agosto 17, 2026

Venezuela, en mutación, pero victoriosa en su peor momento

En el cuadro internacional de América latina, Venezuela y el chavismo, junto con la Bolivia de Evo Morales y Cuba, han asumido un rol de bastión último de defensa contra el avance del neoliberalismo de los Macri, Temer, Kusinski, Santos y Prieto.

Luego de derrotar por segunda vez en menos de dos años las llamadas “guarimbas” (focos de guerra civil atípica urbana), y de ganar con amplitud las tres pruebas electorales del año 2017 (Asamblea Constituyente, Elección de Gobernadores y de Alcaldes), el chavismo como movimiento y como gobierno se mantienen en un estado de mutación sustancial. Vive lo que podría ser definido como su peor crisis de identidad desde su origen institucional en 1999.

Esa crisis de identidad es multicausal, como suele ocurrir con grandes movimientos políticos cuando deben enfrentarse a pruebas decisivas en su existencia. Especialmente cuando son gobierno, y el chavismo gobierna desde hace casi dos décadas, convirtiéndose en el movimiento anti imperialista que más ha durado en el poder, excepto Cuba, claro, pero superando en términos de durabilidad en el poder, a todos los grandes movimientos nacionales conocidos en América latina, desde inicios de la década del 4ª: el peronismo, el varguismo, el cardenismo y el mnrismo boliviano, los fundadores de esta estirpe en el movimiento de masas, hasta los más cercanos en el tiempo, el torrijismo, el velasquismo, o los más contemporáneos, encarnados en Ignacio Lula Da Silva, Evo Morales, Rafael Correa o los Kirchner.

El chavismo lleva exactamente 18 años continuos en el  poder, con seis gobiernos distintos, en términos temporales, bajo el mismo signo político y programa (cuatro a cargo del Comandante Chávez, dos en manos de Nicolás Maduro).

En el libro 12 Dilemas de la Revolución Bolivariana (El Perro y la Rana, 2010) realizamos un recenso de la durabilidad de este tipo de gobiernos que se oponen al control imperialista y alteran poco o mucho el estado de dominación del capital. El resultado del cuadro comparativo indica que el gobierno de resistencia que más duró en el poder fue el peronismo y no pudo pasar de los 9 años (1946 a 1955).

Una de las condiciones de este  tipo de movimientos cuando alcanzan el poder es su aislamiento. Se ven sometidos a un estado permanente de desequilibrio económico y social, sometidos a constantes ataques desde el exterior y el interior. Es suficiente recordar que a Cuba la aislaron y atacaron con una medida económica, el bloqueo, y una medida diplomática, la expulsión de la OEA, desde los primeros años de la década del Sesenta. La suma de ambas medidas corresponde a una forma de guerra de baja intensidad por medio son militares.

Venezuela está sometida desde hace dos o tres años a un aislamiento y demonización, sólo sufrida por Cuba o Irán en distintos momentos. Desde hace tres años una suerte de “guerra económica”, definición hecha por el gobierno de Nicolás Maduro, para denunciar la artificialidad de buena parte de la inflación inducida desde el sistema comercial controlado por empresas privadas y desde Dólar Today, un sitio web instalado en Panamá y Cúcuta con el sólo objetivo de alterar la marca del dólar cotidiano en el país, o el desabastecimiento masivo de las alacenas, un hecho que no tiene registro ni estadístico ni periodístico antes de octubre de 2013.

En esas condiciones, era inevitable que en algún tramo de su curso gubernamental, el chavismo iba a sufrir fracturas internas, desgarramientos  y desgaste de imagen pública en la población. Especialmente, cuando ya no cuenta con presupuesto sustentable debido a que el precio del barril de crudo fue empujado hacia abajo hasta colocarlo en menos de los 40 dólares.

Las peleas en las alturas del poder develadas en los últimos meses tienen explicación racional en este estado de situación.  La cruel disputa entre un sector del poder, conformado por el equipo de Nicolás Maduro y el Alcalde caraqueño Jorge Rodríguez, contra el ex hombre fuerte del chavismo y jefe de PDVSA, Rafael Ramírez, es apenas el síntoma de un enfermedad que ha puesto de manifiesto que la salud del chavismo se ha deteriorado  desde sus entrañas. Algo similar, aunque de otro signo, se puede decir de la candidatura de Eduardo Samán a la Alcaldía de Caracas, otro de los ministros chavistas más prestigiosos.

Dentro de esa dinámica multicausal, el gobierno ha cometido errores evitables. Uno fue suspender elecciones regionales en 2017, otro es intentar resolver el grave déficit fiscal acudiendo a deuda externa, un mecanismo que, como se sabe, fragiliza al conjunto de la economía y el Estado, y deteriorando el bienestar social al tener que destinar al pago de intereses, buena parte de una recaudación, la que medida en dólares se ha visto menguada en más del 60% desde 2010.

Aún así, en ese cuadro sintomático de graves riesgos internos, lo que sorprende del chavismo como movimiento y como gobierno es su capacidad de resiliencia social.

Cuando se le creyó perdido por la muerte del Comandante-Líder, logró reconsolidarse alrededor del joven heredero Nicolás Maduro desde abril de 2013. Lo dieron por caído en las dos oportunidades de  las “guarimbas”, y sin embargo resurgió con más fuerza interna. A mediados de este año 2017, la oposición local e internacional no le daba ninguna salida política, acorralado como estaba por los cuatro costados y con una población chavista tomando distancia del gobierno de Maduro. Aún en ese escenario de precariedad, el chavismo demostró su capacidad interna y su alta conciencia política: aportaró en junio de este año, algo más de 8 millones de votos a favor de una Asamblea Constituyente soberana para frenar la violencia y buscar salidas a la grave crisis de consumo.

En el cuadro internacional de América latina, Venezuela y el chavismo, junto con la Bolivia de Evo Morales y Cuba, han asumido un rol de bastión último de defensa contra el avance del neoliberalismo de los Macri, Temer, Kusinski, Santos y Prieto.

Aunque no se puede asegurar su destino inmediato, por ejemplo en las próximas elecciones presidenciales en 2019, lo cierto es que el gobierno de Maduro ha sobrevivido sobre sus propias debilidades de origen a la espera de nuevos tiempos continentales de revolución social que la des-aisle.

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