La gira del secretario del Departamento de Estado, Rex Tillerson, por México, Colombia, Perú y Argentina ha dado resultado. La agenda que le dio a cada uno de los gobiernos de esos países ha empezado a ejecutarse casi de manera inmediata, particularmente ante la República Bolivariana de Venezuela, aunque en realidad representa un mensaje a todos los gobiernos respondones de la región.
Nadie tenía dudas de que Tillerson emprendía una gira con propósitos injerencistas. La coyuntura anticipaba lo que iba a instruir a los que no tuvieron otra que patrocinar la visita. La Cumbre de las Américas estaba convocada y entre los invitados figuraba el presidente Nicolás Maduro, el líder de una revolución que no se ha puesto de rodillas ante los deseos estadounidenses. Ya el propio presidente peruano había enviado formalmente la invitación, en una muestra de que cuando los gringos no meten sus narices, alguna señal de soberanía y dignidad, por muy poca que sea, puede haber en mandatarios como Pedro Pablo Kuczynski.
Por eso misma la vergüenza es grande. Kuczynski ha cedido a la presión de la administración Obama y del llamado “Grupo de Lima”. Uno de los personajes que obviamente está detrás el grupo de presidentes poco tolerantes a gobiernos que no comulgan con Washington es Luis Almagro, el alto funcionario de la OEA que utiliza su cargo para dividir América Latina. El Secretario General, ante su imposibilidad e incapacidad de reunir los votos necesarios para condenar a Venezuela por la vía de la Carta Democrática Interamericana, ha alentado la conformación de este grupo no oficial que atenta contra la propia institucionalidad del propio sistema interamericano.
Con semejante antecedentes –la exclusión de Venezuela de la Cumbre de las Américas- es previsible lo que vaya a ocurrir: endurecer las sanciones contra Venezuela y dar su aceptación para pasar de la amenaza del uso de la fuerza a la intervención militar como tal. Lo de las sanciones es nada más que la continuidad de lo que se ha estado haciendo desde la administración Obama, pero una intervención militar lo que hará es convertir la región en un verdadero volcán en erupción, y generar inestabilidad política a muchos de los gobiernos obedientes a los mandatos de Trump. ¿Cómo enfrentará Temer, por ejemplo, el rechazo del pueblo brasileño que ya de por si lo considera como el mandatario más ilegítimo que ha tenido ese país? Más o menos lo mismo le pasará a los presidentes peruano y argentino, y ni que decir de Juan Orlando Hernández de Honduras, que se reeligió mediante el fraude.
América Latina es la que pierde con el retiro de la invitación a Venezuela. En primer lugar, porque la derecha de ese país no podrá resolver desde fuera del país, menos con intervención militar, lo que no puede resolver dentro. En segundo lugar, porque ese incondicional alineamiento a la Casa Blanca es un retroceso en la interacción de los países latinoamericanos y una amenaza a la paz.

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