agosto 17, 2026

Gonzalo Sánchez de Lozada: símbolo de la vieja clase política y la actual oposición político-partidaria

por: Vidal Amadeo Laime Humerez

Lo paradójico de todo esto es que Goni, no está enfrentando un juicio por lo que hizo antes de 1997, es decir, su desfalco del Estado, sino por las acciones desarrolladas en su segundo mandato. El Juicio Civil instalado en Estados Unidos por las víctimas de la represión de militar, busca un resarcimiento por los daños colateralmente causados. Ojalá el país pueda un día aspirar a recuperar toda esa fortuna que éste hombre amasó a expensas de los bolivianos.

Han pasado 15 años desde las luctuosas jornadas acaecidas en la Ciudad de El Alto, en las que el poder político encaramado desde Palacio de Gobierno vivía sus últimos estertores, tratando de superar la crisis de Estado desatada por la tozuda decisión de exportar gas natural por puertos chilenos con destino a los EE.UU. Obstinación queprovocó un centenar de heridos y segó la vida de 67 compatriotas.

La irracionalidad obnubiló y encegueció al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, al punto de que creía que el aparato represivo del Estado era suficiente para evitar (según su razonamiento) que el poder político le sea arrebatado de sus manos. Era inconcebible que un grupo de rebeldes radicales en sus posturas logre desalojar de la silla presidencial a un hombre que dedico su vida al servicio público y mantuvo siempre en alto los intereses de la nación por encima de cualquier interés particular. Suenan bien estas palabras, desafortunadamente para el país solo fueron eso, palabras. Hoy Juan del Granado nos da mayores razones para creer que realmente se tenía la violencia como única alternativa de diálogo para un gobierno que simplemente había perdido toda capacidad de razonar en una mesa de diálogo.

Pero Gonzalo Sánchez de Lozada no debe ser recordado solamente como el masacrador, sino como la expresión más acabada de la clase política que se liquidó en su mayor parte durante las jornadas de aquel octubre de 2003. Expresión acabada, entre otras cosas, por aquella tendencia parasitaria de enriquecerse del Estado, algo que muchos opinadores de hoy, sobre todo algunos con un pasado relacionado a aquel funesto gobierno, olvidan.

La fortuna de ese presidente

Desde 1961 indirectamente y de manera directa desde 1964, a través de la Compañía Minera del Sur (COMSUR), cuyos accionistas mayoritarios eran Gonzalo Sánchez de Lozada y su hermano Alberto Sánchez de Lozada, se estableció en el país la réplica del viejo modelo implementado en su momento por los patriarcas de la plata y los barones del estaño. No se había terminado de consolidar (o no se quiso) la pujanza de la Corporación Minera de Bolivia COMIBOL, y esta fue asediada por la voracidad de capitales que querían invertir en los yacimientos mineralógicos.

De este modo empieza una larga travesía en la que el ex presidente incremento su fortuna convirtiéndose en un potentado del rubro. ¿Cómo no lograrlo?

Fácil: si cuándo tienes que pagar por el arrendamiento de una concesión minera sencillamente no lo haces, o cuando lo haces sucede que te condonaron la deuda. En todo caso, los contratos tienen un tiempo de vigencia, sin embargo, a vísperas de que fenezca tu contrato, de manera providencial el Estado te renueva el mismo sin modificar un ápice las condiciones, no importa si la producción se incremento exponencialmente y estas exportando a borbotones y las ganancias superan cualquier expectativa. No importa tú sigues pagando el mismo impuesto a las utilidades. ¿Y si tienes que pedir un préstamo? Mejor aún pagas un interés ridículo.

Lo descrito parece un cuento jalado de los cabellos, sin embargo no fue así. En la década de los noventa diputados de oposición desde la palestra del poder legislativo, acusaban al ex presidente, de tráfico de influencias, uso indebido de bienes del Estado y beneficios en razón del cargo, dichas acusaciones no tuvieron mayor repercusión y fueron archivadas. La lealtad con el jefe estaba a prueba constantemente y si alguien no se doblegaba con seguridad recibía emolumentos ostentosos que acallaban cualquier disidencia.

Goni, fue electo diputado en 1979 y reelecto en 1980, es electo senador en 1985, para luego ser promovido a ministro de Planeamiento y Coordinación 1986 – 1988, candidato ganador (por mayoría relativa) de las elecciones de 1989 y Presidente de la Republica 1993 – 1997. Simultáneamente su hermano fue Contralor General de la Republica 1982 – 1992 y desde 1993 – 1997 Senador por Cochabamba. Lo contraproducente de todo esto, es que ambos hermanos en ningún momento dejaron de operar y beneficiar a su empresa.

A vista y paciencia de propios y extraños, con la permisividad del Estado de por medio, pues ellos manejaban los hilos del poder a su antojo, montaron un aparato de beneficio particular que enriqueció a una clase política que tenía como aspiración inequívoca, extenuar las arcas del Tesoro General de Nación al máximo. A expensas de la Corporación Minera de Bolivia, Goni y sus allegados generaron una fortuna sin parangón alguno, mientras el pueblo boliviano en su mayoría, tenía que lidiar día a día y constantemente la agobiante incertidumbre de poder llevar siquiera un mendrugo de pan a sus familias.

Hoy mientras Goni está sentado en el banquillo de los acusados tratando una vez más de salir impune de culpa por la sangre derramada en las jornadas de octubre de 2003. Muchos nos preguntamos ¿recaerásobre él siquiera un resquicio de responsabilidad?

Lo paradójico de todo esto es que Goni, no está enfrentando un juicio por lo que hizo antes de 1997, es decir, su desfalco del Estado, sino por las acciones desarrolladas en su segundo mandato. El Juicio Civil instalado en Estados Unidos por las víctimas de la represión de militar, busca un resarcimiento por los daños colateralmente causados. Ojalá el país pueda un día aspirar a recuperar toda esa fortuna que éste hombre amasó a expensas de los bolivianos.

Un Goni octogenario cuya larga trayectoria política ligada a sus actividades como empresario de la “minería mediana” es el símbolo de la vieja clase política, la cual anclada desde las instituciones del Estado busca a toda costa reeditar viejas prácticas ya conocidas por su desfachatez, la cual de por si es ignominiosa.

Siendo Goni el símbolo de la vieja clase política, obviamente lo que más añoran los fieles epígonos creyentes y seguidores de sus palabras, acción y pensamiento es retornar al poder, la oposición política partidaria del actual gobierno, no se libra de esta consideración, pues desde la vereda del frente a la fecha no le han dado ninguna satisfacción al país, menos una propuesta programática seria y responsable con los sagrados intereses de la nación.

En consecuencia, como bolivianos no podemos darnos el lujo de permitir el retorno de aquellos que por sus intenciones y prácticas ya conocidas, pretenden una vez más volver a manejar los designios del país, los resultados infames fueron vividos en carne propia y de ninguna manera pueden volver a repetirse.

Gonzalo Sánchez de Lozada se enriqueció a expensas de los bolivianos, y junto con él, casi la totalidad de su élite política. ¿Qué moral tienen los opinadores de la oposición para hablar de corrupción, cuando en su momento no dijeron una palabra, una sola, por semejante crimen, que en un país tan pobre como el nuestro, no deja de ser tan serio como el genocidio que, por si fuera poco, también perpetró?


*    Analista político/ Twitter: vidal_laimeh

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*