agosto 28, 2026

El Acta de la Capitulación de Ayacucho y la importancia de los archivos

Por Luis Oporto Ordóñez *-.


Respuesta de España a los levantamientos independentistas

Para aplastar las guerras de la Independencia Fernando VII envió un ejército de 10 mil veteranos de las guerras contra Napoleón al mando del general Pablo Morillo, “el más grande de España (que ostentaba) la gloria de haber derrotado a las aguerridas fuerzas de Napoleón” y preparaba otra expedición de 20 mil soldados y 10 buques de guerra, que se frustró por la rebelión de Rafael Riego en Andalucía (1820).

El general español José de la Serna derrocó al virrey Joaquín de la Pezuela el 29 de enero de 1821, en el golpe militar de Aznapuquio. Ante la recuperación del gobierno por Fernando VII, apoyado por 132 mil soldados franceses del ejército de la Santa Alianza (1824), el general Pedro Antonio de Olañeta sublevó el ejército realista del Alto Perú contra el Virrey. Ante esa situación, La Serna mandó a Gerónimo Valdés a Potosí con una fuerza de cinco mil veteranos. Sin embargo, ante la derrota de la División de Canterac, en Junín, La Serna ordena el retorno de Valdés.

Batalla de Ayacucho

El general Simón Bolívar entregó el mando del Ejército Unido Libertador a Antonio José de Sucre, para presentar batalla en Ayacucho (1824). José de la Riva Agüero escribe: “En este rincón famoso, un ejército realista, compuesto en su totalidad de soldados naturales del Alto y del Bajo Perú, indios, mestizos y criollos blancos, luchó con un ejército independiente, del que los colombianos constituían las tres cuartas partes, los peruanos menos de una cuarta, y los chilenos y porteños una escasa fracción”. En efecto, el Ejército realista estaba compuesto casi en su totalidad por indígenas peruanos, en tanto el ejército patriota contaba con más extranjeros en sus filas, como describe el general Guillermo Miller: “el batallón Rifles del ejército de Colombia, compuesto de tropas mercenarias europeas, en su mayoría voluntarios británicos, veteranos de la Independencia española, norteamericana y el mayor de origen alemán Carlos Sowersky, veterano de la batalla de Borodinó contra Napoleón Bonaparte en Rusia”.

Sucre nombró jefe de Estado Mayor a Agustín Gamarra y primer ayudante de campo a Francis Burdett O’Connor, contaba con la División del Perú (cuatro batallones) y dos divisiones de Colombia (siete batallones). El comandante en jefe realista, virrey José de la Serna, nombró jefe de Estado Mayor a José de Canterac y organizó su fuerza en tres divisiones (13 batallones) y una de caballería (cuatro Dragones, Húsares de Fernando VII y Alarbaderos, piquete de guardia honorífica del virrey del Perú). Sucre afirma que el número de combatientes realistas en el campo de batalla era de nueve mil 310 hombres, de ellos mil 30 jinetes y 11 piezas de artillería; el Ejército Libertador dispone de cinco mil 780, de los cuales 896 eran jinetes y una pieza de artillería.

El 9 de diciembre de 1824 se libra el último gran enfrentamiento en las campañas terrestres de las guerras de Independencia, desarrollado en la Pampa de Quinua. Canterac rinde sus fuerzas ante el ejército unido libertador.

El histórico tratado

El tratado titulado “Victorias y Capitulación de Ayacucho (…) dados, firmados de nuestras manos, en el campo de Ayacucho, a 9 de diciembre de 1824. José Canterac. Antonio José de Sucre”. Sus 18 cláusulas están referidas a: la rendición definitiva del Ejército Realista; el nacimiento de Perú a la vida independiente; la entrega de las guarniciones realistas del Cusco y Arequipa; el reconocimiento peruano de la deuda de guerra a favor de España; y a cubrir los gastos de repatriación de los españoles.

Sucre data el parte el 10 de diciembre, y lo remite en enero de 1825, desde el Cuartel General del Ejército Libertador, expresando: “Excmo. Señor. El tratado (…) firmado sobre el campo de batalla en que la sangre del Ejército Libertador aseguró la independencia del Perú, es la garantía de la paz de esta República, y el más brillante resultado de la victoria de Ayacucho (…). Todo el ejército real, todas las Provincias que este ocupaba en la República, todas sus plazas, sus parques, almacenes, y quince generales españoles son los trofeos que el Ejército Unido ofrece a V. E. como gajes que corresponden al Ilustre Salvador del Perú, que desde Junín señaló al Ejército los campos de Ayacucho para completar las glorias de las armas libertadoras”.

Aclara que “Don José Canterac, teniente general de los reales ejércitos de S. M. C., encargado del mando superior del Perú por haber sido herido y prisionero en la batalla de este día el excelentísimo señor virrey don José de La Serna, habiendo oído a los señores generales y jefes que se reunieron después que, el ejército español, llenando en todos sentidos cuanto ha exigido la reputación de sus armas en la sangrienta jornada de Ayacucho y en toda la guerra del Perú, ha tenido que ceder el campo a las tropas independientes; y debiendo conciliar a un tiempo el honor a los restos de estas fuerzas, con la disminución de los males del país, he creído conveniente proponer y ajustar (…), las condiciones que contienen los artículos siguientes”.

Lo notable de este tratado que dio fin al poderío español en América del Sur y consolidó la independencia del Perú es la importancia que se asignan a los archivos, considerados objetivos estratégicos militares, garantizando su conservación. La cláusula 12 establece: “Se enviarán jefes de los ejércitos español y unido libertador a las provincias unidas para que los unos reciban y los otros entreguen los archivos, almacenes, existencias y las tropas de las guarniciones”. Ambos jefes expresan su consentimiento: “Concedido; comprendiendo las mismas formalidades en la entrega del Callao. Las provincias estarán del todo entregadas a los jefes independientes en quince días, y los pueblos más lejanos en todo el presente mes”.

Destino de los manuscritos

Una copia original pertenecía inicialmente a la colección de José Rosendo Gutiérrez, biblioteca adquirida por el Estado hacia 1926 y entregada a la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) de La Paz, determinando que “estos documentos, por su importancia, debían permanecer en poder del Estado”. Una copia se encuentra en los archivos de Casa de la Libertad, en Sucre, capital del Estado Plurinacional de Bolivia.

El manuscrito de Perú se encuentra custodiado por el Museo Nacional de Arqueología e Historia del Perú (Mnaahp). Actualmente el documento está en proceso de inspección y evaluación por parte del Archivo General de la Nación (AGN) para su inscripción como Patrimonio Cultural de la Nación.


* Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.

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