Categoría: Geopolítica

  • Huawei en el centro del tablero geopolítico

    Huawei en el centro del tablero geopolítico


    Por Pablo Gartzia -.


    Huawei es una empresa tecnológica china creada en septiembre de 1987 por un ingeniero militar llamado Ren Zhengfei en la ciudad de Shenzhen cerca de Hong Kong. Con un capital inicial, según distintas fuentes, de unos 3000 euros en la actualidad esté capital ha ascendido hasta rondar los 26,9 mil millones de $us (1987). Cuenta con unos 100.000 empleados que son propietarios, según los medios financieros online Bolsamania y Economía Digital, del 99% de las acciones de la compañía a través de un sindicato de trabajadores —lo que para nosotros sería más o menos un modelo cooperativista— y el 1% restante pertenecería a su fundador y presidente Ren Zhengfei, aunque es difícil encontrar información fiable sobre esto en los medios occidentales ya que suele estar sesgada por las acusaciones de la inteligencia estadounidense de pertenecer al Gobierno chino.

    Esta compañía ha despuntado entre otras compañías tecnológicas chinas hasta situarse entre las primeras a nivel mundial en ventas e innovación tecnológica. En 2818 aumentó sus beneficios en un 25% frente al ejercicio anterior ganando en total 7.859 millones de euros. Según la consultora tecnológica IDC las ventas globales de móviles Huawei el primer trimestre de este año 2019 se sitúan en unos 59,1 millones de unidades, solo por debajo de los 71,9 millones de Samsung y superando los 36,4 millones de Apple; en el Estado español las ventas este primer trimestre alcanzaron 1,26 millones de unidades vendidas lo que sería aproximadamente uno de cada tres móviles.

    Pero no es solo la venta de móviles el core principal del negocio de Huawei, sino la venta de equipos de telecomunicaciones y networking (routers, switches, dispositivos de fibra óptica, etc…) y por supuesto su mayor apuesta: la implementación de redes 5G sector en el cual la compañía china es líder mundial indiscutible sacando mucha ventaja en implementación e innovación sobre sus competidores occidentales. Con este cuadro no es raro que Huawei esté en el punto de mira del gobierno de los EE.UU. que ve peligrar su hegemonía en el sector de las nuevas tecnologías y las telecomunicaciones, con toda la repercusión que eso conlleva no solo para la ya de por sí maltrecha economía de los EE.UU., sino para lo que ellos llaman la “seguridad nacional”. Por que es cierto, la “seguridad nacional” de los EE.UU. se ve amenazada por la “amenaza” china, ya que, si no son ellos los que venden, distribuyen y controlan todos los dispositivos electrónicos de telecomunicaciones se les va a hacer mucho más complicado el ciberespionaje generalizado que agencias como la NSA realizan a nivel mundial. Y por supuesto a todo lo anterior hay que unirle que, aunque este año las cifras han mejorado un poco para los EE.UU. por las agresivas políticas arancelarias del presidente Trump, el año pasado el déficit comercial entre EE.UU. y China fue de unos 549.144 millones de Euros a favor de China, un 12,4% más que el año anterior y el mayor desde 2008.

    Y en este marco es en el que la administración de los EE.UU. decide introducir a Huawei en la lista negra del Departamento de Comercio que impide a las empresas estadounidenses hacer negocios con la compañía china. A partir de ese momento y durante toda esta semana se han precipitado los acontecimientos para Huawei: Google anuncia que rompe las relaciones con Huawei el pasado lunes y luego se le unen otros fabricantes como Intel, AMD, ARM, Qualcomm, el consorcio de tarjetas SD y finalmente Microsoft retirando los portátiles Huawei de su tienda online.

    ¿Cuáles son las consecuencias para los productos de Huawei tras el anuncio de la ruptura?

    Pues a nivel sistema operativo Android y Google son las siguientes, todos los productos vendidos hasta ahora no se verán afectados. Los productos que vayan a salir recibirán actualizaciones de la parte Open Source de Android, pero no de la propia Google lo cual se materializará en que los usuarios de Huawei recibirán mas tarde las actualizaciones del sistema operativo. Tampoco recibirán la nueva versión de Android que está a punto de salir y en principio tampoco tendrán actualizaciones las Apps de Google ya instaladas como YouTube, Gmail, Google Maps, etc… y en los dispositivos nuevos no se podrán instalar a través de Google Play Store.

    A nivel de suministro de microprocesadores Huawei no podrá implementar en ninguno de sus productos microprocesadores ni de Intel, ni de AMD ni Qualcomm. Esto en principio no debería ser un gran problema ya que Huawei desarrolla sus propios microprocesadores (Kirin) pero al cesar la colaboración también con ARM no pueden usar esa arquitectura que es justo la que usan los Kirin y todos los dispositivos móviles actuales. Según anuncio la propia compañía china esto no sería un problema ni en este ni en el próximo ejercicio 2019-2020 ya que tienen suficiente stock de microprocesadores y al parecer hay un fabricante taiwanés que no estaría sujeto a esta política de ARM que podría y así lo ha anunciado, seguir suministrando materiales para la fabricación de los microprocesadores Kirin, aunque algunas fuentes indican que no tienen el mismo rendimiento.
    A nivel de uso de tarjetas de memoria SD, Huawei ya no podrá utilizar el estándar SD en los productos que fabrique a partir de ahora, pero esto tampoco sería un grave problema ya que Huawei en los últimos modelos Mate 20 y P30 usa su propio estándar NM Card.

    Es en el descenso del índice de ventas y bajada de precios donde el anuncio de Trump más daño a hecho a la compañía china, esto se conoce como daño comercial, provocando un descenso de las ventas y del precio de los dispositivos. En la FNAC los teléfonos Huawei han bajado entre 10 y 50 euros por unidad. Media Markt ha anunciado un descenso de las ventas de hasta un 30% menos esta semana en comparación con la semana pasada y también han reducido el precio de los teléfonos Huawei. De momento ni Movistar ni Vodafone España han dicho nada, pero en cambio Orange si ha anunciado que seguirán vendiendo dispositivos Huawei y dando soporte sobre los mismos. También hay rumores que operadoras de Gran Bretaña y Japón están vetando a Huawei.

    Posibles respuestas de Huawei

    La principal respuesta que se está barajando desde la compañía china es lógicamente la implementación en sus dispositivos móviles de un sistema operativo alternativo desarrollado por ellos que tiene el nombre de “HongMeng OS”, basado también en el kernel (núcleo) GNU/Linux de Android. Estaba claro que Huawei ya llevaba tiempo anticipándose a este escenario y en secreto estaban desarrollando su propio sistema operativo —se dice que desde 2012— la jugada es arriesgada porque lo difícil no es crear un sistema operativo alternativo sino que termine triunfando en el mercado y para ello es necesario contar con una tienda de aplicaciones buena que haga que los consumidores tengan acceso a todas las apps más populares del mercado, no esta de más recordar que Microsoft desarrolló también un sistema operativo para móviles, Windows Phone, que aún siendo objetivamente un buen sistema operativo no triunfó por la falta de aplicaciones.

    Pero de triunfar “HongMeng OS” estaríamos ante un torpedo en plena línea de flotación del cuasi monopolio de Google en el mercado de los smartphones, porque no estamos ante una empresa con unas cuotas de mercado ínfimas como fue el caso de Microsoft en el sector de la telefonía móvil, sino estamos hablando del segundo/tercer fabricante de móviles del mundo y además el cuarto es Xiaomi que podría también implementar el nuevo sistema operativo y en ese caso tendríamos un pedazo bastante grande de los dispositivos móviles que se venden en el Mundo con una alternativa al Android de Google y aunque es cierto que AlphaNet (la empresa de Google) tiene mucho más diversificado su mercado que por ejemplo Apple, el daño a medio plazo podría ser irreversible. El escenario podría ir mas allá, ser el comienzo de un giro de la hegemonía tecnológica y de uso de los servicios de proveedores de correo electrónico y redes sociales estadounidenses: Google, Facebook, Twitter, YouTube, Gmail, etc… a unos nuevos creados por la industria china y rusa.

    Posibles respuestas del gobierno chino

    Pero como no estamos solamente ante una guerra comercial entre empresas tecnológicas por una posición hegemónica en el mercado, sino que estamos ante una guerra comercial abierta entre los EE.UU. y la República Popular de China y no sería extraño que el gobierno de esta última tomase medidas de represalias. Una de las más importantes y dañinas para la economía estadounidenses sería propiciar un boicot activo contra la venta de teléfonos iPhones en China. Uno de cada tres móviles de Apple que se venden en el mundo se venden en China y ya en marzo la consultora IDC público un informe en el que indicaba que a finales de 2018 las ventas de iPhone en el mercado chino habían caído un 19,9% mientras que las de Huawei en ese mismo mercado habían crecido un 23,3%.

    Si las ventas de iPhone en China siguen cayendo y en los últimos días ya se están resintiendo porque lógicamente los chinos están comprando en clave nacional o nacionalista ante el ataque comercial de EE.UU., la ya muy tocada economía de Apple se vería afectada seriamente e incluso su continuación en el mercado en los parámetros actuales. La otrora mayor empresa con valor en bolsa, la compañía de la manzana mordida lleva varios meses perdiendo de manera constante su valor en el índice NASQAD de Wall Street. Se calcula que en apenas tres meses del año pasado perdió cerca del 30% de su valor en bolsa, un monto total de 450 billones de dólares, que es aproximadamente el valor de Facebook. De hecho, la empresa de Cupertino, ya no hace publicó sus resultados financieros lo cual desde la óptica del inversor capitalista no es algo bueno.

    Otra de las grandes medidas de presión que puede adoptar el gobierno chino para responder a la provocación de Trump es paralizar o disminuir las exportaciones de los conocidos “minerales raros” que tan necesarios son para la fabricación de microprocesadores, pantallas LCD, baterías recargables, etc… lo cual podría poner en peligro la producción, o como mínimo, el encarecimiento de la misma en los productos de alta tecnológica.

