Entre viernes y sábado, en Buenos Aires, se reunirá la cumbre que aglutina a los 20 países más ricos del mundo. El Producto Interno Bruto combinado de estos 20 países alcanza el 86% del PIB mundial.
El cónclave se produce en un momento en el que el presidente de Argentina, Mauricio Macri, necesita un respiro en su imagen internacional, pues las medidas neoliberales de shock económico han dejado un país empobrecido y con mayor desigualdad. Tan sólo el número de indigentes se ha incrementado en un 30% en el último año, y 7.200 de estas personas sin techo han sido obligadas a abandonar la ciudad para “limpiarla” de pobres ante los miles de periodistas internacionales que llegan para cubrir la cita.
El excéntrico personaje que dirige Estados Unidos ya se ha convertido en protagonista de la primera jornada del G20 por sus desplantes al mandatario Macri o su negativa a sostener la bilateral programada con el gobernante ruso, Vladímir Putin.
El foco de atención está puesto en la guerra comercial impulsada por Trump contra China, mediante un aumento de los aranceles a los productos de importación de ese país por valor de 34.000 millones de dólares, y pretende en 2019 subir los aranceles un 25% para bienes importados por valor de 200.000 millones de dólares. A estas medidas China está aplicando otras recíprocas, por lo que la guerra comercial se encuentra en un punto álgido.
Se prevé una reunión bilateral entre Trump y Xi Jinping para intentar alcanzar un acuerdo económico-comercial. China ya ha llamado a esforzarse por defender el libre comercio internacional y el sistema comercial multilateral.
Mientras tanto, el líder de otra de las potencias del nuevo mundo multipolar, Putin, ha hecho un llamado contra las medidas proteccionistas, pero también contra la costumbre estadounidense de imponer sanciones unilaterales, en clara alusión a las recibidas por Rusia debido al conflicto en Ucrania, o contra Irán por su programa de investigación y desarrollo nuclear.
Pero más allá de los temas subyacentes en esta Cumbre del G20, y tal y como señaló el presidente Evo morales antes de partir a otro país del G20, México, para participar de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, es necesario colocar en el centro del debate del G20 las acciones unilaterales de Estados Unidos que debilitan el sistema multilateral, alejándose del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, del Pacto Global sobre Migraciones, del Consejo de Derechos Humanos, o del Acuerdo Nuclear con Irán.
Y, sobre todo, los países más ricos del mundo deben debatir cuáles son las causas estructurales de la pobreza en el mundo, derivadas de un capitalismo en crisis que sólo genera pobreza, desigualdad y destrucción de la Madre Tierra. La pobreza en el mundo no es por falta de recursos, sino por una mala distribución y concentración de los mismos en cada vez menos manos.
Esto además genera una destrucción de nuestro planeta e impulsa el cambio climático, del que todos los países tenemos que hacernos cargo, pero con responsabilidades diferenciadas. No es lo mismo la destrucción que los países más ricos provocan para seguir concentrando la riqueza en pocas manos, que la necesidad que tienen los países del sur de desarrollarse y sacar a su población de la pobreza.
El futuro de la humanidad, de nuestros pueblos y de la Madre Tierra está en juego.

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