
Un hallazgo singular: diario de campaña de la 5ª división
Es curioso e interesante que únicamente Bolivia hubiera designado formalmente a un cronista de guerra, responsabilidad que recayó en el joven abogado José Vicente Ochoa, autor del Diario de la campaña del Ejército boliviano en la guerra del Pacífico, declarado Memoria del Mundo por el MoWLAC. Ni Chile ni el Perú tomaron esa previsión, propia de la tradición castrense. El nombramiento del cronista de guerra es un mérito innegable del general Hilarión Daza.
Los “diarios de campaña” son muy distintos a los diarios de excombatientes [1], a los informes [2], los manifiestos [3] y las memorias [4]. Estas otras formas de documentar un hecho carecen del carácter de fuente oficial, siendo más bien producto motivado por un interés particular o fruto de la reflexión intelectual.
Recientemente, entre las colecciones de la Biblioteca Celestino Ágreda, en Quillacollo, encontré un segundo diario oficial. El general Narciso Campero, comandante de la 5ª División, ordenó declarar en comisión al Dr. Manuel V. Alba A., natural de Sucre, auditor de guerra y comisario de guerra en campaña, siendo Alva ministro de la Corte del Distrito de Potosí, para redactar el Diario de Campaña de la 5ª División, asignándosele el grado de teniente coronel. En su condición de auditor publicó la Cuenta que rinde el Comisario de Guerra de la 5ª División ante el Supremo Gobierno, desde el 22 de junio del año pasado 1879 hasta el 22 de mayo del presente (La Paz, Imprenta de “El Ciudadano”, 1880); y como y cronista el Diario de Campaña de la 5ª División (Sucre, Tipografía de La Libertad, 1882), reimpreso por la Biblioteca del Ministerio de Defensa Nacional (La Paz, Escuela Tipográfica Salesiana, 1943, vol. 9) [5].
Alcance del diario de campaña
Alva empieza su labor el 7 de agosto de 1879, en la plaza de Cotagaita, escribe su Diario usando como encabezamiento el santoral católico. El 5 de septiembre, “día de San Lorenzo Justiniano”, refiere que “fue conducido a este lugar el Presbítero Annibal Butacani, Teniente de cura de Tupiza, de nacionalidad italiana a quien se le creía espía del Gobierno Chileno”, por lo que Campero lo conminó a abandonar el país en 20 días. El 24, “día de N. Señora de las Mercedes y San Gerardo”, describe la actuación de “las hijas de Cotagaita a quienes se debe el estandarte y otros muchos recuerdos, por las finezas con que nos han honrado, y a quienes no debemos olvidar, por gratitud”.
El Diario concluye su narración el 10 de junio de 1880, “día de los santos Margarita Reyna y Zacarías mártir”, con el arribo de las fuerzas derrotadas a La Paz, en el que escribe: “el recibimiento que nos hizo el pueblo en su generalidad, fue frío, indiferente, lo que nos causó amargas sensaciones”. El Diario describe el sacrificado periplo de la 5ª División que recorrió un total de 71 sitios de la desértica geografía de Potosí, Oruro y La Paz, cubriendo 541 leguas (dos mil 705 km), de los cuales 27 sitios corresponden el tránsito hasta Tacna y el de retorno a Bolivia sumando 147 leguas (735 Km). Calificada como “la División errante”, por haber trajinado sin aparente rumbo definido y objetivos claros, acusado su comandante, Campero, de haber dispuesto su tropa al servicio de los Patriarcas de la Plata.
Incluye “datos seguros” a lo largo del Diario, en el que el cronista “consigna algunas ideas sobre la situación y la guerra. Es la revelación de todo lo ocurrido en cada día. Refiere algunas escenas familiares que dan aliento y fortifican al soldado en esos supremos esfuerzos que el patriotismo hace, cuando un grupo de hombres marchan en defensa de la dignidad e integridad Nacional”.
