octubre 22, 2026

En Colombia, por la independencia y la paz verdaderas


Por Julio A. Muriente Pérez * -.


Participé en el Seminario Internacional Bicentenario y Paz, auspiciado por la Universidad Industrial de Santander (UIS), celebrado los días 4, 5 y 6 de julio, en la ciudad colombiana de Bucaramanga. Compartí allí con queridos compañeros de muchos años y conocí a otros valiosos amigos, dirigentes políticos, intelectuales y académicos, de Colombia y de varios países de Nuestra América. Todos coincidimos en el afán de aportar al análisis de esos dos grandes asuntos: la significación del bicentenario de la independencia de Colombia que se conmemoraba en esos días y, particularmente, lo relacionado a la implementación de los acuerdos de paz suscritos hace dos años entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP).

Constituye una experiencia valiosa exponerse a la lluvia torrencial de ideas, interpretaciones, propuestas, testimonios y opiniones diversas, como la que vivimos en esos días. Uno se sensibiliza profundamente, al escuchar las desgarradoras historias de la violencia desenfrenada, del exterminio selectivo, del desprecio a la vida y a los propios postulados de la legalidad vigente, que enfrenta hoy el pueblo colombiano, por parte del Estado y los grupos violentos.

Haber alcanzado la independencia hace dos siglos enfrentando con las armas en la mano al imperio español, es un hecho de importancia trascendental. Porque no solo fue Colombia. También Venezuela, Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia, Chile, México… A España solo le quedaron Puerto Rico y Cuba en América.

Habría que preguntarse qué tipo de independencia fue aquella. En qué medida supuso la libertad y la felicidad para aquellos pueblos. Hasta donde se hizo justicia en cuanto a la distribución de riquezas, la repartición de tierras, la educación y la salud, la liberación de esclavos e indígenas…
O en qué medida, lo que hubo fue una sustitución de los representantes de la metrópoli europea por señores de la burguesía criolla, cuya aspiración era la toma del poder para asegurar sus privilegios.

La manera tan desigual, injusta y arbitraria como se constituyeron aquellos Estados nacionales dirigidos por castas privilegiadas, ha de haber sido la causa primera de mucha de la violencia y las injusticia de nuestros días. Lo que reafirma la necesidad de luchar por alcanzar una segunda independencia, realmente popular y en verdadera libertad.

El incumplimiento por parte del gobierno colombiano de los acuerdos de paz firmados con las FARC-EP delata sus verdaderas intenciones de exterminar a quienes ellos definen como un enemigo interno. No lo disimulan cuando estimulan la precariedad económica y social de los exguerrilleros reinsertados a la legalidad. O cuando toleran e incluso promueven el desarrollo de grupos de paramilitares y los lanzan a matar indiscriminadamente a excombatientes y luchadores comunales y campesinos.

La lucha por la paz en Colombia ha pasado, de ser una por el cumplimiento de los acuerdos, a una por la sobrevivencia y contra el genocidio.

La actitud violenta e intolerante del gobierno de Colombia coincide con la creciente presencia militar y política de Estados Unidos en ese país. En Colombia hay por lo menos siete bases militares estadounidenses. Ese país suramericano ha adquirido la misma relevancia geoestratégica para Washington que Panamá y Puerto Rico. Ahora contra Venezuela, que comparte con Colombia una frontera de cientos de kilómetros.

La mayor enseñanza de este Seminario Internacional es que, en el fondo, todos y todas somos Colombia. Que es hora de la mayor solidaridad con este pueblo hermano. Que no debemos tolerar ni un muerto más, ni una injusticia más. Que es mandatoria la defensa del derecho a la vida digna y a la felicidad. En Colombia y en todas partes.

* Catedrático Universidad de Puerto Rico y del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico.

Sea el primero en opinar

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*