Un noticioso de televisión hace unos días entrevistó a un oficial de policía, consultándole acerca de la situación de la seguridad ciudadana en la ciudad de La Paz, particularmente en algunas zonas denominadas rojas, donde cotidianamente se denuncia hechos de violencia, que van desde los asaltos callejeros, agresiones violentas, hasta violaciones o asesinatos. En realidad, la consulta iba dirigida a cómo se podía prevenir o mitigar esta situación de riesgo por la que atraviesa la ciudadanía al transitar dichos lugares y la verdad que yo esperaba una respuesta que dijera que se estaban desplazando más efectivos policiales a estas zonas, que el patrullaje se extendería a las 24 horas, que se instalarían cámaras de seguridad, en fin, medidas de esta naturaleza, por lo que la respuesta me dejó más que sorprendido.
La solución es muy fácil, según el oficial en cuestión, la gente debe ser más cuidadosa, no transitar mucho por esos lugares, evitar llevar celulares, bolsos o prendas de valor de manera visible y en lo posible caminar siempre acompañado. Es decir, mejor si no sale de su casa o si no tiene más remedio, tome todas sus previsiones para que no le pase nada malo. Solo falto que recomiende que cada quien busque la mejor manera de defenderse en caso de un ataque o que talvez lo más prudente sería que porte un arma. Entre tanto, ¿la policía? Bien gracias.
No existe información confiable sobre la situación de la seguridad ciudadana en el país, las cifras que se manejan al respecto difieren en función a la fuente. Sin embargo, en casi la totalidad de los medios de comunicación han logrado la mayor importancia, muy especialmente en los televisivos, dentro de su programación informativa.
Todas las pantallas de se han teñido de sangre y violencia. No hay informativo que se precie que no difunda las más dramáticas informaciones sobre inseguridad ciudadana y violencia callejera, no solo solazándose con la brutalidad de las imágenes, sin importar mucho en el horario en que se difundes, sino también mostrando ante cámaras el drama humano de las personas involucradas, por ambos lados, en estos hechos y sin prevenir al público sobre la dureza de las imágenes y testimonios que se difunden a través de las televisoras.
Con seguridad que este tipo de informaciones, totalmente desproporcionadas en relación a la enorme cantidad de hechos noticiosos de verdadero interés público y ciudadano, les reditan beneficios económicos. Es decir, es un buen negocio. No importa que de por medio no solo se atente contra la dignidad delas personas, se vulneren sus derechos e, incluso, se incurra en ilícitos de orden penal, que por su condición de medios parecen haber quedado exentos de la persecución de la ley como corresponde.
La exacerbación de la violencia, por una parte, y la generación de un clima de psicosis de inseguridad de parte del ciudadano, no son solamente acciones comerciales o de rating de estos medios, sino que parten de una intencionalidad política destinada a generar condiciones de inestabilidad política.
Como no se pude hablar mal de la economía, como no se puede argumentar inestabilidad política o social, se acude al argumento de fabricar un escenario de inseguridad, que si bien parte de hechos ciertos, la forma en que se los difunde y se los magnifica, hace que esta información cobre otros matices.
No es que pretenda afirmar que no existe inseguridad ciudadana en nuestras ciudades. Claro que existe, pero seguramente, pese a muchos de estos problemas y a la poca capacidad manifiesta de nuestros encargados de la seguridad, nos encontramos mucho mejor que en muchas ciudades de nuestro continente para no ir más lejos y sin que mal de muchos sea consuelo de tontos, debemos afirmar que la responsabilidad de que la seguridad ciudadana sea cada vez mayor, no puede ser una responsabilidad compartida y listo, como dicen los slogans de prevención. La seguridad es una responsabilidad del Estado y no puede ser una irresponsabilidad de los medios de comunicación.

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