Periodista chilena residenciada en Europa, analista asociada al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

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