    Y ya más a largo plazo, algo que manejan muy bien los chinos, Pekín podría junto con otros países emergentes, intentar implementar un “nuevo orden económico y financiero mundial” que tendría por objetivo destruir la hegemonía que EE.UU. tiene a través del uso del dólar como divisa universal, el uso del código SWIFT para transacciones bancarias internaciones y finalmente crear nuevos organismo financieros y económicos alternativos al Banco Mundial, FMI y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

    Esto sería realmente una disputa de incalculables consecuencias pero que podría asentar un nuevo orden mundial en el cual quedaría enterrado para siempre ese mundo unipolar soñado por los grandes estrategas estadounidenses a finales de la década de los 80, la década de los 90 y primeros años del siglo XXI y que intentó liderar en el conocido think tank neoconservador conocido como Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense / Project for the New American Century fundado en 1997 y disuelto el 2006 en el albor del nacimiento de la multipolaridad con la creación del ALBA-TCP en América Latina y el surgimiento de las potencias emergentes conocidas como los BRICS.

    Futuro inmediato del tablero geopolítico entre EE.UU. y China

    De momento ya tenemos algunos indicios de marcha atrás por parte de la administración de EE.UU. como han sido primeramente la moratoria hasta el 19 de agosto y luego las palabras del presidente Trump en las cuales indica que está dispuesto a negociar un nuevo acuerdo comercial con China que incluya a Huawei. Está claro que a corto plazo a Huawei y por extensión al resto de compañías tecnológicas chinas se les ha hecho un daño comercial muy grave, ya que a fecha de hoy es complicado que la gente sienta confianza para comprar alguno de sus productos, e igual era esto lo que realmente se buscaban porque mantener la medida a largo plazo parece insostenible.

    Esto ha sido un baño de realidad para muchas personas que se habían creído eso del “mercado libre” y la “libre competencia” dos de los mantras del capitalismo que tan fácilmente se compran. Pero lo que ha ocurrido es que mientras los chinos nos vendían sus baratijas en sus tiendas de barrios y pueblos y occidente les vendía los productos de alto valor, todo era alegría y fiesta entre los defensores del liberalismo económico. Cuando los chinos empezaron a fabricar con la misma calidad que occidente y a innovar mucho más y hemos sido nosotros los que hemos empezar a comprar sus productos tecnológicos con alto valor añadido, ya no molaba tanto eso del “libre mercado” y el “libre comercio”.

    Pero a medio y largo plazo, que es donde suelen jugar la partida siempre los chinos y si mueven muy bien sus fichas en el tablero geopolítico, ellos tienen todas las de ganar. Imaginaros un escenario en donde más del 30% de los móviles vendidos llevan un sistema operativo alternativo al de Google y al de Apple y donde un número creciente de portátiles salgan de fabrica con un Linux preinstalado y tan fácil de manejar como un Windows y encima con microprocesadores alternativos a los de Intel o AMD o Qualcomm. En ese escenario son las tecnológicas de los EE.UU. las que tienen todas las de perder y eso para la maltrecha economía estadounidense no es bueno. Por eso yo creo que la sangre no llegara al río y la administración estadounidense presionada por las propias empresas tecnológicas del país como Google, Apple, Intel, AMD, Microsoft, etc… reculará antes de que la situación sea más crítica para ellos.

  • Conflicto de Estados Unidos contra China: Mucho más que una guerra comercial (I)

    Conflicto de Estados Unidos contra China: Mucho más que una guerra comercial (I)


    Por Sergio Rodríguez Gelfenstein-.


    El planeta se encuentra suspendido de un hilo y sigue con suma expectación las noticias vinculadas a lo que se ha dado en llamar “guerra comercial” entre Estados Unidos y China. Vale debatir si en realidad se trata de una guerra y si en verdad las causas de su inicio y la actual escalada tiene un trasfondo de orden comercial.
    Como es sabido, este conflicto fue iniciado en marzo de 2018 tras un anuncio realizado por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien informó su decisión de imponer aranceles por un monto 50 mil millones de dólares a los productos chinos bajo el artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, sustentado en el supuesto de “prácticas desleales de comercio” y “robo de propiedad intelectual” por parte de la nación asiática. Unos días después, China respondió aplicando aranceles a 128 productos estadounidenses, dando origen de esa manera a un escalamiento del diferendo que pareció entrar en una etapa de tregua y posteriores negociaciones tras el encuentro de los presidentes de ambos países en Buenos Aires el pasado 1° de diciembre en el marco de la celebración de la Cumbre del G-20.

    Sin embargo, tras 11 rondas de conversaciones realizadas en ambas capitales, el conflicto lejos de acercase a una culminación exitosa, ha escalado incluso con la decisión de imponer nuevos aranceles por parte de Estados Unidos justo cuando estaba por comenzar la realización de ese décimo primer encuentro bilateral que se habría de realizar en Washington durante la segunda semana de este mes de mayo.

    El 10 de mayo Estados Unidos aumentó los aranceles a las importaciones chinas por un valor de 300 mil millones de dólares elevándolos de 10 a 25%, a lo que Beijing respondió anunciando un plan que se propone introducir gravámenes sobre las importaciones estadounidenses a partir del 1° de junio por valor de 60 mil millones de dólares.

    Pero, como hemos dicho con anterioridad, el verdadero eje del problema es que la República Popular China va logrando una superioridad tecnológica respecto de Estados Unidos que la coloca en una mejor posición para avanzar en su desarrollo hacia una economía fortalecida que la va a colocar en las próximas décadas en la vanguardia económica del planeta y que a través del Plan de la Nueva Ruta de la Seda ha generado un mecanismo que trae prosperidad no sólo a su país sino a otros pueblos del mundo corroyendo con ello el sistema mediante el cual se usan las relaciones económicas internacionales como instrumento de opresión, subordinación y miseria para la mayor parte de la humanidad.

    De manera tal que tras la llamada guerra comercial se esconde en realidad una guerra tecnológica que es expresión de la desesperación estadounidense por el elevado desarrollo científico chino, que por primera vez en los últimos 130 años ha coloca a la potencia norteamericana en un lugar secundario en este ámbito.

    El principal conflicto se ha desatado en torno a la nueva generación de comunicación móvil denominada 5G obtenida por China con un adelanto de 8 meses respecto de Estados Unidos. Vale decir que este país había consiguiendo la primacía en las previas 3G y 4G. La tecnología 5G traerá indudables implicaciones en las actividades sociales, geopolíticas, empresariales y militares al ser 40 veces más rápida que la 4G y tener una capacidad de transmisión de datos ostensiblemente mayor al poder desarrollar a través de ella la conexión de grandes bases de datos, la expansión de aplicaciones de inteligencia artificial, incluyendo robótica de carácter avanzado y la posibilidad de múltiples conexiones ultrarrápidas de internet entre ciudadanos, organizaciones y cosas como dinero móvil, vehículos sin conductores, cirugías a distancia, enseñanza virtual y uso de drones, mucho de lo cual ya está en uso en China.

    En la escalada del problema creado, el pasado 12 de mayo el gobierno de Estados Unidos difundió una lista de casi cuatro mil productos chinos a los cuales podría imponer nuevos aranceles, al mismo tiempo el presidente Trump dijo que estaba estudiando la posibilidad de decidir aplicar tarifas del 25% al resto de las mercancías chinas que hasta ese momento no tenían tales gravámenes y que había dado instrucciones para dar los pasos iniciales en esa dirección a partir de lo cual la administración estadounidense dio inicio formal al proceso de aprobación de nuevos impuestos con la publicación de un listado de 3805 categorías de bienes valorados en 300 mil millones de dólares anuales, el cual incluye mercancías como celulares, computadoras personales, leche, acero y aluminio.

    De manera frontal, y utilizando un tono inusitado para su tradición diplomática, la respuesta china fue frontal, el martes 14 de mayo el portavoz de la Cancillería, Geng Shuang informó que “La experiencia anterior fue testimonio de que China no quiere una guerra comercial, pero tampoco tiene miedo de ella; si alguien provoca una guerra en la entrada a nuestra casa, vamos a luchar hasta vencer”. Geng también manifestó la esperanza de que Estados Unidos no menosprecie la disposición de China de defender sus intereses. De manera clara, China ha asumido que lo que ha decidido Estados Unidos es la realización de una guerra y como tal se está preparando para defenderse y contrarrestar los efectos de la misma. No hay que olvidar que la guerra es la continuación de la política y Estados Unidos ha decidido una política de confrontación y enfrentamiento para lograr la derrota del enemigo.

    Al día siguiente, 15 de mayo, en un editorial titulado: «China ha hecho la preparación integral» leída en el noticiero estelar de la Televisión Central de China (CCTV) el gobierno envió un mensaje al pueblo en el que se informa acerca de de su posición en torno a la confrontación planteada por Estados Unidos. En el mismo se comunica que «…no queremos esta lucha, pero no tenemos miedo y vamos a luchar si es necesario». En el imaginario de los ciudadanos chinos, el trasfondo del conflicto no tiene carácter comercial ni económico, sino que lo ha entendido como una lucha por el honor y en salvaguarda de la integridad del país. El editorial antes mencionado toma nota de este sentimiento y lo manifiesta de la siguiente forma: «Para la nación china que ha experimentado varias tormentas en los últimos 5.000 años, ¿hay alguna situación que no hemos visto antes? En el proceso de la gran revitalización de la nación, tiene que haber dificultades e incluso olas terribles. La guerra comercial provocada por Estados Unidos es sólo una barrera en el camino de desarrollo de China, y no es un gran problema en absoluto».

    La respuesta china produjo irritación extrema en Washington, no acostumbrado a que alguien en el mundo le responda de igual a igual, el jueves 16 de mayo, el presidente Trump afirmó que China resultaría gravemente perjudicada si los dos países no llegan a un acuerdo comercial porque las tarifas impuestas por Estados Unidos obligarán a las compañías a trasladar la producción a otros países.

    Vale considerar que en su comparecencia ante los medios de comunicación el portavoz Geng había expresado que Estados Unidos no necesitaba preocuparse por la estabilidad de China porque durante las cuatro décadas de desarrollo de la política de reforma y apertura, el entorno de inversión extranjera del país había mejorado continuamente, lo que ha conducido a que China sea uno de los mayores destinos en el mundo para la inversión extranjera alcanzando un nivel récord en diciembre del año pasado.

