agosto 1, 2026

Manuela Saénz: la libertadora


Por Soledad Buendía Herdoíza * -.


«Las mujeres que desobedecen el mandato patriarcal son castigadas con el olvido. La historia oficial las borra porque su sola existencia cuestiona el orden social». Marcela Lagarde

La historia de la independencia latinoamericana está hecha de silencios. Entre ellos, el silenciamiento de la figura de Manuela Sáenz, quien actuó como militante política, estratega militar, diplomática y teórica práctica del proyecto bolivariano. Su presencia desafió los órdenes coloniales y el orden patriarcal que negaba a las mujeres el derecho a la ciudadanía, a la participación política y al ejercicio de la autoridad. Su figura debe ubicarse como sujeto histórico con poder de decisión, con pensamiento político propio, y como una de las mujeres más importantes de la insurgencia latinoamericana.

A lo largo del siglo XIX y buena parte del XX, el canon historiográfico reprodujo un modelo de heroicidad masculina: próceres, generales, congresistas, diplomáticos. Las mujeres fueron mencionadas, si acaso, como “heroínas domésticas”, “madres de la patria” o “amantes célebres”. La vida de Manuela Sáenz fue literalmente reducida a su vínculo amoroso con el Libertador, con el propósito de encubrir su intervención política.

Sin embargo, se ha mostrado que ella actuó desde un lugar político de enorme complejidad: fue una mujer que penetró en los espacios de alto riesgo político-militar, y que intervino en decisiones cuyo impacto transformó el rumbo de la emancipación continental. Ella operó dentro de la estructura de la guerra insurgente en al menos tres niveles. Un primer nivel de inteligencia y contrainteligencia militar. Participó en la recopilación, análisis y transmisión de información decisiva para la seguridad del proyecto bolivariano. Así lo demuestran sus cartas, sus intervenciones en los cuarteles y su actuación en momentos críticos como el Atentado Septembrino de 1828, donde sostuvo el control de la situación mientras Bolívar escapaba por los techos del Palacio de San Carlos. Esta actuación representa la ruptura de la división sexual del trabajo bélico, que históricamente relegó a las mujeres a roles de cuidado o logística. Manuela ocupó el espacio de decisión estratégica, lectura táctica y ejecución directa.

En un segundo nivel su correspondencia revela que no fue una espectadora, sino una participante activa en discusiones sobre la Constitución de Bolivia (1826), el Congreso Anfictiónico de Panamá y la crisis de la Gran Colombia. Operó como negociadora entre líderes militares, facciones políticas y civiles, ejerciendo influencia en nombramientos, alianzas y advertencias estratégicas.

En un tercer nivel fue crucial en la construcción simbólica del proyecto bolivariano, Sáenz comprendió que una revolución necesita símbolos. Encarnó un tipo de mujer pública que desafió la estructura colonial, apropiándose del uniforme, del caballo, de la autoridad y de la palabra política. Esta construcción simbólica es esencial para entender su impacto ideológico.

Aunque Manuela no utilizó categorías actuales como “patriarcado” o “construcción de género”, muchas de sus acciones pueden leerse con lentes feministas contemporáneos. Ejerció autonomía afectiva, económica y política, rompiendo con el matrimonio impuesto; rechazó la obediencia femenina y se situó como “mujer pública”, categoría que el orden colonial prohibía. Enfrentó la violencia institucional, desde el desprestigio social hasta el exilio, formas de castigo propias del disciplinamiento patriarcal hacia mujeres disidentes.

Fue consciente del intento historiográfico de borrarla y escribió para evitarlo: “ai yo no escribo, nadie lo hará por mí”, es por eso que hoy busco dar lenguaje analítico a su resistencia histórica.

Tras la disolución de la Gran Colombia el nuevo orden republicano –profundamente conservador y patriarcal- no tuvo lugar para mujeres que habían actuado como ciudadanas plenas. El exilio, su pobreza, su muerte olvidada en Paita y la destrucción intencional de parte de sus cartas constituyen un acto político: el patriarcado republicano quiso borrar lo que la revolución había permitido.

La recuperación historiográfica de Sáenz constituye uno de los ejemplos más significativos de cómo el feminismo ha contribuido a desmontar narrativas patriarcales en torno a la independencia latinoamericana. Hoy Manuela se ha convertido en símbolo de la participación política de las mujeres, antecedente temprano de la ciudadanía femenina, ejemplo de insubordinación, pensamiento propio y compromiso revolucionario y referente para los feminismos latinoamericanos en la reconstrucción de genealogías históricas de mujeres políticas.

Su figura contemporánea ya no es la del personaje romántico, sino la de estratega, intelectual práctica y mujer insurgente cuya vida obliga a reescribir la historia de la independencia.


*       Escritora

 

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