agosto 26, 2026

El pueblo boliviano nunca tuvo tanto que perder

La historia económica de Bolivia nos enseña una lección fundamental vinculada a la dependencia de materias primas y periodos de bonanzas, a menudo dolorosa: la inmensa riqueza generada por nuestros recursos naturales no siempre beneficia al pueblo. A lo largo del siglo XX, las bonanzas solo sirvieron para enriquecer a élites, con una única y contundente excepción en nuestra historia reciente: el Proceso de Cambio y su Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP) fue el único modelo que distribuyó la riqueza generada e hizo que se quedara en el país.

La Rosca Minera y la opulencia de unos pocos

A principios del siglo pasado, el estaño se convirtió en el motor de nuestra economía, pero esa riqueza no llegó a la población. Fue concentrada por tres figuras en la llamada Rosca Minera, de las cuales la más célebre, Simón I. Patiño, llegó a ser considerado uno de los cinco hombres más ricos del mundo, con una fortuna de $3,000 millones de dólares. Mientras él acumulaba esta desorbitante riqueza, la mayoría de los bolivianos vivían en la pobreza. La cifra más vergonzosa de esa época es que la gran minería pagaba una tasa impositiva ridículamente baja, apenas el 7.7% del valor de su producción. Esta disparidad no fue casualidad; fue un factor determinante que encendió la chispa de la Revolución Nacional de 1952.

Las dictaduras y el «milagro» de la deuda

En las décadas de los 60 y 70, otra bonanza de materias primas y crédito barato sirvió para concentrar la riqueza en otros bolsillos. Durante la dictadura de Hugo Banzer, la deuda externa de Bolivia se disparó de $465 millones en 1971 a $1,799 millones en 1978, un crecimiento descontrolado de más del 280%. El dinero no se invirtió en la gente, sino en proyectos que no beneficiaron a la mayoría. Los créditos del Estado terminaron favoreciendo a un sector específico de la agroindustria en Santa Cruz, absorbiendo el 44% de los préstamos del Banco Agrícola Boliviano entre 1955 y 1983. Al final, las deudas de los grandes productores no fueron pagadas, y el Estado terminó absorbiendo las pérdidas, es importante señalar que más del 90% de la mora se concentraba en Santa Cruz. Esto fue un claro mecanismo de «socialización» de las deudas, donde el pueblo pagó por los privilegios de unos pocos.

La noche neoliberal

El neoliberalismo prometió crecimiento y prosperidad, pero nos dejó en la oscuridad. A finales de los 90, la pobreza nacional afectaba al 63.5% de la población, alcanzando un trágico 86% en las zonas rurales en 1999. El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, alcanzó un pico de 0.60 en 2005, el más alto registrado en nuestra historia. La brecha de ingresos era tan abismal que el 10% más rico de la población ganaba 128 veces más que el 10% más pobre.

El modelo, impuesto en parte por las políticas de ajuste estructural del FMI, se centró en la privatización y no en la gente. La afirmación de que los recursos públicos fueron transferidos a las élites no es una simple acusación, sino un hecho corroborado por la evidencia de cómo el Estado tuvo que asumir los costos de las quiebras bancarias.

El único modelo que distribuyó la riqueza

Solo con el MESCP se logró un milagro económico y social: una reducción histórica de la pobreza y la desigualdad. El auge en los precios de las materias primas, sumado a la nacionalización y una inversión pública sin precedentes, permitió que el Estado recuperara el control de sus recursos y distribuyera la riqueza.

La pobreza moderada cayó del 60.6% en 2005 al 36.5% en 2023. La pobreza extrema se redujo del 38.2% al 11.9% en el mismo período. El coeficiente de Gini descendió drásticamente a 0.43, y la brecha de ingresos entre el decil más rico y el más pobre se contrajo a solo 21 veces. Gracias a la nacionalización, el Estado capturó una «renta petrolera» de más de $50,000 millones de dólares desde 2006, dinero que se tradujo en una inversión pública que cuadruplicó el monto del período neoliberal. Además, el salario mínimo se disparó, pasando de Bs440 en 2005 a Bs2,750 en 2025.

La paradoja a superar

Si bien el proceso de industrialización ya se ha iniciado, es un camino que tomó décadas en otros países, y la división interna en las fuerzas de izquierda ha impedido superar muchas dificultades en estos años. Es posible que, por estas mismas dificultades, el pueblo esté molesto con la coyuntura, sin embargo, es fundamental que consideremos las lecciones históricas. El MESCP fue el único periodo que permitió que la riqueza generada se quedara en el país y llegara a la gente en mayor medida que en cualquier otro momento de la historia boliviana, permitiendo el inicio del anhelado proceso de industrialización que el país necesita que continúe para superar la dependencia histórica de las materias primas.

Es crucial recordar esto al momento de votar. La amenaza neoliberal, si recupera el poder, volverá a hacer lo que hizo durante los 20 años de «noche neoliberal». Por primera vez en nuestra historia, el pueblo boliviano tiene mucho más que perder. Lo que está en juego no es solo un modelo económico, sino los logros concretos que nos permitieron dejar de ser una nación de élites para ser un país que avanza hacia la equidad. Al votar, debemos recordar la memoria histórica y no dejarnos llevar por lo coyuntural.


  • Por Edmundo Juan Nogales Arancibia

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