    Este último aumento de las tasas, impulsado por el presidente Trump y los planes de China de contrarrestarlas, han influido negativamente en las empresas estadounidenses afincadas en el país asiático. En ese marco, contradiciendo a Trump quien afirmó que lo que tenían que hacer las empresas estadounidenses era construir sus fábricas o manufacturar sus productos en Estados Unidos, para lo cual no tendrían que pagar ningún arancel, algunas de las principales compañías han dudado de ese ofrecimiento e incluso Exxon Mobil decidió establecer un proyecto de productos petroquímicos a gran escala en China. De la misma manera, la fabricante de vehículos eléctricos Tesla comenzó oficialmente la construcción de una planta de fabricación en Shanghái, su primera en el extranjero, y la corporación agrícola Cargill decidió ampliar su capacidad de procesamiento central en la provincia china de Jilin en abril. De la misma manera, un grupo de 170 empresas de la industria del calzado encabezadas por Adidas, Nike, Converse, Puma y Clarks entre otras, han enviado una carta al presidente Donald Trump en la que le instaron a reconsiderar los aranceles a los zapatos fabricados en China, al estimar que tal política puede resultar «catastrófica» para «empresas, consumidores y la economía estadounidense en general», considerando que el 72% de los zapatos que importa Estados Unidos, provienen de China.

    Tales hechos dan cuenta de que estas empresas, dado su carácter transnacional no necesariamente actúan en sintonía con su país de origen, sino que deciden sus destinos de inversión y eligen a sus socios comerciales a partir de sus mejores intereses en la búsqueda de mayor ganancia. Retirarse de China podría significar para estas empresas la pérdida del mayor mercado mundial, que además está en permanente expansión dados los importantes avances de China en la lucha contra la pobreza y el incremento constante en los niveles de consumo de su población.

    Por otra parte, en un esfuerzo por atraer nuevos inversionistas y mantener los que tienen, China continúa reduciendo las limitaciones para la inversión extranjera, reservándose para si, solo las áreas estratégicas de la economía y las que están vinculadas a la industria para la defensa.

    En ese ámbito, la nueva Ley de Inversión Extranjera, que entrará en vigencia el 1° de enero de 2020, fomentará más inversiones en China ya que generará una mayor confianza en un entorno estable, transparente, previsible y justo para las inversiones extranjeras. Las medidas para la ampliación y mayor eficiencia (que incluye una fuerte lucha contra la corrupción) en la aplicación de la política de reforma y apertura permitirán además la racionalización y una mayor descentralización en la toma de decisiones incidiendo en la creación de un mejor ambiente empresarial en el país.

    En esa medida, Estados Unidos se enfrenta a racionales políticas de Estado asumidas por la dirección china encaminadas a hacer avanzar la economía, evitando en todo momento el conflicto y enfrentándolo solo porque es un escollo que la insensata administración Trump ha planeado como vía para que su país pueda salir del marasmo económico en el que se encuentra.

    En ese sentido, los datos que aporta una encuesta realizada entre el 16 y el 20 de mayo de manera conjunta por la Cámara de Comercio Americana en Shanghái (AmCham Shanghai) y la Cámara de Comercio Americana en China, con sede en Beijing (AmCham China) establece con claridad que las medidas tomadas por el presidente Trump están incidiendo negativamente en las empresas estadounidenses que se encuentran en China. La pesquisa da cuenta que el mayor impacto viene dado por el perjuicio a la competitividad de la gran mayoría de los encuestados (el 74,9%), lo cual se ha reflejado en una menor demanda de mercancías, mayores costos de producción y superiores precios de venta de productos que condujeron a mayores costos operativos que tuvieron fuerte impacto en el 45,6% de las empresas que se vieron impelidas a localizar fuentes alternas para la colocación de sus productos.

    No obstante, China había tomado medidas en ese sentido, cuya comprensión generó grandes debates en diferentes escenarios, en torno al estado real de la economía china, toda vez que las mismas expusieron que ella se encontraba en un proceso de ralentización indetenible, sin embargo, el gobierno chino explicaba que dadas las dificultades por las que atravesaba la economía global se hacía necesario disminuir las metas en el crecimiento del PIB, y trasladar el producto que emanaba de esa mengua en el flujo de las exportaciones a su gigantesco mercado interno que todavía posee un gran potencial para absorber los excedentes de producción que el conflicto generado por el gobierno de Estados Unidos podría crear. Así, muchas empresas estadounidenses y de otros países, se han acogido al plan “En China, para China” que consiste en ubicar su producción en el mercado local de un país poseedor de un potencial de 1.4 millones de consumidores. El gigantesco mercado chino es la primera arma que tiene ese país para enfrentar la guerra de Trump… pero no es la única.

  • EE. UU. y la disputa por la infraestructura en América Latina

    EE. UU. y la disputa por la infraestructura en América Latina

    América Latina “es una prioridad estratégica para Estados Unidos (EE. UU.)”. Eso aseguró Kimberly Breier, subsecretaria de Estado de EE. UU. para Asuntos Hemisféricos, en la Cumbre de la Concordia realizada en Bogotá a mediados de mayo (protagonizada por funcionarios, empresarios y miembros de fundaciones y ONG de EE. UU. y diferentes países de América Latina).[1]

    En efecto, a pesar de que en campaña electoral Donald Trump desdeñara abiertamente a la región, en su Gobierno ha hecho de América Latina un espacio “privilegiado” de su política exterior: se realizaron por lo menos 20 viajes de funcionarios estadounidenses de alto rango y se celebraron más de 30 reuniones entre funcionarios latinoamericanos y miembros del Gobierno-sector privado de EE. UU., abarcando temas e intereses que van más allá del conflicto con Venezuela.

    Breier especificó que esta prioridad de América Latina implica un compromiso más profundo de los EE. UU., “una mayor inversión de empresas estadounidenses”. Aclaró que EE. UU. sigue siendo el principal socio comercial de más de dos tercios de los países del hemisferio, con inversiones que superan los mil millones de dólares. Pero lo que más interesa hoy al Gobierno-sector privado de EE. UU. es la inversión en infraestructura, rubro en disputa especialmente con China. Esto se hizo evidente cuando sentenció que “las empresas chinas deben actuar en igualdad de condiciones, observando las normas y respetando los estándares ambientales y laborales”.

    La frase no es inocente. Por un lado supone, de algún modo, que las empresas de EE. UU. en América Latina sí respetan estos estándares –afirmación que difiere de la trayectoria de las transnacionales estadounidenses en la región desde finales de la Segunda Guerra Mundial.[2]

    Por otro lado, las críticas del Gobierno estadounidense coinciden con las denuncias de organismos internacionales, instituciones financieras internacionales y ONGs con respecto a la “poca transparencia”, los estándares “desconocidos” de la inversión china y el impacto ambiental (que no se ajustan del todo a las pautas de los organismos del capitalismo occidental).

    Breier destacó el lanzamiento de la “Ley BUILD” en EE. UU. para modernizar las capacidades estadounidenses de financiamiento del desarrollo, por medio de la cual estarían dispuestos a aportar hasta 60.000 millones de dólares mediante la Corporación Internacional de Financiamiento para el Desarrollo, organismo creado en 2018 y que une los presupuestos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y de OPIC. Es dirigido por el Consejo de Seguridad Nacional y la Oficina de Administración y Presupuesto de la USAID.[3]

    Entre sus objetivos está posicionarse en aquellos países donde la presencia comercial y financiera de China ha adquirido mayor presencia, como Brasil,[4]Chile[5] y Perú.[6]

    A su vez, el rubro clave para EE. UU. en materia de inversión en infraestructura es el energético, proponiendo la iniciativa “América Crece”, para destinar capital privado al desarrollo de energía e infraestructura en la región.

    La USAID: de la “asistencia para el desarrollo” a la inversión

    En la misma semana en la que Breier se paseó por algunos países de América del Sur, Mark Green, administrador de la USAID, se ocupó de estrechar vínculos con Colombia, Ecuador y los países del Caribe (no sólo en el marco de la guerra contra Venezuela, sino como parte de una buscada expansión de EE. UU. en las economías de la región). Claro que también asistió a la Reunión de la Concordia en Bogotá, junto con Breier.[7]

    En Colombia, entre otros menesteres, Green anunció una expansión del Acuerdo Bilateral de Asistencia para Alcanzar los Objetivos de Desarrollo con Colombia (donde la USAID aportaría 160 millones de dólares). Pero la novedad fue el retorno de USAID a Ecuador,[8] donde ser firmaron acuerdos para el cuidado del medioambiente, asistencia ante desastres naturales, programas de desarrollo económico, etc.

    También reafirmaron el apoyo incondicional de USAID para la lucha contra la corrupción, a favor de los derechos humanos, el fortalecimiento institucional y de la sociedad civil, repitiendo un esquema clásico de injerencia de esta institución en la definición de políticas en todos estos ámbitos.[9]

    El otro destino clave de Green fue el Caribe, con la marca de “Caribe 2020”, definida como “una estrategia plurianual para incrementar la seguridad, prosperidad y bienestar de los pueblos estadounidenses y caribeños”. En efecto, la presencia económica, cultural (y política) de EE. UU. en el Caribe es significativa: en 2016, sus alianzas comerciales con esa región representaron un superávit comercial de 4.600 millones para EE. UU., 14 millones de visitas turísticas estadounidenses y 11.042 estudiantes caribeños cursando estudios en los EE. UU.[10]

    Pero también en el Caribe los focos están puestos en la inversión en energía. El Gobierno de EE. UU. propone liderar las “reformas en el sector energético y los servicios públicos” para impulsar la inversión privada y las exportaciones estadounidenses de tecnología (es decir, expandir la economía de EE. UU.). Uno de los argumentos para convencer sobre este rol que debe asumir el país, es que las exportaciones de gas natural y el uso de tecnologías energéticas renovables estadounidenses son “alternativas más limpias y económicas al uso de petróleo pesado y asimismo reducirá la dependencia en Venezuela”[11] –frase nada inocente, que expone con claridad la disputa geopolítica y geoeconómica en curso.