Contenido revelador
El Diario describe y enumera la relación de cuerpos de la 5ª División, bajo el comando del general Narciso Campero, conformada por cuatro batallones (Bustillo 1° de Potosí, Granaderos de la Guardia 3° de Tarija, Ayacucho 2° de Potosí, Chorolque 3° de Potosí) y el escuadrón Méndez de Tarija. A esta fuerza se sumó el Escuadrón de Francotiradores, vencedor de Tambillo, haciendo un total de dos mil 083 plazas; en Salinas de Garci Mendoza se unió la Vanguardia de la 5ª División; en Oruro se unieron el Batallón Oruro y el Batallón Grau de Cochabamba, alcanzando a dos mil 336 soldados [6]. Posteriormente se sumaron el Batallón Murillo y el Victoria, con lo que la fuerza llegó a tres mil 120 hombres, “bien armados, equipados, con abundante munición, que debían llegar al teatro de la guerra”.
Esa fuerza formidable, dirigida por una plana mayor de experimentados excombatientes de guerras internacionales, entre ellos el propio general Narciso Campero, vencedor en Iruya, Montenegro e Ingavi, y el coronel Jesús Borda, de Santa Cruz, vencedor en Socabaya, Ninabamba, Yanacocha, prisionero en Yungay y vencedor en Ingavi. El fefe de Estado Mayor era el coronel Ezequiel Apodaca de Tarija y el consagrado héroe, coronel Rufino Carrasco, de Sud Chichas. Entre los subtenientes estaba Dulfredo Campos, de Potosí [7], y el teniente 2° Macedonio Nogales, de Potosí, fue designado cajero y encargado de los libros.
En su descripción Alva identifica a los combatientes extranjeros comandante Manuel Rivarola, súbdito argentino que vino a prestar su servicio, natural de Rosario, Provincia de Santa Fe, que integró la Plana Mayor; teniente 1° Carlos Kreuters, alemán; teniente escribiente de Mayoría, Hilario F. Duchén, alemán; capitán Luis Gelabert, de Montevideo, Uruguay, “que vino desde aquel lugar a prestar sus servicios, por conocer la justicia de nuestra causa”; los argentinos subtenientes Gualberto Ruiz y Benito Ontiveros; cabo 2° Felipe Roso, de Jujuy, y el soldado Matías Borda, de Santa Victoria. El Diario relata que en Cotagaita fue conducido por los indígenas de Lípez el súbdito chileno Pedro A. Villegas, al que Campero ordenó fuera remitido a Potosí.
Por otra parte, la 5ª División incorporó a veteranos combatientes fogueados en la defensa de Calama, como el mayor Florián Flores; tenientes Federico Andia, de Cobija, Samuel Aramayo, de Talina; cabos Isidro Oquendo, Buenaventura Velásquez de Hinojosa, corneta José R. Aparicio y los soldados Francisco Morales, de La Paz; Ángel Aramayo, de Cinti; Vicente Salvador, de Oruro; José Manuel Callpa, de Lípez y Mariano Corro, de Vitichi. A esos se sumaron combatientes supernumerarios, teniente 1° Pedro P. Villegas, de Vichacla, subteniente Antonio Oyos, de San Juan; sargentos Juan Durán, de Puna, Sinforoso Masías, de Sacaca, Jacinto Fernández, de Chayanta y Avelino Lozano, de Oruro.
Principios de “imparcialidad” e “independencia” del diario
Alva revela importantes detalles sobre el método empleado y el tiempo que usó para redactarlo, que no están señalados en el Diario de Ochoa. Señala que el Diario fue “escrito en el campamento a la hora en que se tocaba el silencio”, así como la forma de acceder a la información: “manifiesta las distintas apreciaciones que se hacían y el modo como se juzgaba los hechos y de los Gobiernos, en conversaciones particulares que, si es evidente que ellos tienen un carácter reservado, no es menos cierto que definen a los hombres y deben pertenecer a la historia, para que ella y el porvenir juzguen”. Declara: “nos proponemos narrar ligeramente lo que ha sucedido, lo que se ha proyectado y ejecutado”.
