Ha muerto García Meza informaban los medios el pasado fin de semana y seguramente debiera tomarse aquello como algo intrascendente e irrelevante, pues cada fin de semana muere seguramente mucha gente y por diversas causas. ¿Por qué entonces esta muerte se convierte en noticia? Para muchos bolivianos, especialmente aquellos que hoy son mayoría en el país y que tienen menos de cuarenta años, seguramente ni siquiera les llamó la atención la muerte del exmilitar, porque la frágil memoria histórica de nuestros pueblos suele no transmitir con la vehemencia necesaria este tipo de los momentos más oscuros de nuestra historia.
¿Quien fue realmente el exgeneral de ejército García Meza?
Fue un militar que un 17 de julio de 1980 junto a una camarilla de uniformados y civiles corruptos tomó al asalto el poder, derrocando a un incipiente proceso democrático encabezado por la única mujer que gobernó Bolivia. Sin embargo, este golpista no fue ni un loco ni un iluminado que pretendía salvar la patria del comunismo ni menos reconstruir el país tal como su equipo de propaganda pretendía convencer a la ciudadanía.
García Meza simplemente fue la cabeza visible de un complot gestado solamente desde el alto mando militar, ni de los cuarteles trinitarios desde donde se desencadenó el asalto de julio, sino que fue la culminación de un proceso de intimidación y desmantelamiento de las organizaciones y populares, pensado y ordenado desde la embajada gringa, seguida fielmente por toda una pandilla de cipayos del imperio, con y sin uniforme.
Obviamente que ni García Meza ni su lugarteniente Arce Gómez fueron los cerebros de aquel golpe de estado, no tenían ni capacidad ni materia gris para aquello, pero si fueron los ejecutores destacados de los mandatos de sus amos imperiales y fieles defensores de los interese de una derecha marco empresarial afincada en Bolivia desde el oprobioso septenio banzerista.
La dictadura de García Meza fue nefasta para el país, desde luego, pero no fue más cruenta y más oprobiosa que la de Banzer. Pero porqué solo se juzgó a este dictadorzuelo y no se hizo lo propio con Banzer me preguntaba un acucioso joven camarada. Banzer fue el hijo predilecto y sobresaliente del imperio y como dictador y como pseudodemócrata recibió el apoyo de su embajada y de sus lacayos criollos. Siempre tuvo protección porque fue un fiel ejecutor del Plan Cóndor y de todas las políticas de enajenación de nuestro país, pero además porque con ayuda del mismo García Meza y sus paramilitares logró que asesinaran al impulsor del juicio de responsabilidades en su contra que se ventilaba en el parlamento, Marcelo Quiroga, para sentar un precedente brutal para que nadie se animara a enjuiciar al dictador.
García Meza quiso hacer lo mismo que su antecesor y mentor, pero cometió un error: pensó que podía él con Arce Gómez, solos, hacerse cargo del negocio de la cocaína desde Bolivia, ignorando voluntaria o involuntariamente, que ese negocio se maneja desde el departamento de estado y sus agencias como la CIA y la DEA. Ese fue su pecado, para decirlo de alguna forma, eso nunca le perdonarían ni los gringos ni sus sirvientes bolivianos también vinculados al negocio de las drogas. Eso le costó a García Meza primero el no reconocimiento de su gobierno de parte de los Estados Unidos y luego su caída. Fue a juicio porque debía ir y porque nadie lo protegía, más allá de sus románticos camaradas militares que aun sueñas con los años en que las botas gobernaban este país.
Hoy, los herederos de las dictaduras, los que gobernaron con Banzer, Pereda o García Meza, se declaran paladines de la democracia y pretender que olvidemos como vivíamos en dictadura, con muertos y desaparecidos, toque de queda, estado de sitio, cadena radial informativa, con dirigentes políticos y sindicales presos en campos de concentración como Chonchocoro, Achocalla, Viacha o Coati o residenciados en San Joaquín o Puerto Cabinas.
Pretenden los cachorros de los dictadores que Bolivia vive en una dictadura; ¿cuál dictadura? La que se origina en el reiterado voto democrático del pueblo con un apoyo superior al 60%, una dictadura que permite la plena libertad de expresión y la libertad de prensa, que se ha convertido en libertinaje porque se puede insultar, mentir y manipular la información. Una dictadura que ha logrado mayor justicia en la distribución de la riqueza, que ha logrado estabilidad económica y social y que ha permitido la incorporación de cientos de miles, sino de millones de bolivianos como personas con plenos derechos a las cuestiones del Estado, esas mismas que antes habían sido discriminadas y excluidas por la oligarquía criolla.
Es bueno dejar las cosas en claro para que la desinformación, la manipulación, las mentiras y las medias verdades, no logren confundir a nuestra gente, especialmente a nuestras nuevas generaciones.

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