septiembre 19, 2026

Los cambios visibles en el cuadro de posesión de Paz


Por La Época -.


Rodrigo Paz acaba de ser posesionado como el presidente 68 de Bolivia, antes República y ahora Estado Plurinacional. Lo hizo ayer en medio de un clima lluvioso y de frío intenso en la ciudad sede de gobierno, y con la compañía de representantes del nuevo bloque en el poder, además de algunos presidentes y de enviados especiales de otros gobiernos. Por ahí caminaba el presidente Milei y el subsecretario para el Hemisferio de los Estados Unidos.

Dentro de lo previsible se podía observar un cuadro en el que sobresalían figuras de quienes ocuparon un lugar secundario en la política del Proceso de Cambio, aunque no por ello sin un poder económico cuya estructura no fue cambiada radicalmente en los 20 años, sino que, por el contrario, se beneficiaron tanto en los momentos de estabilidad como en los momentos de crisis. Ahí están los representantes de la burguesía hegemónica: la agroindustria, la banca y la minería.

No podía faltar en el cuadro los rostros alegres de intelectuales, escribidores, periodistas y comentaristas que forman parte de las fracciones de la burguesía y pequeña burguesía en el bloque en el poder. Estamos hablando de personajes que no son del núcleo hegemónico, pero que desempeñan el papel de clase-apoyo o clase-mantenedora, y algunos incluso de la clase reinante que se desplazará en la escena. La verdad que se sienten más cómodos “hablando con los suyos”.

Atrás quedó el cuadro que sintetizaba hasta hace unos días el carácter diverso y plural de la formación social boliviana. Es el momento del predominio de los trajes oscuros. Las polleras, los ponchos, los cascos y el uniforme de trabajo de los que no tienen otra mercancía que vender que no sea su fuerza de trabajo saldrán de la escena política, de los espacios de influencia y de todo cuanto lugar representativo del ejercicio del poder. Atrás quedó la Plaza Murillo rebasada de lo plurinacional.

Eso no es del todo malo, pues también no es posible negar que los centros institucionales del poder político del Estado le cambiaron su forma de ser a dirigentes sociales y políticos, quienes, sin quizá saberlo, reprodujeron prácticas políticas de una clase que no es la suya. No haber cambiado a plenitud el Estado jugó en contra y el papel enajenante de las instituciones estatales transformó a los que tenían la misión de transformar el Estado y la sociedad.

Las clases dominantes ya tienen su gobierno. Ahora el desafío de Paz es mostrar que sin separarse de los intereses de clase que representa pondrá en marcha medidas que no perjudiquen a las inmensas mayorías sociales. Es poco probable que a la larga eso vaya a suceder, independientemente de sus deseos. Sin embargo, con un tono más coloquial habrá que decir que la coyuntura, con una izquierda autoderrotada, le da el beneficio de la duda.

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