Por Eduardo Paz Rada * -.
No es solamente la lucha por el control geopolítico de los espacios geográficos estratégicos lo que se presenta hoy en nuestro planeta, sino que es un enfrentamiento múltiple por controlar mentes y cuerpos, culturas y recursos, y establecer los parámetros y criterios de vida de la humanidad con una visión única y homogénea bajo un poder unipolar o, por el contrario, construir un mundo heterogéneo y múltiple, de respeto y tolerancia a pesar de las diferencias.
Es un problema de poder y América Latina y el Caribe y cada uno de los países en nuestra Región son parte de esta dinámica. La experiencia histórica está presente, se reiteran las formas de dominación colonial e imperialista en cada momento y en cada lugar y se repiten las luchas de resistencia y emancipación. Se producen internamente enfrentamientos cada vez más descarnados y violentos y se debaten los proyectos de existencia soberana y de vida en comunidad y en armonía con la naturaleza.
Ahí se inscriben, en los últimos tres años, los triunfos democrático-electorales de las fuerzas progresistas y de izquierda en los países y en la Región, caso de Pedro Castillo, Andrés Manuel López Obrador, Xiomara Castro, Lula da Silva, Alberto Fernández, Gustavo Petro, Luis Arce y Gabriel Boric, o la resistencia revolucionaria de Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega, que no han dejado de enfrentar la conspiración y la agresión de la política norteamericana.
Han sido los boicots, las presiones y los bloqueos económicos y financieros, también las presiones militares, diplomáticas y políticas, las que han estado presentes durante los 15 primeros años del siglo, cuando se construyeron los proyectos de integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el Petrocaribe, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el Mercado Común del Sur (Mercosur) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), hasta haber conseguido su debilitamiento en los últimos seis años. Ahora, nos referimos a los últimos meses, se han agudizado la lucha de clases y la lucha nacional en nuestros países, cuando emerge el planteamiento de avanzar en la formación de la Patria Grande.
La guerra racista y las masacres indígenas en Perú, los desmanes violentos sobre el nuevo gobierno de Brasil, las presiones conservadoras ante la fragilidad del gobierno de Chile, el ajuste financiero y judicial en Argentina, las acciones separatistas en Bolivia, la agitación conspirativa en Colombia y Honduras o la conjura de la violencia y el narcotráfico en México son las muestras de que la organización y movilización reaccionaria y los recursos que manejan las fuerzas conservadoras y proimperialistas son muy importantes, han adquirido experiencia y desarrollan una estrategia no solamente local o regional, sino mundial.
La Cumbre Presidencial de la Celac, a realizarse en Argentina, será un momento clave para que se adopten decisiones que ojalá prioricen la consolidación de los procesos soberanos y antiimperialistas y se genere un nuevo impulso de la integración latinoamericana y caribeña que tenga fortaleza en la geopolítica mundial, como ocurrió en la Región con los liderazgos de Hugo Chávez, Fidel Castro, Evo Morales, Néstor y Cristina Kirchner, Lula da Silva, Pepe Mujica o Rafael Correa. La Cumbre estará acompañada por la reunión de los movimientos sindicales, indígenas, populares y revolucionarios que impulsan la creación de la Coordinadora de los Movimientos Populares Antiimperialistas de América Latina y el Caribe.
* Sociólogo y docente de la UMSA.

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