julio 14, 2024

A ocho meses del Festival Supernova


Por Julio A. Muriente Pérez * -.


Eran las seis y media de la mañana del sábado 7 de octubre de 2023. Tres mil personas habían pasado la noche disfrutando desenfadadamente en el Festival Supernova/Simiat Tora, desde el día antes. En la madrugada, la fiesta continuaba en todo su apogeo.

Los productores del evento, Nova Productions, habían alquilado un solar ubicado a las afueras del kibutz Reim, fundado en 1949 y bautizado así en memoria de los judíos que murieron en la guerra de 1948, tras la partición de Palestina por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la fundación del Estado de Israel.

La explanada festivalera se ubica a apenas cinco kilómetros de la barrera que separa Gaza e Israel, en el desierto occidental de Neguev.

¿Eran conscientes los organizadores del festival y los miles de asistentes de que festejaban en una zona de guerra altísimamente peligrosa? ¿Sabían que estaban exponiendo su seguridad y sus vidas? ¿Les habían indicado que allí los enfrentamientos armados entre las fuerzas sionistas y el pueblo de Gaza eran la orden del día? ¿Tenían alguna noción de que aquella tierra había sido ocupada ilegalmente, a sangre y fuego? ¿Conocían de la pobreza, desesperación y violencia a la que eran sometidos millones de personas a escasos kilómetros del jolgorio, en una franja invivible de menos de 400 km²? ¿O se sentían en otro planeta, en una supernova en la que todo era alegría, música, seguridad?

¿Por qué las autoridades sionistas consintieron en que esa multitud se reuniera en aquel lugar? ¿No era evidente que constituía una flagrante provocación, una invitación a la exacerbación de resentimientos y odios ancestrales, a la violencia y la muerte?

Esta fue una situación calculada y premeditada.

En su obsesión hegemónica y guerrerista, el gobierno de Israel ha querido proyectar una imagen de absoluto control y estabilidad, sobre todo en los territorios robados al pueblo palestino.

A quien primero han manipulado los sionistas ha sido a la propia población israelita. “No hay nada de qué preocuparse”, insistían. “Contamos con uno de los ejércitos más poderosos del planeta”, aseguraban. “El domo-escudo de hierro y el muro que aísla a los subhumanos terroristas de Gaza nos garantiza absoluta tranquilidad”, argumentaban con ostentación racista.

Ha sido el propio gobierno sionista el que ha estimulado la celebración de festivales como el de hace ocho meses en Reim, en abierto desafío y como muestra inequívoca de su pretendida omnipotencia.

Esas tres mil personas fueron utilizadas para proyectar una estabilidad y paz inexistentes. Fueron víctimas del estado de guerra permanente promovido por los sionistas y sus aliados internacionales. El sionismo las llevó al matadero de Reim, consciente del riesgo que corrían en aquella zona. ¡A cinco kilómetros del campo de concentración al aire libre más grande del mundo!

Esa noche de octubre la música estruendosa penetraba en las viviendas apiñadas de Gaza. Sus empobrecidos habitantes imaginaban cómo estarían gozando al otro lado de la verja, mientras ellos languidecían. El resentimiento de décadas afloraba en los corazones y espíritus de tanta gente maltratada.

Lo sucedido el 7 de octubre no sorprendió a Netanyahu ni a las organizaciones fundamentalistas que le respaldan. Lo anticipaban, calculadamente. Luego, han respondido al terrorismo inevitable de Hamas con el peor de los terrorismos, que es el terrorismo de Estado.

Casi 40 mil seres humanos, muchos de ellos niños, mujeres y ancianos, indefensos y desarmados, han sido masacrados en Gaza, en un criminal acto de venganza que aplauden y subsidian Washington, Londres, París, Bonn y Roma. Ante el espanto de muchos y la indiferencia de otros.

Es la impunidad de la barbarie, el afán de hacer desaparecer un pueblo, de borrarlo del mapa. El desprecio al Derecho Internacional. La supremacía de las bombas.

Es el genocidio. Es el espanto. Es la enfermiza satisfacción con el exterminio.

Es una historia que comenzó mucho antes del 7 de octubre. Y que no termina.


*      Copresidente Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico y candidato a Representante.

 

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