El cronista oficial debía mantener con rigor principios de imparcialidad e independencia, por lo que estaba exento de informar a sus superiores del contenido de sus diarios. Alva es enfático al afirmar que por ello “no hemos tomado conocimiento del General en Jefe de la División, ni del Jefe de Estado Mayor, a quienes no hemos consultado en lo más pequeño”, por lo que “hemos querido que nuestro humilde trabajo lleve todo el sello de la independencia e imparcialidad: pues solo así podemos dar a la historia datos seguros de todo lo pasado”.
Esos “principios” no fueron óbice para que el cronista aplique una visión crítica y autocrítica en su trabajo: “no pudimos vencer los elementos por falta de tiempo y de previsión y llegar con oportunidad a nuestros primeros objetivos Calama y Tarapacá; luchando con el hambre, el frío y la desnudez; perdidos en los desiertos. No olvidemos que: vale más morir con honor que vivir con oprobio”. Con reflexión autocrítica confiesa: “quizá omito algunas particularidades, algunos hechos que no llegaron a nuestro conocimiento, o que, por lo multiplicado de nuestras ocupaciones se nos olvidaron. Hemos hecho lo posible para dar al porvenir una reseña exacta de cuanto hemos visto desde el principio de la desgraciada campaña, hasta su último desenlace”, y prevé las consecuencias de su crónica: “tal vez tengamos que herir algunas reputaciones: nada nos importa. Hemos visto de cerca nuestras desgracias, corriendo todos los azares de esa penosa, larga y desgraciada campaña: que amamos la Patria por cuya honra no omitiremos sacrificio por grande que sea, manifestaremos siempre la verdad”.
Valor histórico, político y estratégico del diario
Alva enuncia la importancia de su Diario para la Historia: “en el diario encontrarán la resolución de algunas cuestiones que hasta hoy no han sido satisfechas: ¿Por qué la 5ª División no pasó de San Cristóbal sobre Calama? ¿Por qué si no pudo pasar a Calama, no voló a incorporarse por la ruta de Guata-condo a la División del General Buendía? ¿Por qué el 26 de mayo, habiéndose visto al enemigo al frente, no se hicieron traer de Arica, los 2.000 hombres de infantería que allí existían?”.
Evoca la proyección histórica de su labor: “dar a nuestra infortunada historia, en la injusta guerra, los datos necesarios para que el nuevo ejército o las generaciones futuras, no vacilen en volver a caminar por las escabrosas sendas y áridos desiertos en busca de la reivindicación del honor Nacional ultrajado. La verdad y la justicia han sido nuestro norte. La verdad y la justicia son los únicos que pueden regenerarnos: ellas han hecho a los pueblos grandes y a los ciudadanos, abnegados en los peligros, desinteresados en los conflictos y patriotas cuando la Patria los llama en sus días de tribulación”.
Un curioso “manifiesto de los hijos del desierto”
El Diario inserta fuera del texto oficial un singular “Manifiesto de la 5ª División: los hijos del desierto”, en el que describe: “Salimos de Potosí por la ruta de Cotagaita y después de haber atravesado los desiertos llegamos a esta ciudad para irnos a unir con nuestros compatriotas de Tacna. Después de un año y meses de ausencia volvemos a nuestros hogares, dejando sepultados, víctimas del frío, del hambre, de la sed, de las enfermedades y del plomo enemigo, a la mayor parte de nuestros compañeros de vivac”. Libre de las ataduras del Diario oficial cuestiona: “Si la 5ª División no cumplió con su deber en el Sud (es) porque lo abandonaron a su propia suerte”; y en un acto de protesta afirma: “Subordinación y constancia, hemos repetido en medio del hambre, del frío y de la ausencia del hogar querido; en la soledad de los desiertos, en la algazara de los cuarteles y en los ratos de expansión en el campamento y el vivac (…) Cuan tarde hemos conocido que nuestras divergencias político-personales nos ha debilitado”.
