julio 23, 2024

Los cronistas y los incipientes archivos militares de la Colonia

De izquierda a derecha Pedro de la Gasca, Blas Valera

Por Luis Oporto Ordóñez *-.


Con el descubrimiento de Abya Yala aguerridas tropas hispanas lideradas por temerarios capitanes, iletrados algunos (Pizarro), de bastarda (Almagro) e ilustrados, invadieron el territorio del Tawantinsuyo al que llamaron Perú, empezando un proceso de conquista, colonización y sometimiento de los pueblos indígenas. En aquella época no existió ejército regular, sino milicias reclutadas por el mecanismo feudal de la leva o reclutamiento forzoso, para enrolarlas en toda guerra que se les presentó, como fue el caso de Diego de Almagro, quien “preparó su entrada a Chile con acopio de recursos, lo que le permitió hacer levas de gente con abundancia de armas y caballos y una lúcida plana de capitanes”. Las milicias de Gonzalo Pizarro derrotaron al ejército de 30 mil hombres del noble indio Tiorinaceo, en Pocona.

Crónicas y cronistas coloniales

Las crónicas son fuentes primarias construidas con base a testimonios orales (memoria histórica inca) y registros propios de los cronistas, los primeros “en cumplimiento de misión militar”. Josep Bram, en su obra El militarismo incaico, afirma que “la historia del Perú antiguo está basada sobre una clase material que parece más próxima a las notas de campo de un etnógrafo que registros escritos. Los cronistas españoles del siglo XVI, estuvieron en la posición de los antropólogos; observaron los aspectos externos de este Nuevo Mundo, hicieron intentos de aprender el idioma, conseguir explicaciones y evidencias históricas de sus informantes”.

Pedro Cieza de León, célebre cronista soldado; Blas Valera, hijo de un soldado español de la Conquista, fue “uno de los historiadores mejor informados de la civilización inca”; Polo de Ondegardo, jurista y estadista, fue Corregidor de Charcas. Fueron estos los principales cronistas de la Conquista, que tuvieron el mérito de haber recogido registros históricos de boca de los vencidos, que permitieron conocer dos aspectos: las vicisitudes de la cruenta Conquista y los notables adelantos alcanzados por la alta cultura inca, registrados por Amawtas y Quipucamayoc en sus archivos orales y quipus. Los cronistas conocieron el sistema contable de los incas, haciendo la “descripción del quipu y el señalamiento de sus principales funciones”.

Cieza de León “viajó por todo el Perú con el objeto de interrogar a los indios viejos acerca de las antiguas costumbres de los Incas, con lo que reconstruyó los adelantos de la era incaica y describió los hechos de la conquista y las guerras civiles”.

Los cronistas muchas veces tuvieron que memorizar los acontecimientos para escribirlos luego, labor en la que incluso sus vidas fueron amenazadas. Por ejemplo, el temible “Demonio de los Andes”, Francisco de Carvajal, Maestre de Campo y temerario soldado de Gonzalo Pizarro, “amenazó de muerte a toda persona que intentase relatar los hechos que comprometían su intervención, porque entendió que eran más dignos de la ley de olvido que no de memoria ni perpetuidad”, prohibiendo al cronista Agustín de Zárate escribir la historia de sus andanzas, bajo la amenaza de muerte.

En tanto, Pedro de La Gasca, el Pacificador, al mando de un ejército de 700 arcabuceros, 500 piqueros y 400 jinetes capturó a Gonzalo Pizarro y sus capitanes en Jaquijahuana (9 de abril de 1548) y decretó pena de muerte contra 48 de los sediciosos; “tenía la costumbre de documentar sus actos, haciendo escribir ó escribiendo personalmente todas las noches, un diario de lo que había ocurrido en el día”. La Gasca nombró a Cieza de León “cronista de las Indias”, facilitándole los papeles y documentos reservados que tenía en su poder. Cieza escribió con ellos su Crónicas del Perú, así como con todos los documentos anteriores a la Conquista que pudo reunir y todos los papeles oficiales de la Colonia.

El sistema de archivos militares en la Real Ordenanza de 1782

La Corona española implantó archivos institucionales a través de un sólido sistema archivístico conformado por archivos de Cabildos, Regimientos, Audiencias, Hacienda Real, Tribunal de Cuentas, Casa de Contratación y los Consulados. En esa estructura destaca la Junta de Guerra, anexa al Consejo de Indias, que sesionaba dos veces por semana para atender “los negocios y materias de guerra”. Los consejeros de la Junta ocupaban la diestra del presidente del Consejo y conocían los asuntos relacionados a las campañas militares en las colonias, tales como “las provisiones de los oficios y cargos tocantes a la guerra, así de mar, como de tierra, de nuestras indias y se hagan con noticia y conocimiento necesario de las personas más prácticas y suficientes”; así como las solicitudes de privilegios de los soldados, instruyendo que “por la Junta de Guerra de Indias se nos consulten y despachen las gratificaciones de servicios hechos en la guerra en las Indias, y en la carrera de ellas, y en la del Mar del Sur”.

El servicio fedatario sufrió serias transformaciones debido a que se evidenciaron fraudes en los pedidos de privilegios de los soldados, lo que motivó al rey a “mandar, que en las Secretarías no se admitan certificaciones de servicios particulares, sin hauerse tomado la razón de ellas en las Contadurías de el Sueldo de la parte donde se dieren”. La Real Ordenanza para el Establecimiento e Instrucción de Intendentes de Exército y provincia en el Virreynato de Buenos Aires (que se debe ver como un complemento de las Ordenanzas Generales del Ejército del 22 de octubre de 1768), promulgada en 1782, incorporó los gobiernos militares y políticos y corregimientos al régimen de Intendencias, e identificó como los documentos militares más importantes a “las revistas (que) son el principal instrumento que legitima los pagos y suministraciones que se hagan a las tropas oficiales”.

La Real Ordenanza regula la gestión documental en el archivo de la Contaduría Principal, estableciendo el procedimiento para filiación de tropas. En algunos casos, las providencias eran entregadas por el Intendente, por medio de los contadores principales de la provincia y no por los escribanos. Los trámites solían ser engorrosos, pues se remitían copias de los extractos al General del Ejército, al Secretario de Estado y al Despacho del Consejo de Indias. Los militares estaban supeditados a la autoridad del Intendente, quien tenía la obligación de “comunicar a dichos jefes sobre disposiciones en general o particular de la policía y economía de tropas, subsistencia y curación de ellas”.

Muy poca documentación ha quedado en los archivos bolivianos de esos ejércitos de la época colonial. Existen referencias de la documentación militar colonial en la serie Expedientes Gobierno (Grupo Corregimiento, 1548-1782), así como en la serie Expedientes Gobierno (Grupo Intendencia, 1782-1825) y una pequeña serie denominada Ejército (1781-1824), en el Archivo de Histórico de La Paz.


  • Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

 

Sea el primero en opinar

Deja un comentario