El título refleja una contradicción aparente entre modernidad y tradición como si se tratara de dos matrices diferentes y hasta antagónicas de comprensión de las sociedades.
La modernidad es la expresión del desarrollo e instauración hegemónica del capitalismo que no sólo implica la dominación desde la economía sino que también implica un bloque cultural que se impone.
La tradición y lo arcaico, es entendido como la pervivencia de pautas, formas y comportamientos de orden social, económico y cultural de sociedades “atrasadas”, de capitalismo tardío, donde la modernidad capitalista, convive con formas precapitalistas y muchas veces de orden colonial, que no lograron ser subsumidas al modelo económico capitalista dominante, por la potencia colectiva del tejido social que las constituyen.
La modernidad alude a una visión universal, la tradición a su vez alude a una visión local.
El concepto de formación económica y social, desarrollado por los materialistas históricos, supera esta dicotomía y resulta clave para comprender que la realidad es diversa y se expresa a través de una multiplicidad de formas, develando que conceptualizaciones como “lo moderno y lo arcaico” que expresarían sociedades antagónicas y diferentes, en la realidad se diluyen al materializarse en situaciones concretas, históricas y con relaciones de complementación.
René Zavaleta Mercado señalaba que la realidad boliviana es abigarrada, exponiendo justamente ese carácter mistureado de relaciones existentes al interior de la formación económica y social boliviana. Especialmente en el bloque cultural, una sociedad abigarrada como la nuestra, produce ese tipo de “choques culturales” que expresan las dinámicas de las estructuras económicas y las superestructuras culturales e ideológicas.
Es evidente que el Halloween no corresponde a nuestras tradiciones culturales; dicho de otra manera, es ajena a nuestra cultura ancestral. Es una práctica cultural que habiendo nacido en una cultura “antigua” europea, se institucionalizó en casi todo el mundo, convirtiendo una tradición local, en una práctica universal. Es decir, la lógica del mercado capitalista, encontró en las actividades relacionadas a ese evento cultural celta, una oportunidad para explotar el mercado capitalista, desplegando un mercado de objetos relacionados a “los muertos”, que mueven miles de millones de dólares en el mundo al principio de cada noviembre.
Por otra parte, haciendo coincidir con el calendario católico, nuestras culturas andinas, expresan una práctica cultural pre-colombina como es el culto a los muertos, -no en sentido del terror y la broma-, como ocurre entre los occidentales, sino como una práctica en la que se saca a las chullpas, a los antepasados, de sus sitios de reposo eterno, y en desfiles familiares, se les traslada hasta las casas de sus descendientes, en un acto de recordación de los antepasados a quienes se los retorna al presente, agasaja y despacha, pidiéndoles su protección, sabiduría y ayuda para sus descendientes vivos en el kay pacha. De esta forma, las culturas andinas, expresan su cosmovisión sobre la vida y la muerte, mostrando que la una es continuación de la otra y que en los hechos, los muertos también están de alguna manera vivos y nos están acompañando.
Al negar la existencia de Halloween para decir que nuestra fiesta de los muertos es la fiesta verdadera, podría ponernos en una situación de xenofobia, racismo, fundamentalismo.
Lo cierto es que las dos realidades culturales coexisten en noviembre, con la diferencia que una es nuestra, propia y la otra es ajena: ni mejor ni peor, sino sustancialmente ajena a nuestras creencias, valores, cosmovisión.
¿Cuál debería ser la política del Estado Plurinacional en temas como estos?
Así como no podemos salirnos del mercado mundial por decreto y aun siendo críticos y contrarios al capitalismo, no podemos sustraernos de tener relaciones comerciales con países de economía capitalista, en el campo cultural, basados en conceptos de reciprocidad, complementación, solidaridad, armonía, equidad, debemos elevar nuestras culturas locales, a un ámbito universal, mostrando la riqueza de sus valores, principios, relaciones sociales, relaciones con la naturaleza, publicando que existen en el mismo espacio y tiempo, otras formas de celebrar a los muertos y con los muertos.
Una prueba más de que nuestros gestores de la cultura del Estado Plurinacional, requieren de una formación materialista histórica y dialéctica, que les permita generar una propuesta anticapitalista, antiimperialista y anticolonial.
No es suficiente partir de la negación de lo occidental. Se trata de mostrar al mundo la riqueza de unas culturas que pese a los embates capitalistas y el sincretismo con el catolicismo, mantienen sus ritos, raíces y tradiciones en una resistencia cultural, que sigue creando para mantener su vigencia y permanencia.
Nuestros valores culturales locales, pueden en este tiempo, iluminar a un mundo materialista, acumulador, mercantilista, individualista, que destruye a la naturaleza, -la casa colectiva- con fines particulares. En tiempos de crisis mundial de orden económico, político, ético y de valores colectivos, demostremos otro mundo es posible. Materialicemos, actualicemos, universalicemos el significado del Pachacuti.
* Sociólogo. Militante Guevarista.

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