    Infraestructura: el sector clave de América Latina

    EE. UU. (y China) sabe que América Latina es un espacio clave para las inversiones en infraestructura, y que dicho sector es uno de los ejes de la disputa geopolítica en este hemisferio (por momentos invisible, otras veces más explícita). Según la CEPAL, entre 2012 y 2020 los países de la región deberían destinar el 6,2% del PIB a infraestructura para cubrir diferentes tipos de de necesidades. Sin embargo, la suma destinada es, a duras penas, del 3%. Los análisis de escenarios para inversiones privadas celebran que con la llegada de gobiernos de derecha y el cambio en los marcos legales para inversión en infraestructura, mejoraría el escenario para atraer inversiones privadas en el rubro.[12]

    Se proyecta que el gasto en infraestructura alcanzará en 2020, aproximadamente, los 176 mil millones de dólares, con un total de 1.711 proyectos a gran escala, con un valor combinado de 829 mil millones de dólares[13] (incluyendo proyectos anunciados y a ejecutarse en Brasil, Chile, México y Perú).[14]

    El sector al que se dirige la mayor inversión en infraestructura es el de electricidad y energía, con proyectos que implican aproximadamente 382 mil millones de dólares.[15] Debe recordarse que este es, precisamente, el “nicho” en el que busca liderar EE. UU., como se expuso más arriba.

    ¿Quiénes lideran la inversión en infraestructura? ¿De dónde provienen los capitales?

    En la última década, la mayor parte del capital privado para infraestructura en América Latina provino de los bancos. El principal capital fue puesto a disposición por el Banco Santander, como principal prestamista en proyectos de infraestructura en la región, contribuyendo con más de 12 mil millones de dólares entre 2013 y 2017. El principal accionista de Santander, es BlackRock (ver recuadro). Otro inversor importante es BBVA (que cubrió préstamos por casi 2 mil millones de dólares entre 2013 y 2017), cuyo principal accionista es también BlackRock.[16]

    Aunque distante al monto auspiciado por Santander, la presencia de bancos asiáticos también va en aumento (préstamos para inversión en infraestructura de 8 mil millones, entre 2013 y 2017.[17]

    BlackRock es una empresa transnacional estadounidense dedicada a la administración de los fondos de inversión. Los activos de la empresa rondaron los 6,52 mil millones de dólares y tiene presencia en 30 países. Entre sus directivos encontramos a Laurence Fink, que forma parte del Council on Foreign Relations; Murry S. Gerber, quien tiene conexiones con Halliburton y la United States Steel Company; Jessica Einhorn, con amplia trayectoria en el Estado y Organismos Internacionales: el FMI, la USAID, el Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado.[18]

    Por último, pero no menos importante, es que probablemente tanto el avance de EE. UU. como el del capital chino en infraestructura se haya profundizado gracias a la debacle de translatinas como Odebrecht, que luego del “mega escándalo de corrupción” dejó inconclusos varios proyectos de infraestructura en numerosos países de la región, e incluso en EE. UU. En este escenario, parece clave indagar en los contratistas que quedaron a cargo de dichos proyectos.

    EE. UU. vs. China: actualidad y proyección

    La mayoría de las publicaciones especializadas y las notas de prensa sobre la inversión China en América Latina dejan entrever que ya es el principal inversor, que se está apropiando de los mercados y de los recursos, etc. Y es que el incremento de la presencia china en América Latina es un dato incontrastable. Sin embargo, en lo expuesto hasta aquí, vemos que EE. UU. sigue siendo el principal socio comercial de la gran mayoría de los países de América Latina, y ha tomado nota de la competencia china en inversión en infraestructura. Vale destacar que EE. UU. tiene aceitados mecanismos institucionales y políticos, así como vínculos culturales, que le brindan ciertas ventajas comparativas en esta disputa por mercados y recursos. De este modo, así como se considera el interés de China en América Latina, es importante no desconocer que en este hemisferio predominan capitales e intereses “occidentales”, que vienen impulsando prácticas y dinámicas que contribuyeron a la primarización de las economías, a la adopción del patrón maquilador y la profundización de la dependencia política y económica.


    [1]https://translations.state.gov/2019/05/13/discurso-sobre-una-nueva-era-en-las-americas-durante-la-cumbre-concordia-americas-2019/?utm_medium=email&utm_source=govdelivery

    [2] Petars, James y Veltmeyer, Henry (2007) Juicio a las multinacionales. Inversión extranjera e imperialismo. México: Lumen.

    [3]https://www.usaid.gov/news-information/press-releases/oct-3-2018-administrator-green-statement-creation-usidfc

    [4]http://agenciabrasil.ebc.com.br/es/economia/noticia/2019-01/china-se-mantiene-destino-principal-de-exportaciones-brasilenas

    [5]http://www.sice.oas.org/ctyindex/CHL/DIRECON_01_03_2018_s.pdf

    [6]https://rpp.pe/economia/economia/intercambio-comercial-entre-el-peru-y-china-aumento-14-en-el-2018-noticia-1197063

    [7]https://translations.state.gov/2019/05/14/visita-del-administrador-de-usaid-mark-green-a-bogota-colombia/?utm_medium=email&utm_source=govdelivery

    [8]https://actualidad.rt.com/actualidad/314928-usaid-regresar-ecuador-coopeeracion-internacional-eeuu.

    [9]https://www.eluniverso.com/noticias/2019/05/15/nota/7331246/ocho-objetivos-tematicos-tiene-usaid-cooperacion-ecuador. Ejemplo sobre incidencia USAID en definición de políticas, ver: Tellería, Loretta y González, Reina (2015) Hegemonía territorial fallida. Estrategias de control y dominación de Estados Unidos en Bolivia: 1985-2012. La Paz, Bolivia: Centro de Investigaciones Sociales, Vicepresidencia del Estado, Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia

    [10]https://www.state.gov/wp-content/uploads/2018/12/U.S.-Strategy-for-Engagement-in-the-Caribbean-Spanish.pdf

    [11]https://www.state.gov/wp-content/uploads/2018/12/U.S.-Strategy-for-Engagement-in-the-Caribbean-Spanish.pdf

    [12]https://www.financierworldwide.com/latin-america-infrastructure-outlook-for-2018#.XOLrRchKjIU

    [13]https://www.apnews.com/Business%20Wire/8331b0e7f7e44b1b967ba3d145363002

    [14] El país con mayores inversiones en infraestructura es Brasil, con un total de 421 proyectos valuados en 241 mil millones de dólares. Le sigue Chile con 309 proyectos que implican 117 mil millones; Perú, con 230 proyectos que implican 83 mil millones y México con 209 proyectos que implican 98 mil millones (ibid).

    [15]https://www.apnews.com/Business%20Wire/8331b0e7f7e44b1b967ba3d145363002

    [16]“Overview of infraestructura investment in Latin America”, Marsh y Mc Lennan-Inter American Development Bank, 2018.

    [17]Ibid.

    [18]http://ir.blackrock.com/board-of-directors

  • Venezuela y la geopolítica mundial

    Venezuela y la geopolítica mundial


    Por Ángel Guerra Cabrera -.


    Venezuela fue foco y manzana de la discordia fundamental de la reunión sostenida en Sochi el 14 de mayo por los jefes de las diplomacias de Rusia y Estados Unidos, Sergéi Lavrov y Mike Pompeo. Seguida por un encuentro de los dos altos funcionarios con el presidente Vladimir Putin, la centralidad del país bolivariano en la cita resulta más significativa por tratarse de la primera visita de Pompeo como secretario de Estado al país eslavo en el contexto de un largo período de envenenadas relaciones bilaterales entre las dos potencias, que se remonta al primer gobierno de Obama.

    También, por haberse contemplado en la agenda varios de los temas candentes de la relación bilateral y, a la vez, de la escena internacional, entre ellos Ucrania, el programa nuclear de Irán, Siria, Corea del Norte, la supuesta interferencia rusa en las elecciones y la política interior de Estados Unidos, y los tratados de control de armas nucleares.
    Las posturas sobre la patria de Bolívar no pudieron ser más distantes.

    Así, Lavrov manifestó: «Rusia está a favor de que el pueblo (de Venezuela) determine su futuro, y… es de suma importancia que todas las fuerzas patrióticas responsables de la política de ese país inicien un diálogo entre ellas… en el marco del llamado Mecanismo de Montevideo. Y el gobierno… ha afirmado Maduro, está dispuesto a ese diálogo».

    Más adelante: «Las amenazas contra el gobierno de Maduro… de los representantes… de la administración estadounidense y de Guaidó, que constantemente recuerda su derecho a invitar a la intervención armada desde el exterior, no tienen nada en común con la democracia».

    A su vez, Pompeo: «Insto a que mis colegas rusos apoyen al pueblo venezolano mientras devuelven la democracia a su país. Estados Unidos y más de 50 otras naciones coinciden en que ha llegado el momento de que Nicolás Maduro se vaya… esperamos que el apoyo de Rusia a Maduro termine». Lavrov, en una fina estocada, recordó cómo han terminado los intentos de llevar la democracia a Irak, Libia y otras naciones.

    Aunque las sesiones en Sochi hayan evidenciado el desacuerdo de ambas partes en la mayoría de los temas, si condujeran a establecer un mecanismo regular de consultas entre Moscú y Washington, podría constituir una importante contribución a crear una pequeña válvula de escape a la cada vez más caldeada atmosfera internacional. Aunque no fuera tratado en Sochi, no debe perderse de vista el barril de pólvora en que nos ha sentado Trump con la guerra comercial contra China y su plan de “paz” para Palestina, que implicaría barrer con su ya casi inexistente soberanía económica y territorial y el más duro ataque a la recia identidad de ese pueblo.

    No pocos analistas de distinto signo político se han referido al grave peligro de desencadenamiento de un conflicto bélico ruso-estadounidense creado por el presidente de Estados Unidos y su equipo al escalar las amenazas a Venezuela y la retórica contra Rusia por su apoyo a la soberanía del país suramericano.

    Incluidas las importantes relaciones económicas bilaterales y el convenio de cooperación militar ruso-venezolano. Al margen de las posturas opuestas, este peligro podría disminuir si existiera una más fluida comunicación entre Moscú y Washington. De la misma manera, si la potencia del norte llegara a darse cuenta al fin de que por la fuerza no puede romper la estoica resistencia chavista, una relación menos enrarecida con Moscú podría facilitar el establecimiento de un diálogo político entre las “fuerzas patrióticas” venezolanas, como el aludido por el canciller ruso.

