| “Marie de Marcis estuvo a punto de morir en la hoguera. Fue bautizada con nombre de mujer y creció hasta lo que parecía un estado adulto normal en un pueblo cercano a Ruán. Sus señores testificaron que tenía períodos regulares y el testimonio médico en su proceso confirmó que, en efecto, había pertenecido a tal género desde su nacimiento. Pero se enamoró de la sirvienta con la que compartía la cama, lo que le reveló que tenía pene y, por tanto, era hombre. Ambos deseaban casarse. En lugar de ser reconocida como hombre después de que le creciera el pene, fue juzgada por sodomía y declarada culpable. Bajo la presión del juicio no pudo mostrar el órgano en la debida forma. Cuando el Dr. Duval entró en escena encontró el miembro perdido penetrando en la vulva y probó que no se trataba del clítoris porque, después de frotarlo, obtuvo una eyaculación de espeso semen masculino. Su intervención salvó a Marie de la hoguera […], sin que se le reconociera de momento el nuevo género. El tribunal ordenó que continuara vistiendo ropas de mujer hasta los 25 años y que se abstuviera de mantener relaciones sexuales con ningún sexo en tanto continuara su vida de mujer”. [Thomas Laqueur, 1994]. |
| Este tipo de relatos es frecuente a lo largo de la historia. Muestra cómo los asuntos vinculados con la intersexualidad desde tiempos remotos han estado marcados por la controversia. La presencia de cualquier forma de ambigüedad sexual, en los humanos, ha motivado siempre sentimientos de burla, pena, miedo y rechazo a causa del malestar y la confusión, no siempre consciente, que provoca. En la antigüedad, muchos intersexuados fueron quemados en la hoguera, acusados de ser enviados del diablo, poseídos, hechizados… En Grecia y Roma, los intersex fueron asediados al nacer o al descubrirse su condición. Durante la Edad Media y el Renacimiento, el hermafroditismo estuvo reconocido en los códigos civiles y canónicos; más tarde se convirtió en motivo de intereses morbosos en las refinadas cortes francesas e italianas, para finalmente, quedar como fenómenos de exhibición en circos. La determinación del sexo biológico en el Renacimiento, era de gran importancia porque tenía consecuencias sociales, pues la pertenencia a uno u otro sexo confería al individuo cierto lugar en el orden social y con ello, ciertas consideraciones sociales. En la época actual, las personas con ambigüedad sexual, como el bebé nacido en El Alto, ya no son percibidas como «monstruos peligrosos»; sin embargo, debido a mitos y leyendas que habitan el imaginario social de los bolivianos, aún son percibidos como «fenómenos» y motivan curiosidad, confusión y hasta cierto rechazo. Y pese a los adelantos de la ciencia y la revolución cultural de nuestra sociedad, los intersex aún, suelen ser víctimas de la invisibilización y de la estigmatización social. Para contrarrestar este tipo de actitudes discriminadoras y estigmatizadoras, típicas de sociedades conservadoras y poco respetuosas de la diferencia, en Bolivia, estamos enfrentando un proceso de cambio, que tiene como punta de lanza dos grandes y complejos ejes que son: la descolonización y la despatriarcalización, sin embargo, no ha sido fácil lograr una apertura hacia la reflexión de temas como sexo-género-sexualidad, por fuera de la camisa de fuerza que tejen la heterosexualidad obligatoria y el dimorfismo sexual hembra/macho, como únicas opciones “naturales” que garantizan la reproducción de la especie. Aquello que no entra naturalmente en el dimorfismo sexual no se tolera, y se mutila un pene demasiado pequeño para ser aceptable, transformando al niño en niña, se corta un clítoris demasiado largo para ser aceptable, transformándolo en insensible, se abren y ensanchan vaginas o se construyen con otros tejidos a fin de permitir la penetración, se extirpan gónadas que no pueden convivir con la anatomía externa, todo por la futura “felicidad” de un bebé que así podrá mostrar su sexo sin avergonzarse. (Kessler, 1998; Dreger, 1998 y 1999) En los últimos años, se ha gestado un movimiento sociopolítico en el mundo, que ha favorecido la expresión de múltiples grupos humanos mal llamados “minorías sexuales” y, se aprecia cada vez más un mayor reconocimiento de un amplio rango de expresiones de la identidad. En el contexto específico de la intersexualidad, ha surgido un “movimiento político destinado a cambiar la ideología médica y detener las cirugías infantiles. A diferencia de los médicos, para quienes ser intersexual es un defecto de nacimiento quirúrgicamente corregible, intersexual es para ellos una identidad, incluso si la marca original ha sido quirúrgicamente eliminada”. (Diana Maffia y Mauro Cabral: “Los sexos ¿son o se hacen?”) ¡No, a la reasignación quirúrgica del bebé intersex nacido en El Alto! |

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