agosto 25, 2026

Indígenas de ayer y de hoy: TIPNIS vs 24 de mayo

por: Rafael Artigas

Definitivamente el conflicto del TIPNIS por lo ocurrido en Chaparina hace un par de años, puso al desnudo la evidente confrontación del movimiento indígena con su propia clase y, al paso del tiempo, se están revelando las verdaderas intenciones que tuvieron en sus representantes sobretodo de tierras bajas.

Es tiempo de poner los puntos sobre las íes porque el manoseo político del que fueron y son objeto líderes, representantes de campesinos, indígenas del TIPNIS, muy bien asesorados por algunas ONGs y respaldados por los emporios mediáticos, tiene un sólo fin: la utilización de éstos para intereses político- empresariales.

Pongamos frente a frente dos hechos que, en la misma dimensión del impacto social, tuvo o no la misma repercusión esperada, por un lado, el caso del 24 de mayo de 2008, cuando fueron ultrajados, humillados y rebajados en su condición de seres humanos, más de un centenar de campesinos de Chuquisaca.

Y en la última marcha indígena de 2011, que a su paso por la localidad de Chaparina, algunos representantes de la dirigencia del TIPNIS, son torturados y detenidos elevando el furor y rabia de los indígenas, por la forma cómo fueron mellados sus derechos, eso nadie puede ocultar.

Más temprano que tarde se conocieron los efectos de ambos conflictos. Por un lado, las dirigencias cívicas de Chuquisaca, trataron de tapar al máximo los sucesos de aquella crueldad con muestras del racismo más despiadado a centenares de campesinos que, hasta ahora, evidencian las secuelas de los traumas que les llevó la odiosa exclusión a su condición humana.

Por el otro, la dirigencia del TIPNIS que en el mismo desarrollo de la marcha, se desmarcaron del propósito inicial y algunos dirigentes como Adolfo Chávez, posteriormente Pedro Nuni y Justa Cabrera, traicionaron a su propio movimiento, aliándose con quienes en el pasado fueron sus verdugos: Rubén Costas y Ernesto Suárez respectivamente.

Es ahí donde hay que apuntar con el dedo, la intencionalidad no estaba en la lucha por esa demanda, sino el hacer causa por los dirigentes como Chávez que venía con el antecedente de ser removido por otra dirigencia en la CIDOB y apuntar cargos importantes en la gobernación de Santa Cruz.

Adolfo Chávez en la mayoría de sus discursos en los medios, ya no hablaba de pedir la anulación de la Ley 222, sino que cambió radicalmente su posición hasta pedir la renuncia del primer mandatario. En esa misma línea se apuntan los otros dirigentes como Fernando Vargas y Bertha Bejarano.

Volviendo al caso de los afectados por temas de racismo, habrá que decir que, la dirigencia de los campesinos en Chuquisaca, en ningún momento hizo bandera de ese suceso para ocupar espacios de poder, todo lo contrario, el repliegue de su dirigencia por la discriminación que fueron objeto, les llevó a mantenerse en la clandestinidad ante intentos de los acusados de atentar a su propia vida.

Estos aspectos estuvieron minimizados por los mismos medios privados, tanto en Sucre como en el interior. Entonces las diferencias son abismales, si de maltrato, discriminación y exclusión social podemos hablar de ambos sectores, notoriamente encontramos un claro posicionamiento del discurso mediático a favor del TIPNIS y a más de cinco años del acto humillante, los acusados se sienten víctimas y buscan dilatar el proceso.

Los medios privados en el conflicto

Las coberturas a la marcha de los TIPNIS de octubre de 2011 y de junio de 2012, nos han revelado las tendencias y las intencionalidades políticas que tienen los medios privados de comunicación. Tras un balance cuidadoso, reflejamos que se evidenciaron fuertes intereses económico-políticos en medio de ese conflicto sobre todo de los medios privados de comunicación en Bolivia.

Es de verificar cuidadosamente el rol que jugaron los medios privados, la exclusividad de sus notas periodísticas, el manejo de los temas con vinculaciones directas de los periodistas con los dirigentes de la marcha y la gran disposición técnica, logística con todo su arsenal para “atender” las demandas informativas de los pueblos indígenas no fue tan casual.