    Tanto Pompeo como Putin y Lavrov expresaron su satisfacción por las pláticas. Pompeo declaró encontrarse en el balneario del Mar Negro “porque el presidente Trump está decidido a mejorar las relaciones con Rusia”. Por su parte, Putin expresó: «Como saben, hace unos días tuve el placer de hablar con el presidente estadounidense vía telefónica, y tuve la impresión de que él está dispuesto a restaurar las relaciones ruso-estadounidenses… y resolver conjuntamente las cuestiones que representan un interés mutuo».

    Por nuestra parte, dijimos en repetidas ocasiones que también nos gustaría restaurar las relaciones plenamente, espero que se estén creando ahora las condiciones necesarias para esto». También expresó su disposición a colaborar con Washington en relación a Corea del Norte, Afganistán, el mercado mundial de energía y avanzar en el diálogo estratégico.

    En resumen, es un pequeño paso el dado por Moscú y Washington, probablemente facilitado por la publicación del informe del fiscal Mueller. El asesor de Putin, Yuri Ushakov, calificó de constructivo el enfoque de Estados Unidos en las conversaciones, pero opinó que no se ha producido «un gran avance». Si uno piensa en la prepotencia y la estulticia del equipo de política exterior de Trump no es para estar optimista. Pero la lucha y la solidaridad entre los pueblos obra milagros y esa es nuestra esperanza.

  • Venezuela y la geopolítica mundial

    Venezuela y la geopolítica mundial


    Por Ángel Guerra-.


    Venezuela fue foco y manzana de la discordia fundamental de la reunión sostenida en Sochi el 14 de mayo por los jefes de las diplomacias de Rusia y Estados Unidos, Sergéi Lavrov y Mike Pompeo. Seguida por un encuentro de los dos altos funcionarios con el presidente Vladimir Putin, la centralidad del país bolivariano en la cita resulta más significativa por tratarse de la primera visita de Pompeo como secretario de Estado al país eslavo en el contexto de un largo período de envenenadas relaciones bilaterales entre las dos potencias, que se remonta al primer gobierno de Obama.

    También, por haberse contemplado en la agenda varios de los temas candentes de la relación bilateral y, a la vez, de la escena internacional, entre ellos Ucrania, el programa nuclear de Irán, Siria, Corea del Norte, la supuesta interferencia rusa en las elecciones y la política interior de Estados Unidos, y los tratados de control de armas nucleares.

    Las posturas sobre la patria de Bolívar no pudieron ser más distantes.

    Así, Lavrov manifestó: «Rusia está a favor de que el pueblo(de Venezuela) determine su futuro, y… es de suma importancia que todas las fuerzas patrióticas responsables de la política de ese país inicien un diálogo entre ellas… en el marco del llamado Mecanismo de Montevideo. Y el gobierno… ha afirmado Maduro, está dispuesto a ese diálogo».

    Más adelante: «Las amenazas contra el gobierno de Maduro… de los representantes… de la administración estadounidense y de Guaidó, que constantemente recuerda su derecho a invitar a la intervención armada desde el exterior, no tienen nada en común con la democracia».

    A su vez, Pompeo: «Insto a que mis colegas rusos apoyen al pueblo venezolano mientras devuelven la democracia a su país. Estados Unidos y más de 50 otras naciones coinciden en que ha llegado el momento de que Nicolás Maduro se vaya… esperamos que el apoyo de Rusia a Maduro termine».Lavrov, en una fina estocada, recordó cómo han terminado los intentos de llevar la democracia a Irak, Libia y otras naciones.

    Aunque las sesiones en Sochi hayan evidenciado el desacuerdo de ambas partes en la mayoría de los temas, si condujeran a establecer un mecanismo regular de consultas entre Moscú y Washington, podría constituir una importante contribución a crear una pequeña válvula de escape a la cada vez más caldeada atmósfera internacional. Aunque no fuera tratado en Sochi, no debe perderse de vista el barril de pólvora en que nos ha sentado Trump con la guerra comercial contra China y su plan de “paz” para Palestina, que implicaría barrer con su ya casi inexistente soberanía económica y territorial y el más duro ataque a la recia identidad de ese pueblo.

    No pocos analistas de distinto signo político se han referido al grave peligro de desencadenamiento de un conflicto bélico ruso-estadounidense creado por el presidente de Estados Unidos y su equipo al escalar las amenazas a Venezuela y la retórica contra Rusia por su apoyo a la soberanía del país suramericano. Incluidas las importantes relaciones económicas bilaterales y el convenio de cooperación militar ruso-venezolano. Al margen de las posturas opuestas, este peligro podría disminuir si existiera una más fluida comunicación entre Moscú y Washington. De la misma manera, si la potencia del norte llegara a darse cuenta al fin de que por la fuerza no puede romper la estoica resistencia chavista, una relación menos enrarecida con Moscú podría facilitar el establecimiento de un diálogo político entre las “fuerzas patrióticas” venezolanas, como el aludido por el canciller ruso.

    Tanto Pompeo como Putin y Lavrov expresaron su satisfacción por las pláticas. Pompeo declaró encontrarse en el balneario del Mar Negro“porque el presidente Trump está decidido a mejorar las relaciones con Rusia”. Por su parte, Putin expresó «Como saben, hace unos días tuve el placer de hablar con el presidente estadounidense vía telefónica, y tuve la impresión de que él está dispuesto a restaurar las relaciones ruso-estadounidenses… y resolver conjuntamente las cuestiones que representan un interés mutuo». Por nuestra parte, dijimos en repetidas ocasiones que también nos gustaría restaurar las relaciones plenamente, espero que se estén creando ahora las condiciones necesarias para esto».

    También expresó su disposición a colaborar con Washington en relación a Corea del Norte, Afganistán, el mercado mundial de energía y avanzar en el diálogo estratégico.

    En resumen, es un pequeño paso el dado por Moscú y Washington, probablemente facilitado por la publicación del informe del fiscal Mueller. El asesor de Putin, Yuri Ushakov calificó de constructivo el enfoque de Estados Unidos en las conversaciones, pero opinó que no se ha producido «un gran avance». Si uno piensa en la prepotencia y la estulticia del equipo de política exterior de Trump no es para estar optimista. Pero la lucha y la solidaridad entre los pueblos obra milagros y esa es nuestra esperanza.

  • La actualización anacrónica de la Doctrina Monroe de 1823


    Por Jorge Elbaum-.


    La agenda geopolítica de Latinoamérica está anclada en la situación de Venezuela. Sin embargo, esa sobreexposición mediática oculta situaciones que pretenden ser disimuladas o directamente veladas, en aras de posicionar imágenes y relatos funcionales al sentido común hegemónico.
    Los sucesos acaecidos en las últimas semanas en Colombia, donde se multiplican los asesinatos de líderes sociales y políticos, sumados a la primera marcha contra el Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), permanecen invisibilizados detrás del bombardeo noticioso centrado en la situación del gobierno de Nicolás Maduro, desafiado por el autoproclamado presidente Juan Guaidó y sus pilares del Pentágono.

    En el caso de Colombia, el gobierno de Iván Duque se ha constituido en el aliado más cercano de Estados Unidos en la región. En mayo de 2018 se ha sumado, como integrante (limitado) a la Organización del Atlántico Norte (OTAN), en contradicción de los protocolos firmados por todos los Estados de América Latina, comprometidos a garantizar el subcontinente como una zona de paz, libre de armas nucleares. El 22 de febrero último, luego de la visita de Duque a la Casa Blanca, Bogotá autorizó el uso de su territorio para vulnerar la frontera con Caracas, bajo el pretexto de una supuesta ayuda humanitaria, que no había sido autorizada por el gobierno chavista.

    Días después del fracaso fronterizo, liderado por Duque, Guaidó y el Comando Sur, Washington intentó relanzar el Grupo de Lima, conformado por los países alineados en la cruzada contra el chavismo. La oposición de México, luego del triunfo de AMLO, y la opción propuesta por Uruguay, ambas orientadas a negociaciones de tipo diplomático, redujeron al capacidad de movimiento y la cohesión de dicho colectivo sometido a la voluntad del Departamento de Estado. En ese lapso, varios sucesos internos de México y Colombia pasaron desapercibidos pese a su fuerte incidencia doméstica y sus implicancias futuras para el resto del continente.

    El último martes 7 de mayo, la líder social Francia Márquez, distinguida en 2018 con el premio Goldman —galardón análogo a un Premio Nobel del medio ambiente—, sufrió un atentado con granadas y armas de fuego. Márquez había recibido en 2015 el Premio Nacional de Derechos Humanos por defender a las comunidades campesinas de la minería ilegal y enfrentar a las autoridades que promueven en forma sistemática el uso de pesticidas para simular el combate contra las plantaciones de coca, controladas por narcotraficantes asociados a los partidos conservadores. En los cuatro meses de 2019 han sido asesinados 30 referentes sociales y durante 2018 el número alcanzó los 113, a manos de sicarios ligados a la sustracción de tierras campesinas.

    Desde el inicio del denominado Plan Colombia, en el año 2000, financiado en su totalidad por Washington, se han inyectado 10.500 millones de dólares con el objetivo de reducir los cultivos de coca. Sin embargo, en forma llamativa, no ha dejado de crecer la extensión de tierra dedicada a dichas plantaciones. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODOC), la siembra en el territorio colombiano han alcanzado las 171.000 hectáreas en 2017, un 17% más que el año anterior.

    La superficie total a nivel a mundial alcanza las 213.000 hectáreas. Un 69 % tiene sede en Colombia. Las innovaciones biotecnológicas introducidas por los poderosos carteles han llevado, además, a que las plantaciones tripliquen su potencial productivo. Si se suma la superficie cultivada por el otro socio estratégico de Washington en América del Sur (Perú), el porcentual llega al 90 % global. Este vínculo entre los dos integrantes del Grupo de Lima ha permitido el ingreso de grandes flujos de divisas que han contribuido tanto al desarrollo de los respectivos mercados internos (mediante el blanqueo de activos) como al deterioro de los organismos de seguridad y la degradación de los estrados judiciales, inficionados por los circuitos prebendarios del dinero negro.

