
Por Luis Oporto Ordóñez *-.
Elías Blanco Mamani, desde su búnker cultural, el Museo del Aparapita, cumple una labor autoimpuesta dando a conocer las trayectorias de intelectuales, artistas, gestores culturales a través del suplemento cultural El Aparapita, cargador de la memoria cultural de Bolivia. Semanalmente publica semblanzas biográficas extractadas de su ya célebre Diccionario Cultural Boliviano, con una característica singular: la actualización. Es así que en su galería ingresan los vivos y los muertos, con legítimo derecho pues la sabiduría popular die que “hay que honrar a los hombres y mujeres de valía, en vida”.
Elías Blanco Mamani destaca además con su Enciclopedia Gesta de autores de la literatura boliviana (2004), su Diccionario de Poetas (2011) y Novelistas (2012), seguido de su colección Profetas en la cultura boliviana: chilenos (2007, 2010); argentinos (2010); y alemanes (2010).
Un puñado de intelectuales ha volcado sus esfuerzos en construir diccionarios de personalidades y personajes de la historia boliviana, indagando en diversas áreas del conocimiento, con objetivos generales más o menos afines pero con distintos alcances y enfoques metodológicos en la selección y estudio de los personajes biografiados.
Uno de los repertorios más tempranos corresponde a José Domingo Cortés, intelectual chileno que fue Director General de las Bibliotecas Públicas de Bolivia durante el gobierno de Mariano Melgarejo. El Diccionario Biográfico Americano. Obras Publicadas (París, Tipografía Lahure, 1875), contiene “los nombres, con los datos biográficos y enumeración de las obras de todas las personas que se han ilustrado en las letras, las armas, las ciencias, las artes, en el continente americano”.
En el plano nacional, uno de los primeros ensayos corresponde a Moisés Ascarrunz Peláez, quien publicó Hombres célebres de Bolivia (La Paz, Oficina Nacional de Estadística y Estudios Geográficos, 1920), “reuniendo las noticias más sumarias posibles, pero a la vez las más imparciales y exactas de los [110] hombres que han actuado en Bolivia”. Ricardo Alarcón, en “Apuntes para un Diccionario Biográfico Boliviano, 1825-1915”, publicado en Bolivia en el primer centenario de la Independencia (1925), reúne “la mayor cantidad de referencias desapasionadas, sucintas simplemente informativas, de todo cuanto representa el cerebro y la acción de Bolivia”.
Arturo Costa de la Torre publicó su Catálogo de la Bibliografía Boliviana, 1900-1963 (1968), que inserta semblanzas biográficas de los autores; sin duda el mayor esfuerzo en su género, no superado hasta hoy.
José Roberto Arze, en su Diccionario biográfico boliviano, comenta las Figuras bolivianas en las Ciencias Sociales (1984); Eclesiásticas (1985); Geógrafos, exploradores y científicos (1987); Historiadores y cronistas (1989); y Figuras centrales en la historia de Bolivia en las épocas de la Independencia y República (1991), en la que ha combinado “los criterios de celebridad y trascendencia”, aclarando que “no es la adhesión a la tesis carlyliana de considerar al ‘héroe’ como el ‘forjador’ de la historia, sino más bien reconocer en la personalidad destacada un ‘producto’ de la historia y de su clase que reobra, con mayor o menor profundidad, sobre el desenvolvimiento histórico”.
Guillermo Lora, en su Diccionario Político, Histórico, Cultural de Bolivia (2002), inserta valiosas biografías de hombres y mujeres vinculados a la clase obrera y al movimiento popular.
Josep M. Barnadas, en su Diccionario Histórico de Bolivia (2002), obra de carácter enciclopédico, incluye biografías de personalidades (fallecidas al 31 de diciembre de 2001), instituciones, movimientos (sociales e ideológicos), fenómenos (hechos históricos) y publicaciones periódicas. Esta obra mayor de la historiografía plantea desarrollar un Diccionario con un amplio criterio de inclusión “que se deduce del postulado ‘todo es Historia’, (…) para dar paso a toda la realidad boliviana, (…) con una visión integral de la Historia”.
Otros investigadores dedicaron su esfuerzo a esbozar biografías más especializadas. Julio Díaz Arguedas publicó Los generales de Bolivia. Rasgos biográficos, 1825-1925 (1929); Elsa Paredes de Salazar el singular Diccionario biográfico de la mujer boliviana (1965); Arturo Costa de la Torre Mujeres de la Independencia (1977); y José Macedonio Urquidi Bolivianas ilustres: las guerrilleras de la Independencia (1967). Manuel Frontaura, por su parte, se ocupó de los Expedicionarios, descubridores y exploradores de Bolivia (1971), con la intención de “seguir los pasos de los hombres que han descubierto Bolivia (…) del esfuerzo hecho por ellos en busca de forjar una nacionalidad. El propósito consiste en narrar su hazaña humana, destacar su valer y su valor”, especialidad que cultivó también Julio Díaz Arguedas en Expedicionarios y exploradores del suelo boliviano (1971). Carlos Castro Rodríguez se ocupó de los Presidentes de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia (1989), con breves semblanzas “de la vida de grandes magistrados que han hecho culto en el altar de la diosa Themis”, es decir, que han dirigido el alto tribunal entre 1827 y 1985. La obra fue actualizada por Guadalupe Amusquivar en Presidentes de la Corte Suprema de Justicia de Bolivia, 1827-2007 (2009).
La literatura, en general, fue cubierta generosamente con el estudio revelador de Augusto Guzmán, que en Biografías de la Literatura Boliviana (1982) exhuma “autores nacidos entre 1520 y 1925”, interesado en “su vida interior, el pensamiento vivo reflejado en su producción intelectual”. Indagan en el mundo literario Juan Quirós con su Índice de la poesía boliviana contemporánea (1964); Juan Siles Guevara, en Las cien obras capitales de la literatura boliviana (1975); Adolfo Cáceres Romero, en Diccionario de la Literatura Boliviana (1977); y Roberto Ágreda, en Antología comentada de la Poesía boliviana (2010). Todos ellos compilan biografías de poetas y escritores nacionales en los que se privilegia la crítica.
- Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.
* Fotos de arriba para abajo: José Domingo Cortés, Josep M. Barnadas, José Roberto Arze, Elías Blanco Mamani.

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