Manipulación informativa

Diversos observatorios de medios revelaron que sí hubo manipulación informativa de los medios privados durante ese conflicto. El doctor en política José Luís Exeni, en su libro Mediamorfosis, realizó una caracterización de la transición de los medios de información masiva del conflicto del TIPNIS y afirmó que en ello “se desnudó el perfil de algunos medios privados que “ocultaron mostrando”, desinformaron en franca vulneración de la Ley de Leyes y del Código de Ética de la prensa, inflamaron el conflicto y se transformaron en verdaderos actores político-empresariales”.

Exeni dijo que los medios privados “realizaron una espectacular cobertura periodística: reportajes, noticias, comentarios, intervención de opinadores, reacciones, despachos en directo. Al menos unos 40 informadores fueron desplazados al lugar”.

Especialmente la televisión apuntó sus mensajes al corazón, al sentimiento de la audiencia antes que al razonamiento. Su objetivo era conmover al público y, al parecer, mostrar un gobierno indígena insensible enfrentado a indígenas. En esa línea, los canales mostraron con prioridad a niños y mujeres embarazadas en situación de penuria.

Sin embargo, el complejo mediático minimizó u ocultó la trascendencia de nueve comisiones de ministros que buscaron el diálogo con los indígenas, las esperas presidenciales destinadas a conversar, los pedidos para consultas sobre la carretera o las amenazas indígenas con sus flechas a los policías.

Por otro lado, tras el violento operativo policial que terminó en excesos y vulneración de los derechos humanos de los marchistas, varios medios privados recurrieron a la mentira. Un periódico paceño abrió su edición con el siguiente titular: “Muere un bebé en violenta represión contra indígenas”. Algunas agencias noticiosas y radios se refirieron a la existencia (falsa) de varios adultos muertos y desaparecidos.

Con esas falacias, esos medios vulneraron los principios de “veracidad y responsabilidad” establecidos en la Ley Fundamental (artículo 107, inciso II). Tras esas informaciones no verdaderas se realizaron manifestaciones en varias urbes, con ataúdes blancos (en alusión a las supuestas muertes), se habló de “asesinato”. Aún hoy algunas personas siguen creyendo que hubo víctimas mortales en la intervención policial.

Pese a ello, los medios no aclararon en similar espacio o tiempo lo que habían desinformado. Al no hacer esa aclaración fueron contra el artículo 9 del Código de Ética de la Confederación de Trabajadores de la Prensa, que indica que “los periodistas rectificarán espontáneamente e inmediatamente las informaciones inexactas o erróneas y concederán el derecho de réplica y rectificación a toda persona que lo solicite”.

Por lo expuesto, se puede concluir que varios integrantes del complejo mediático privado —que incluye especialmente a los propietarios de dichos medios—, en el conflicto del TIPNIS, se visibilizaron como verdaderos actores políticos.

Pero también esta claro que esos grandes conglomerados de medios privados, ese “trabajito” no lo hicieron a título de plena identificación con la causa del TIPNIS, su respaldo vino también de las ONGs que en directa relación con los medios recibieron su buena bonificación.

Esta es la verdadera esencia del poder mediático, fabricar hechos o “personajes” y/o manipular información. Hasta ahora dos medios paceños agitan fuertemente las intencionalidades que subyacen el tema del TIPNIS, muy ligados, como lo dijimos, obviamente a intereses empresariales que, tarde o temprano, lo conoceremos.

Es bueno refrescar la memoria y conocer que en Bolivia la propiedad de los medios está concentrada en manos privadas (85%). Hay multiplicidad de medios, pero las reglas de juego, el rayado de cancha de la competencia comunicacional, lo marca el modelo empresarial comercial, nos señala Adalid Contreras, en su libro “De medios y enteros”, CEDLA, 2005.

Y para finalizar, seguimos comprobando el absurdo más ridículo, para estos dirigentes, para sus apologistas de los medios y de los tigres de papel que los acunan maternalmente a esos “angelitos” de tierras bajas, que no son otra cosa que los nuevos vivillos que usufructuaron el apelativo de indígena y ahora se esconden en su territorio, haciendo ver que están siendo “perseguidos”.


*    Rafael Artigas es comunicador e investigador orureño.

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