    Latifundio blanco

    Desde 2013 el territorio sembrado se ha incrementado un 45 por ciento, inyectando 2500 millones de dólares anuales dentro de la economía negra de ese país, parte de los cuales se utilizan para financiar a los paramilitares que asesinan a quienes buscan salvaguardar las tierras comunales pertenecientes a los campesinos.[1]

    Un cuarto de siglo después de que fuera ultimado Pablo Escobar en Medellín, y que se firmara el acuerdo de paz con la guerrilla más numerosa del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en 2016, las plantaciones de coca han crecido en forma sistemática. Por su parte, como retribución a los aportes realizados por Washington, el gobierno colombiano ha decidido que la forma más eficiente de combatir a los cocaleros es a través del rociamiento indiscriminado de glifosato. El efecto de esa medida ha sido la expulsión de las comunidades campesinas, que empezaron a sufrir graves enfermedades respiratorias, epidérmicas y degenerativas. Sus campos se vieron afectados por los pesticidas al mismo tiempo que fueron forzados a abandonar sus tierras para ampliar aún más las zonas controladas por los paramilitares cocaleros.

    El consecuente incremento de la producción de clorhidrato de cocaína y pasta base no ha sido óbice para la expansión de las bases de Estados Unidos en Colombia ni para la continua participación de ejercicios militares combinados entre Washington y Bogotá, como los recientes Red Flag (entrenamiento en combate aéreo), realizado en 2018, y el Amazon Log, llevado a cabo en la triple frontera compartida por Perú, Colombia y Brasil. Uno de los logros más curiosos del vínculo militar con Washington fue la migración de los centros de comercialización desde Cali y Medellín hacia el denominado triángulo norte, bajo la hegemonía y control de los carteles mexicanos, prioritarios responsables actuales del ingreso de los estupefacientes al mercado estadounidense.

    El incremento de los territorios ocupados por la coca, la ampliación de la oferta y la sistemática reducción del precio internacional de cocaína amplió además la cantidad de líderes sociales campesinos y ambientalistas asesinados, a quienes se persigue por defender tierras sin control de los carteles. Las grandes extensiones de cultivo se encuentran en la zona limítrofe con Venezuela, territorios donde se encuentran desplegados la mayor parte de los paramilitares que controlan las plantaciones. Colombia concluyó el año 2018, según ACNUR, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, en plena ofensiva contra el gobierno de Maduro, como el país con más desplazados internos en todo el mundo.[2]

    La lucha contra el narcotráfico, en el formato sugerido por Washington, continúa en México su capítulo sangriento, donde la comercialización ha sido monopolizada por los carteles responsables de ingresar la producción colombiana y peruana a territorio estadounidense. Desde principios del siglo XXI la guerra contra el narcotráfico, en su formato neoliberal, se ha cobrado un cuarto de millón de muertos. El promedio de asesinados ligado a la economía negra del narco asciende, en promedio, a 25.000 homicidios anuales desde el año 2000, sumados a 50.000 desaparecidos. Los costos sociales que ha generado la aplicación del neoliberalismo en México han incrementado los flujos migratorios como producto de la desocupación y del acople asimétrico con su vecino del norte. En Estados Unidos viven 12 millones de mexicanos a los que se les suman otros 20 millones de descendientes de nativos, cuyos derechos cívicos son mayoritariamente conculcados. La frontera se encuentra controlada por los carteles que han diversificado sus funciones, configurándose en empresarios de la migración ilegal y el tráfico de personas tanto para mexicanos como para ciudadanos provenientes de Honduras, Guatemala y El Salvador.

    Los fifí al ataque

    El gobierno de AMLO ha renunciado públicamente a las políticas neoliberales y optado por propiciar políticas orientadas al desarrollo del mercado interno. Estos programas (entre los que figuran aumentos en las pensiones para la tercera edad, becas para estudiantes y apoyos crediticios para minifundios y pymes) han sido caracterizados como populistas y movilizado a los sectores más ligados a las transnacionales.

    La semana pasada se produjeron en diferentes ciudades mexicanas movilizaciones destituyentes, en las que se le reclamó la renuncia al Presidente recientemente asumido, luego de que éste advirtiera sobre el fin de los privilegios para los grupos más concentrados. Dichas marchas fueron catalogadas por el propio Presidente como expresiones fifí en directa relación a la proveniencia social (encumbrada) se sus mentores y activistas.

    La decisión del partido Morena de enfrentar a las mafias de los hidrocarburos (dedicadas en forma sistemática al hurto de gasolina de los ductos y su posterior comercialización a las empresas expendedoras, actividad conocida como huachicoleo) sumada a la reconfiguración de PEMEX, con el objetivo de garantizar el autoabastecimiento (prescindiendo de las refinerías radicadas en territorios de su vecino del norte), aglutinaron a quienes perciben que AMLO procura ser fiel a sus compromisos de campaña.

    En las últimas semanas los think tanks de Washington convergieron con la marcha fifí en cuestionar las políticas del gobierno mexicano, orientadas a recuperar los resortes estratégicos de la planificación de PEMEX. Sus críticos locales y vecinos coincidieron, en forma nada casual, en catalogar como vetustas y contrarias a las modernizaciones encaradas por los gobiernos neoliberales que lo precedieron. [3]

    Canadá, Estados Unidos y México se encuentran abocados a reconfigurar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (en inglés North American Free Trade Agreement, NAFTA) bajo los parámetros exigidos por Trump, luego de asumida su presidencia en 2016. Esa demanda del magnate republicano consiste en la búsqueda por recuperar los puestos de trabajo en territorio estadounidense que el neoliberalismo transfronterizo y financiarista instaló como lógica desde los años ’80. El nuevo acuerdo comercial, que aún debe ser aprobado por los parlamentos de los tres socios, se titula Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) o USMCA y no parece gozar con mucha simpatía por parte de la bancada demócrata, mayoritaria en la actualidad en una de las dos Cámaras del congreso ubicado en Washington.

    Además de la disputa del muro fronterizo, otra de las disputas que se avecinan se vincula con el Plan para la Pacificación del país que ha lanzado el Gobierno de AMLO y que pretende legalizar la comercialización de marihuana en conjunto con una desmilitarización de la lucha contra el narcotráfico y la aplicación de enfoques de inclusión laboral de los jóvenes para evitar su cooptación por parte de las corporaciones del narcotráfico. La negativa de AMLO de no suscribir la ofensiva injerencista contra Venezuela y sus políticas de clara orientación soberana preanuncian crecientes niveles del conflicto con su vecino norteño.

    Colombia y México están separados por 1500 kilómetros. Pero comparten, al decir de ciertas reminiscencias guadalupanas, una lejanía existencial y una cercanía maldita: “Pobres de aquellos que se encuentran tan lejos de Dios y, al mismo tiempo, tan cerca de Estados Unidos”.


    Notas

    [1] http://bit.ly/2E0466d

    [2] http://bit.ly/2VfiZan y http://bit.ly/2HaKk8M

    [3] http://bit.ly/2W01wHm

    Jorge Elbaum es sociólogo, doctor en Ciencias Económicas y analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).

    Artículo publicado en cohetealaluna.com

    http://estrategia.la/2019/05/12/colombia-y-mexico-la-actualizacion-anacronica-de-la-doctrina-monroe-de-1823/

  • El miedo a la libertad de información; Google censura a HispanTV

    El miedo a la libertad de información; Google censura a HispanTV

    La censura a HispanTV y Press TV muestra el alto nivel de incomodidad de EE.UU. y sus aliados respecto a la verdad que reflejan estos medios, destaca un artículo.

    Una nueva arremetida de las llamadas redes sociales (que no son otra cosa que redes corporativas) se lleva a cabo contra los canales internacionales iraníes HispanTV y Press TV. Esta vez, a cargo de la plataforma digital Google y de su sitio web de videos YouTube.

    Ambos canales divulgan noticias y puntos de vista demasiado incómodas, para los Estados Unidos y sus aliados, sobre América Latina, Medio Oriente, Asia, y, en particular, acerca de los propios Estados Unidos y su reprochable papel en el mundo.

    Un hecho inconveniente e intolerable para el imperio en crisis y para sus aliados regionales, donde la información juega un papel clave como mecanismo de seducción, desvío de la atención, manipulación política, refuerzo de tejemanejes económicos, especulación financiera y, en general, de acciones de dominio y control.

    ÉRASE UNA VEZ LA ESPERANZA

    El progreso de las nuevas y variadas tecnologías de la comunicación y la información despertó en su momento esperanzas como opción de pluralismo mediático. A ello se sumó el surgimiento y propagación dela internet, así como la proliferación de redes y soportes digitales.

    En menos tiempo del esperado, sin embargo, la ilusión (que no se come, pero alimenta [García Márquez, 1961]) fue una perspectiva ilusoria, y todo condujo a una situación muchísimo más grave que la de aquellas épocas en las que era tan restringido el acceso a la creación y producción de mensajes contrapuestos y alternativos por parte de los pueblos, las organizaciones sociales o los grupos independientes, dados los costos y los vigorosos monopolios institucionalizados.

    Después de la exaltación inaugural y, claro está, luego de lo aprovechado durante los dulces tiempos del desbarajuste generado por las mutaciones vertiginosas, volvimos a la fuente, al redil, sólo que peor que antes.

    Y es que, siendo la realidad íntegramente lo contrario, buena parte de la población aún cree que las redes sociales significan democracia comunicacional, emancipación informativa, y demás pavadas relacionadas con la cada vez más difusa libertad de expresión.

    No nos engañemos. La tolerancia de estas redes y de los medios hegemónicos puede ser grande para proclamar estupideces o para lo que se quiera que entretenga y distraiga. Eres libre dentro de los ajustados parámetros que te son fijados equivale a que lo seas dentro de los cuatro metros cuadrados de una celda.

    Puedes referirte a lo que se te ocurra y se te dispensa para hablar de lo que desees, mientras no se afecte el discurso de fondo del poder ni se atente contra la autoridad real de la élites detrás. Un poder para el cual el debido encauzamiento de las narrativas y los sentidos no es un elemento circunstancial, sino constitutivo.

