
Por LUIS M. ARANCIBIA FERNÁNDEZ -.
Dice la canción del trovador cubano Pablo Milanés: “La vida no vale nada/ si cuatro caen por minuto/ y al final por el abuso/ se decide la jornada”. La demanda explosiva de esta lírica es un manifiesto contra el silencio, contra la quietud y la sensación de seguridad que otorga la inacción ante los abusos, esa comodidad poco solidaria en la que preferimos dormitar, antes de hacer frente a los agentes del poder que operan la violencia del Estado. Quienes habitamos y quienes habitarán la historia, no nos merecemos ese letargo. Explico porqué.
Vivimos momentos en los que la institucionalidad democrática está seriamente afectada, el gobierno transitorio intenta administrar el país desde posiciones estratégicas en las que su autoritarismo funciona y es eficiente. Vale decir, tiene a su disposición no solo unos “súper ministros” que dan las órdenes, sino también a varios Jueces y Fiscales, Fuerzas Armadas y Policía Nacional, que las ejecutan.
El caso de Patricia Hermosa, la profesional abogada que cumplió funciones como Jefa de Gabinete del expresidente Evo Morales y que desde el 31 de enero se encuentra detenida preventivamente en el Centro de Orientación Femenina de Obrajes, es un ejemplo de que un concilio tenebroso decide cada día cuál será el castigo más ejemplificador para cualquier ciudadano que ose incomodar a la Presidenta transitoria o a cualquier miembro de su gabinete.
El régimen que nos gobierna ha hecho carne de su odio visceral en Patricia Hermosa, no solo por las confusas circunstancias en las que fue detenida, sino por la poca claridad que existe respecto de los delitos en los que presuntamente participó. Y es que la persecución política como una práctica social a la que pretende acostumbrarnos el Gobierno, requiere de poca (o ninguna) transparencia como elemento fundamental, por eso los policías de inteligencia deben vestirse de civiles, por eso la encerraron en un vehículo a la espera que algún burócrata redacte el mandamiento con el que debieron aprehenderla.
Pero el abuso cierne más allá de los elementos formales que deberían hacer legal una acción judicial o policial. A Patricia Hermosa también le impusieron la detención preventiva sin considerar el hecho de que se encontraba gestante, extremo que ella comunicó a las autoridades en su momento. Desafortunadamente, las condiciones del encarcelamiento provocaron la muerte in vientre del bebé, es decir, el odio desmedido de las autoridades de turno no cesó, evitando que ese niño nazca en medio de las paredes de una cárcel, sino que llegó al extremo de negarle toda posibilidad de auxilio médico para salvarle la vida.
A la fecha, so pretexto de las medidas sanitarias que rigen por la pandemia del Covid-19, las autoridades de Régimen Penitenciario han evitado el ingreso de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara Baja de la Asamblea Legislativa Plurinacional, para hacer seguimiento a la situación de Patricia Hermosa.
Sin embargo, pese a la sistemática maquinaria de silenciamiento, corresponde tener la mirada clara en el horizonte de la justicia, para evitar que nos cercenen el derecho de indignarnos cada vez que una boliviana o un boliviano son presas del abuso. Corresponde fortalecer nuestros vínculos de compromiso con la vida, la dignidad y solidaridad; tenemos que declararnos en pie de lucha contra toda decisión de poder que signifique menoscabar la paz que, granito a granito, construimos cada día. Que no quede espacio para el miedo que pretende arrinconarnos, pues nos sueñan agazapados y en duda.
Tomemos conciencia, la realidad nos impone tomar acciones más allá de debate con simples formulismos leguleyos, con mayor rigor estamos siendo testigos de que la administración de justicia es endeble y está muy lejos de amparar al pueblo. La movilización, la protesta o el reclamo, son mecanismos legales de lucha, son nuestros derechos, la intransigencia para ejercerlos es un deber.
Por Patricia Hermosa, por su hijo, por nuestros muertos, por quienes callaron, por nuestros presos y presas políticas, por nosotros, por Bolivia. El silencio no es una opción.
* Abogado defensor de los Derechos Humanos

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