Por Soledad Buendía Herdoíza * -.
Cada 24 de julio se conmemora el natalicio de Simón Bolívar, figura clave en la emancipación de América del Sur y en la simbólicamente poderosa Gran Colombia. Sin embargo, la narrativa histórica tradicional ha marginado el papel que desempeñaron muchas mujeres en la lucha independentista, reduciendo su participación a figuras secundarias. Una de las más notables y transgresoras fue Manuela Sáenz Aizpuru, patriota quiteña y compañera de lucha de Bolívar. Hoy propongo una lectura crítica y con enfoque de género de la gesta libertaria, resaltando el rol estratégico de Manuela Sáenz en la independencia y la necesidad de una historiografía más inclusiva.
Simón Bolívar (1783-1830) nació en Caracas y se convirtió en uno de los principales líderes de las guerras de independencia contra el Imperio español. Inspirado por las ideas ilustradas y los procesos revolucionarios de su tiempo, luchó por una América unida, soberana y libre de colonialismo. Entre sus mayores logros destacan la liberación de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y la creación de la Gran Colombia (1819-1831), una confederación política que buscaba la integración continental.
Su proyecto de unidad fracasó, entre otras razones, por las tensiones regionales, la debilidad institucional y la oposición de las élites criollas locales. A pesar de ello, Bolívar dejó un legado político y filosófico de profunda influencia en los movimientos progresistas latinoamericanos.
A lo largo de la Historia las mujeres que participaron activamente en los procesos de independencia han sido sistemáticamente invisibilizadas o recordadas desde roles estereotipados de esposas, amantes, enfermeras o mártires. Esta visión patriarcal ha borrado sus contribuciones políticas, estratégicas y militares.
Hoy buscamos desmontar esta visión androcéntrica al reconocer que las mujeres fueron sujetos históricos con agencia política. Manuela Sáenz es un ejemplo paradigmático de esta exclusión y de la resistencia a la subordinación.
Manuela Sáenz Aizpuru (1797-1856) fue una mujer criolla nacida en Quito, de fuerte carácter, educación ilustrada y férrea convicción revolucionaria. Participó activamente en la causa independentista como espía, estratega, enfermera, mensajera y organizadora. Su papel fue fundamental no solo en la protección personal de Bolívar, como en el célebre episodio de 1828 cuando evitó su asesinato, sino en el mantenimiento de redes de inteligencia y propaganda patriota.
Redactó cartas, gestionó recursos, organizó conspiraciones y enfrentó la persecución política y el exilio. Su correspondencia con Bolívar revela una relación de igualdad política e intelectual, muy alejada del imaginario romántico que la reduce a “la amante”.
La historiadora feminista Catherine Davies ha señalado que Manuela Sáenz fue una figura “radicalmente moderna”, que desafió los límites de género en una época donde la ciudadanía estaba reservada a los hombres. La llamaron “Libertadora del Libertador”, pero en realidad fue libertadora por derecho propio.
Manuela no solo compartió la visión de Bolívar sobre la unidad americana, sino que la defendió con pasión. Durante la creación de la Gran Colombia trabajó como interlocutora entre facciones y facilitadora de alianzas. Tras la disolución de este proyecto, también fue perseguida y desterrada. Su rol demuestra que la participación femenina en la política y en los procesos constituyentes fue real y activa, aunque posteriormente eliminada del relato oficial. Las mujeres no solo lucharon por la independencia política, sino también por una emancipación social que aún está en construcción.
Conmemorar el natalicio de Simón Bolívar es una oportunidad para revisar críticamente los relatos históricos y reconocer la participación de las mujeres como agentes políticos. La figura de Manuela Sáenz debe resignificarse desde un enfoque que no la subordine a Bolívar, sino que la reconozca como líder revolucionaria transgresora de normas y constructora de ciudadanía.
En una América Latina todavía atravesada por desigualdades es urgente recuperar la memoria de mujeres como Manuela Sáenz no como “acompañantes” de héroes, sino como protagonistas de la Historia. Solo así se construirá una memoria colectiva que haga justicia a las luchas silenciadas.
* Escritora

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