    LA CENSURA GENERALIZADA

    La actual censura contra HispanTV y Press TV no es nueva ni única, ambos canales, junto a otros medios iraníes, han estado en la mira de las plataformas tecnológicas estadounidenses, así como de los prestadores de servicios satelitales de varios países de Europa y las Américas.

    Baste recordar, hace apenas unos meses, la detención injustificada de la periodista Marzie Hashemi, de Press TV. La presentadora y analista fue encarcelada sin cargos durante diez días y sometida a toda clase de presiones, en un proceso inventado contra el canal por el sistema judicial estadounidense. Para los grandes medios, por supuesto, el abuso fue un hecho intrascendente y silenciado.

    Tampoco es únicamente contra los medios de Irán. Los medios y las comunicaciones de Cuba, desde varias décadas atrás,han estado bajo ataque.La desinformación que impera contra el proceso revolucionario venezolano es mendaz y vehemente.

    La cadena RT America, y el portal y radio Sputnik, de Rusia, hace rato que se topan con obstáculos burocráticos y leguleyos, y son objeto de hostigamiento. Al igual que los medios chinos y los de cualquier parte, empezando por los de los mismos Estados Unidos, donde espantan los medios independientes y el periodismo de investigación.

    Contra ese periodismo operan las agencias de inteligencia en pleno, los organismos gubernamentales, los entes fiscales, el Departamento de Justicia, y, en general, la estructura dominante.

    La persecución desatada contra Julian Assange es un ejemplo: Cargos improcedentes, acusaciones de montaje y carentes de legalidad, que atentan contra la Primera Enmienda y quebrantan el ejercicio del periodismo (Greenwald y Lee, 2019).

    No pasa en vano la filtración de setecientos mil registros secretos y de otros documentos que dejan al descubierto la burda diplomacia estadounidense y los trajines perversos del gobierno, las instituciones y las agencias.

    Un vengativo exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, investido por Trump como Secretario de Estado de los Estados Unidos; la obstinación institucional y unas inquinas personales que ponen en marcha toda una serie de mecanismos de presión internacionales; el presidente de un país, Ecuador, al que le es extraña esa índole del ser humano llamada dignidad: Los componentes de un pésimo precedente para la prensa seria y de intimidación para el periodismo de denuncia.

    UNA SOLA DIRECCIÓN

    HispanTV y Press TV suscitan la incomodidad en un sector de la dirigencia occidental por su procedencia, Irán, sin ninguna duda, pero, sobre todo, se trata del carácter de la información difundida.

    Los contenidos que distinguen a los medios dominantes son unidireccionales, aunque estén revestidos con los mantos falaces de la objetividad y la imparcialidad, y a veces se muestren criterios varios, o, incluso, encontrados. Maniobras que sirven para brindarle verosimilitud al absurdo.

    Y es así porque los dueños son los holdings de empresas de las que fueron o serán presidentes o gerentes quienes ahora son los más altos funcionarios gubernamentales. Las puertas giratorias del poder.

    Y porque son los tremendos contratistas que son los mejores cabilderos; los grandes contribuyentes que no pagan un dólar; los beneficiarios de sus propias quiebras y bancarrotas. Las ventajas de prenderle una vela a Dios y otra al diablo.

    La administración de Trump, empezando por él mismo, es un modelo reluciente en tales sentidos, pero tampoco es una excepción. Los sucesivos gobiernos estadounidenses han padecido semejante contagio.

    Por eso, las rutas de la información masiva, trátese de grandes avenidas o trochas angostas, de alamedas majestuosas o atajos polvorientos, tienen un solo rumbo: el del negocio. Y por la misma razón no se tolera la difusión en contravía.

    Cualquier duda al respecto se aclara con una visita breve al portal de Wikileaks (2019) y con una ojeada a los correos de la señora Clinton, que sus presuntos enemigos ahora vengan con saña. Habrá de ser por el esprit de corps, quién sabe.

    GUERRAS Y MEDIOS: NEGOCIO REDONDO

    Resultanotorio que estos ataques contra HispanTV y Press TV tienen que ver con la guerra desatada por el decadente imperio contra la República Islámica de Irán, azuzada por el gobierno de extrema derecha de Benjamín Netanyahu (Israel) y la monarquía ultraconservadora de la casa de Saúd (Arabia Saudita).

    Los dos aliados envenenados y belicistas de los Estados Unidos en el Oriente Medio a los que solivianta la sola presencia de Irán como resistencia y avanzada de contraste, tan fundamental en la región. Tanto Israel, como Arabia, ejercen presión de todas las formas posibles para asfixiar económica y comercialmente a la nación persa, y son proclives a la confrontación militar.

    Algunos ideólogos sionistas estiman necesaria la utilización de “la fuerza bruta, agregando una nueva dimensión a la guerra llevada a cabo en contra de Irán. Este es un imperativo inevitable para Jerusalén” (Inbar Efraim, 2019). Una óptica repugnante de la que es partícipe el gobierno sionista de Netanyahu.

    En tal contexto de disputas en crecimiento y de ámbitos múltiples, que comprenden los frentes diplomáticos y de bloques, financieros y comerciales, estatales y políticos, y con amagos militaristas, el mediático no es asunto demenorcuantía.

    Pero, también, es claro que la ofensiva contra los canales iraníes corresponde a un ámbito de enfrentamiento que se extiende más allá de la coyuntura de embestidas del gobierno de Trump y de su beligerante equipo de asesores, de Bolton al yerno del presidente, Jared Kushner.

    Trump ha cuestionado en reiteradas oportunidades el papel del gigante digital Google por su sesgo (Twitter, 2018), pues, según él, el buscador no favorece a los conservadores, a los cuales silencia, ni a su nombre, asociándolo con falsas noticias. Una crítica con advertencia incluida, de paso extensiva a las redes Twitter y Facebook: “Tengan cuidado”, porque se están “aprovechando de mucha gente”.

    Hace pocas semanas, a mediados de marzo, el presidente estadounidense volvió a las injurias y acusó a Google de ayudar “a China y a sus militares, pero no a EE.UU.” (Twitter, 2019).

    Es que más allá de estos dimes y diretes que circulan en los medios, y de este tire y afloje entre Google y la administración Trump, primero, es claro que ya marchan grandes negocios y que otros enormes están en ciernes.

    Segundo, es obvio que hay una guerra comercial desatada entre los Estados Unidos y China, y que en el centro de sus móviles figuran las apropiaciones del conocimiento (de ahí el celo por la propiedad intelectual), los avances de ficción y las implementaciones de la alta tecnología en desarrollo y por venir (conectividad 5G y 6G, inteligencia artificial, simulaciones inéditas), conquista espacial, nuevos horizontes armamentísticos, en fin.

    Unos terrenos en los que el gobierno y los militares estadounidenses son conscientes de las dificultades que aguantan, y los desafíos que surgen para que su país se mantenga a flote como la potencia en solitario y sin discusión, el engaño confiado al mundo que los propios autores se estaban tragando.

    LO IMPERIOSO DEL IMPERIO

    El Imperio romano, pese a que los historiadores no se ponen de acuerdo, tardó por lo menos dos o tres siglos en caer, y hay quienes hablan del milenio entero, partiendo de finales del siglo XV.

    El Imperio español tardó casi otro tanto en darse por enterado de que hacía dos siglos que había dejado de ser imperio. Y así o parecido aconteció con los poderíos de las épocas pasadas.

    Lo que debe asustar tanto a los estadounidenses, además de ver por la ventana cada mañana los indicios inconfundibles de la declinación, es que ahora las cosas no se toman tanto tiempo para acontecer. Hoy en día, hasta los procesos paulatinos van de prisa.

    En ese contexto perturbador, las diatribas por Twitter de Trump contra Google son sólo la punta de un iceberg. Los mensajes colados de un maremágnum intenso de impaciencias, capitales huidizos, grupos de presión.

    Y un asomo del terror a perder la hegemonía, de la doctrinaria (Destino Manifiesto) a la fiduciaria (el dólar). En posturas enfrentadas, aparentemente, porque a la hora de la verdad no lo son tanto. O quién sabe.

    El general Joseph Dunford, presidente del Estado Mayor Conjunto, hizo comentarios similares a los de Trump ante el Congreso, expresando su preocupación porque “socios de la industria” están en China y en desarrollos que representan “un beneficio directo para los militares chinos” (NBC News, 2019).

    Durante una audiencia reciente del Comité de Servicios Armados del Senado, el senador republicano Josh Hawley también criticó duramente a Google, llegando a referirse a ella como»una empresa supuestamente americana” (NBC).

    Unas críticas, en todos los casos, inauditas, dirigidas contra un conglomerado colaboracionista con los propósitos (despropósitos) de dominio del sistema, como la compleja red de vigilancia mundial, a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), en la que trabajan las agencias de inteligencia de Estados Unidos y sus aliados, cuya existencia y actividades fueron reveladas con detalle en los documentos filtrados por Edward Snowden.

    ¿Será que los trinos de Trump contra Google no se diferencian de la media y señalan todo lo contrario de lo que dicen, como los efectuados contra Jeff Bezos y Amazon, premiados con contratos multimillonarios, o los de alabanza hacia Assange durante la campaña, recompensados con el acoso brutal y la lavada de manos en la presidencia (VOA, 2019)?

    DE GOOGLE Y OTROS DEMONIOS

    La presión interna hizo que Google, al parecer, concluyera su participación en el proyecto Maven, cuyo contrato venció en marzo pasado. Más de 3100 trabajadores firmaron una carta de protesta “por la participación de la empresa en un programa del Pentágono que utiliza inteligencia artificial para interpretar imágenes de video y que podría ser utilizado para mejorar los objetivos de ataques con drones (The New York Times, 2018).

    La carta, puede uno deducirlo, indica que un número importante de empleados se preocupa por el tipo de decisiones aventuradas de Google LLC (y de Alphabet Inc., de la que es subsidiaria); con más veras cuando en la misiva se evoca el lema gremial de la empresa: Don’t Be Evil (no seas malvado). Una consigna mordaz para una corporación todopoderosa del ámbito tecnológico, cada vez menos diferenciado del plano armamentístico.

    De otra parte, puede que Google no suministre inteligencia artificial para el Pentágono a través del Proyecto Maven, “pero la compañía avanza en otras iniciativas que podrían apoyar las operaciones militares” (C4ISRNET, 2019). E involucran de lleno la IA.