Alva, al ser auditor de guerra, revela en el “Manifiesto” las cifras que costó sostener al Ejército, extraídas de su rendición de cuentas de 1880: “Las fuerzas en Tacna han gastado la suma de Bs. 313.645.40 centavos, inclusive forrajes, pago de empréstitos, socorro a los derrotados de San Francisco, a las familias que vinieron de allí y otros extraordinarios”, y ensaya una comparación: “La 5ª División en un año menos pocos días, ha gastado 73.031 Bs. Menos que laos batallones Colorados, Sucre e Illimani, que en solo sueldos costaban a la Nación la suma de Bs. 326.675”, para exigir: “El gobierno está en el deber de satisfacer los haberes de esa 5ª División, a la que se le deben sueldos a jefes y oficiales y cancelos a la tropa, hasta enero de 1881. Los jefes han vivido con 2 Bs. diarios, los subalternos con Bs. 1 y la tropa con 2 reales y un miserable rancho”. Revela el cuidado que tuvieron con los archivos: “Los comprobantes y libros de la 5ª División conservados a costa de todo sacrificio, traídos los últimos del teatro de la guerra, días antes del combate, han sido entregados al respectivo Ministerio, examinados por distintas comisiones y por repetidas veces”.
El cronista publica en el “Manifiesto” la relación de jefes y oficiales que no llegaron al teatro de la guerra por distintas causas, entre ellas el licenciamiento, la comisión en ministerios y destacamentos militares, por haber sido retirados del servicio o por causa de enfermedad y muerte. Dejó registrado el caso de los desertores Manuel María Olivera y Gustavo León, que fugaron antes del combate de Tambillo. A la vez, registra para la posteridad los nombres de los oficiales del Ayacucho, que habían sido agregados al Escuadrón vencedor de Tambillo y concurrieron a aquel hecho de armas, así como los vencedores en Tambillo, que combatieron en el Alto de la Alianza y de la misma los nombres de jefes y oficiales que prestaron servicios importantes en la retirada, desde Yara-palca y otros de Corocoro, por su demostrado patriotismo y solidaridad: “creemos un deber sagrado, y un deber de justicia, recordarlos como a los más sufridos defensores de la Patria. Si al soldado se le socorría con 20 centavos diarios, al jefe, al oficial no se le dada nada. Si al soldado se le socorrió en Yara-palca con un poco de harina, charqui y maíz, a los jefes y demás subalternos, no se les dio ese auxilio. Ellos marcharon subordinados, contenido los desórdenes de una funesta retirada por lugares desiertos”.
Manuel V. Alva A. nos dejó un legado de incuestionable valor para reconstruir la infausta Guerra del Pacífico. Todo boliviano, chileno y peruano deben leer y valorar su contenido.
Por Luis Oporto Ordóñez: Magister Scientiarum en Historias Andinas y Amazónicas y docente titular de la carrera de Historia de la UMSA.
1 Manuel Pascual Claros García, Diario de un excombatiente de la guerra del Pacífico, La Paz, La Nación, 1962, reimpresa por el Ministerio de Defensa, en 2018.
2 Informe del general Narciso Campero ante la Convención Nacional de 1880; Informe del Dr. Zenón Dalence, del servicio de ambulancias del Ejército.
3 Manifiesto del coronel Rufino Carrasco sobre la expedición al Litoral boliviano en 1879 y 1880.
4 Memoria del coronel Exequiel Apocada, 1879-1880; La verdad sobre la campaña de San Francisco de Miguel Armaza.
5 Impulsada por el jefe de la Comisión de Publicación de la Biblioteca, coronel Enrique Vidaurre Retamozo e integrada por el mayor Gualberto Villarroel.
6 Se ordenó al Batallón Ayacucho y al Escuadrón de Francotiradores de Tambillo, resguardar Lípez.
7 Quien tendrá protagonismo en la creación de la Provincia Bustillos, en 1908.

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