
Por Jackeline Rojas Heredia *-.
El 7 de julio de 2022 amaneció triste, en Facebook se informaba sobre el fallecimiento de Pantaleón Contreras Carrillo, “don Pantita”, como se le llamaba cariñosamente en el ambiente laboral del Centro de la Cultura Plurinacional (CCP) Santa Cruz, en el centro mismo de la ciudad cruceña. Era el funcionario más antiguo, quien fue testigo del nacimiento de ese espacio dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (Fsbcb).
La infraestructura, que ya existía y había sido utilizada por el exBanco Boliviano Americano (BBA), fue restaurada y adecuada para albergar un centro cultural en 2008. Un año después fue entregada a la administración de la Fsbcb en un acto que contó con la presencia del entonces presidente del naciente Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma. Todo ese proceso fue vivido por don Pantita.
Pantaleón Contreras trabajó junto a la empresa encargada de la mencionada restauración y rápidamente convocó la atención de José Aliaga, quien fue coordinador del CCP, que entonces se llamó Centro Cultural Santa Cruz. Aliaga contrató a Contreras en junio de 2009 y a partir de ahí, hasta el presente año, el que fuera albañil se convirtió en el cuidador principal de ese espacio.
Don Pantita fue todo a la vez, portero, sereno, montajista y más. “Había muchas cosas que cuidar, yo estaba a cargo de todo eso”, dijo en una entrevista que se le hizo un año antes de su fallecimiento.
El CCP se encuentra sobre la calle René Moreno, a cuatro cuadras de la Plaza 24 de Septiembre, cuenta con salas destinadas a la exposición de obras artísticas provenientes de todo el país, otras para talleres, un inmenso patio en el que se desarrollan conciertos musicales, ferias, verbenas, un garaje en el que se realizaron con éxito desfiles de moda y una biblioteca especializada en arte y cine que lleva el nombre de su principal benefactor y quien fuera uno de los intelectuales más importantes de la capital oriental, Isaac Sandoval Rodríguez.
En medio de esa infraestructura moderna, decorada con naturaleza y privilegiada con un clima cálido, trabajó don Pantita. Era curioso observar a un hombre con el pelo canoso mezclando pintura y extendiendo con la brocha capas sobre paredes altas. Él, sobre un andamio enclenque, no se daba por aludido cuando los compañeros le pedían que bajase, porque pudiera caerse. Nada perturbaba su faena, estaba resuelto a continuar con la pared y luego pasar a otra y así sucesivamente.
O bien, se lo veía en las salas de montaje trabajando junto a la curadora, trasladando láminas de madera, escaleras, sillas y demás, pintando las macetas, vigilando la entrada de la puerta, revisando el CCP como un propietario celoso y obsesivo con los detalles.
Nació en Samaipata un 27 de julio de 1952 y adquirió el nombre debido a que antes, como él mismo explicó, se tenía la costumbre de consultar el almanaque Bristol para otorgar nombres a los recién nacidos, de esa manera le tocó llamarse Pantaleón, como “San Pantaleón”, el santo de los médicos, según narró.
Camba de costumbres enraizadas, adoraba la comida proveniente de los valles como el chicharrón, el quesillo con mote, las ocas al horno, pero nunca rechazaba ninguna comida y todo lo disfrutaba sin remilgos. Cuando ingresó a trabajar al CCP se enamoró inmediatamente, no dudó en llevarse cama, tv y algunas cositas básicas para proteger la casa los días con sus noches. Cuando se le preguntó si su esposa se molestó con tremenda decisión, respondió con palabras que le salieron de lo profundo: “El centro ha sido mi segundo hogar, mi vida ha sido el centro”, y complementó que la esposa le preparaba y llevaba los almuerzos.
Luego, con la emoción de un niño, narró cómo aprendió a ser montajista: “Seis o siete años estuve trabajando solito, montando las obras. El Licenciado me ponía las obras como iban a ir y me daba las medidas que debían tener entre un cuadro y otro y eso fui aprendiendo, nunca malogré un cuadro… Me dijeron que un cuadro era caro y que habían unos de más de 10 mil dólares, yo todo eso aprendí”, contó.
Rememoró dos momentos importantes durante su vida en el CCP: el primero, cuando el expresidente Morales llegó a Santa Cruz para entregar los documentos de propiedad del CCP: “Fue un acto enorme, hubo policías por el techo, por todo lado, y en eso me nombraron a mí para que yo le entregue un retrato a Evo Morales y para que diga las palabras de bienvenida. Y lo hice. ‘Bienvenido señor Presidente, esta es su casa, puede venir cuando guste y este es el retrato que hemos preparado para usted’, así le entregué la obra de un artista, no recuerdo su nombre. Yo estaba contento, porque salió a nivel nacional y me vio toda la familia y me aplaudieron”, relató.
Otro momento especial fue cuando el curador y exdirector del Museo Nacional de Arte (MNA), José Bedoya, llevó una exposición relacionada con el 23 de marzo, la pérdida marítima, al CCP, don Pantita se entusiasmó tanto que se ofreció para declamar un poema alusivo: “Luego del acto y las palabras de bienvenida, mencionaron mi nombre y lo hice muy bien…
Se tiñó la corriente del Loa
con la sangre del noble patriota,
el intrépido Eduardo Abaroa
que luchó hasta ver su derrota,
de moral y temeraria proeza
el héroe destrozado en América
fue tras la luz como el cóndor del ande,
solitario y bravío murió”
Don Pantita compartió lo mucho que le gustaba leer, pero manifestó, con dolor, que su vista ya le fallaba y eso se debía a que en el 78, cuando trabajó para la refinería en Palmasola, cayó sobre su cabeza un gancho que le provocó una fuerte lesión por la cual si no quedaba sordo, quedaría ciego. Sin embargo, en julio de 2021, cuando se hizo la presente entrevista, don Pantita ya había superado dos veces el Covid.
“No sé porque antes les pedían pasaporte a los que venían, no sé quién lo inventó, algún atrevido de esos. El camba dice que no hay que hurgar los petos (bichito típico del Oriente), eso es provocar, los petos pican y huelen feo. Sea como sea, cada departamento tiene costumbres, nosotros nuestra manera de comer, no hay porqué odiarse. Todos somos hermanos”, opinó.
Funcionarios, compañeros, artistas, amigos, familia, la misma casa que alberga al CCP extraña a don Pantita, quien falleció por un paro cardiaco en julio del presente. Se extraña su aura alegrando y conviviendo con la calidez oriental.
* Periodista cultural.

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