    Así lo han manifestado Steve Walker, el director de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa de los Estados Unidos(DARPA), y Vint Cerf, Vicepresidente de Google y uno de los “padres” de Internet, en una entrevista para un medio afín a C4ISRNET (2019).

    Una mención breve de los negocios sobre la mesa de la alianza estrecha entre los generales del Pentágono y los soldaditos de plomo de Silicon Valley, puesto que los negociados de verdad, grandes proporciones y desmesurados alcances, se transan bajo la mesa y son clasificados.

    De igual modo que ahora no sólo se censuran a HispanTV y Press TV, no será apenas Google la que emprenda las agresiones. Continuarán las realizadas y vendrán nuevas de Facebook (y sus WhatsApp, Facebook Messenger e Instagram); de Amazon, Twitter, Microsoft (y su Skype), Apple y un largo etcétera.

    De manera continuada, sostenida, o en interrupciones reiteradas, que implicarán inseguridad y molestias. Para entorpecer la presencia y la solidez creciente de su palabra, todas las estrategias con válidas.

    Las megaplataformas, haciéndolo, tienen mucho que ganar, y las pequeñas compañías (las startups), en el poco tiempo que les quede de subsistencia autónoma, mucho que perder.

    Amazon y Microsoft, por ejemplo, puntean en la pelea por el contrato a diez años y por diez billones de dólares del proyecto JEDI (Infraestructura de Defensa Empresarial Conjunta, por sus siglas en inglés), “destinado a servir como repositorio de datos primarios (del Departamento de Defensa) para los servicios militares en todo el mundo” (Fortune, 2019).

    Porque todas las grandes compañías tecnológicas tienen negocios en marcha y en proyección con las diferentes fuerzas militares estadounidenses, en las áreas existentes y con la gallina de los huevos de oro espacial, adonde apuntan contratos multimillonarios y billonarios.

    Porque todas estas redes tienen los hilos de su propiedad entrecruzados, no ya entre ellas, sino con la gran banca y los servicios financieros globales, las calificadoras de riesgo, los mayores proveedores de servicios de Internet y los medios de comunicación dominantes. Y los poseedores, sin cara ni señas particulares, corresponden a dos o tres fondos y gestores de inversión (digamos, The Vanguard Group, BlackRock o Blackstone).

    QUIEREN Y PUEDEN. Y LO REQUIEREN.

    Podría creerse que se trata de que Google atiende los trinos de Trump y censura con diligencia las voces oriundas del país hacia el que la administración estadounidense ha enfilado las baterías de ataque.

    Algo que nunca se reconocería y que puede ser, por qué no, pues, como hemos visto, someramente, hablamos de capitales considerables para un gigante tecnológico al que sólo se puede mantener vivo inyectándole usuarios y contratos, es decir, materia prima y fondos.

    No son sostenibles las razones que Google da (o, mejor, que no da) para justificar de manera vaga la medida contra los medios iraníes. Según la plataforma, las cadenas internacionales violan sus normas. ¿Cuáles normas?

    No especifican ninguna porque es elemental que no se trata de normas internas ni del cumplimiento de leyes nacionales. Al contrario, es un atentado contra los derechos constitucionales y legales, y contra la jurisprudencia internacional.

    Lo hacen porque quieren y pueden, y, ante todo, lo hacen porque les conviene a las fuerzas e intereses revueltos de los que son arte y parte.

    Google ha recibido fuertes críticas por su participación en el proyecto Dragonfly (Libélula) con China. Lo irónico del asunto es que el gran terror sobre los desarrollos de Google junto a las empresas chinas se basa en las amenazas a la expresión y al control que ejercería el gobierno chino sobre su población.

    Como si no fuera esa la actitud que llevan hasta la exacerbación las grandes corporaciones digitales occidentales y sus gobiernos, empezando por el de los Estados Unidos. A iniciativa comercial particular de las empresas mismas, o, más desdeñable y es la generalidad, en confabulación con autoridades y organismos de inteligencia. Indudablemente, a conveniencia de las dos partes.

    Ninguna hipocresía, desde luego, es desinteresada. Máxime, cuando lo que se computa no son las ganancias del mes ni del año. Lo subyacente de la trama es la definición del futuro y las supremacías en los campos que importan. Y que a toda la humanidad, bien que sea renuente por desconocimiento, bien que sea indiferente por desidia, le concierne. Nos concierne, para ser exactos.

    MIEDOS Y LIBERTADES

    Cada vez es más probable (y de seguro deseable) que en el mediano futuro sea una realidad la predicción del ex CEO de Google, Eric Schmitdt, hecha a finales del año anterior, en cuanto a que internet se dividirá en dos en una década, “con una internet dirigida por China y otra dirigida por Estados Unidos” (Business Insider, 2018).

    Las rivalidades desatadas entre ambas potencias pueden ser favorables para esta bifurcación de la red, donde podrían ampliarse los espacios y amortiguarse la preeminencia de las actuales plataformas.

    No es sólo eso. La necesidad está creada. A los productores de mensajes, al periodismo sensato y a los creadores reflexivos, de una parte, se les estrechan los caminos frente a poderes que se consideran establecidos y únicos. Y, de otra, los ciudadanos inquietos, y los pobladores comunes y corrientes, empiezan a percatarse de la información llena de trampas que consumen y de las noticias minadas que ocupan el entorno comunicacional. Un escenario del que se derivan decisiones rotundas para las relaciones y la vida.

    La misma razón por la que voces reveladoras como las de HispanTV y Press TV intentan ser acalladas y excluidas es la que hace que no puedan serlo y que, por el contrario, se mantengan y sean cada vez más poderosas. Una razón que no es sino la fuerza de la libertad. Fundamental en lo económico, lo político, lo social, lo cultural, y esencial en lo mediático.

    El sistema le tiene pánico a la información libre, y ante las inseguridades de su hegemonía edulcora las libertades que nos son permitidas. Entre otras, diría Erich Fromm, la de estar conformes. Ninguna sirve. Son, al fin y al cabo, paredones.


    BIBLIOGRAFÍA

    Aitoro, Jill. (2019). Forget Project Maven.Here are a couple other DoD projects Google is working on. C4ISRNET. 13 de marzo. En: https://bit.ly/2UqtOWQ

    Asher Hamilton, Isabel. (2018). El ex CEO de Google dice que internet se dividirá en dos en 2028. Business Insider. 21 de septiembre. En: https://bit.ly/2Dr8Cuh

    Burman, Max. (2019). Google denies working with the Chinese military after Trump criticism. 17 de marzo. En: https://nbcnews.to/2Jj8jqE

    Capaccio, Tony; Nix, Naomi and Bloomberg. (2019). Winner Takes All: Amazon and Microsoft Go Head-to-Head for Pentagon’s $10 Billion Cloud Services Contract. FORTUNE. 10 de abril. En: http://fortune.com/2019/04/10/pentagon-jedi-project-amazon-microsoft-cloud-services/

    Donald J. Trump. (2018). Social Media is totally discriminating against Republican/Conservative voices. Speaking loudly and clearly for the Trump Administration, we won’t let that happen. They are closing down the opinions of many people on the RIGHT, while at the same time doing nothing to others…[Twitter] 18 de agosto. En: https://bit.ly/2VWqXXd[20 de abril de 2019]

    Donald J. Trump. (2018). …results on “Trump News” are from National Left-Wing Media, very dangerous. Google & others are suppressing voices of Conservatives and hiding information and news that is good. They are controlling what we can & cannot see. This is a very serious situation-will be addressed! 28 de agosto. [Twitter] En: https://bit.ly/2VhnIfG

    Donald J. Trump. (2019). Google is helping China and their military, but not the U.S. Terrible! The good news is that they helped Crooked Hillary Clinton, and not Trump… and how did that turn out?[Twitter] 16 de marzo. En: https://bit.ly/2UwuGJm[20 de abril de 2019]

    Fang, Lee. (2019). GOOGLE HEDGES on PROMISE TO END CONTROVERSIAL INVOLVEMENT IN MILITARY DRONE CONTRACT.The Intercept. 1 de marzo. En: https://theintercept.com/2019/03/01/google-project-maven-contract/

    Fox News. (2018). Trump: Google, Twitter, Facebook ‘better be careful’. YouTube. 28 de agosto. En: https://www.youtube.com/watch?v=El-c4LW-Efc[20 de abril de 2019]

    García Márquez, Gabriel. (1961). El coronel no tiene quien le escriba. Bogotá: Editorial Oveja Negra (1984).

    Greenwald, Glenn y Lee, Micah. (2019). La imputación de Julian Assange por parte del Gobierno de EE. UU. representa una grave amenaza para la libertad de prensa. Rebelión. 18 de abril. En: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=254948

    Inbar, Efraim. (2019). La guerra entre Israel e Irán es inevitable. Noticias de Israel. 17 de abril. En: https://israelnoticias.com/editorial/guerra-israel-iran-inevitable/#disqus_thread

    Shane, Scott and Wakabayashi, Daisuke. (2018). ‘The Business of War’: Google Employees Protest Work for the Pentag. The New York Times. 4 de abril. En: https://www.nytimes.com/2018/04/04/technology/google-letter-ceo-pentagon-project.html

    Ridgwell, Henry. (2019). Trump: «No sé nada acerca de WikiLeaks»; EE.UU. busca la extradición de Assange. Voz de los Estados Unidos de América – VOA. 12 de abril. En: https://bit.ly/2L33AKm

    Wikileaks. (2019). Leaks. En: https://wikileaks.org/-Leaks-.html[21 de abril de 2019]

    Escrito por: Juan Alberto Sánchez Marín, escritor y periodista. Director de cine y televisión colombiano. Colaborador del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia-la). Productor de programas y analista en el canal internacional HispanTV.

  • Boicot a la integración emancipadora: la disputa estratégica sobre el destino de América Latina

    Boicot a la integración emancipadora: la disputa estratégica sobre el destino de América Latina


    Por Eduardo Paz Rada-.


    El empuje conservador y neoliberal en América Latina y el Caribe, aliado a los intereses imperialistas, ha desarrollado en los últimos meses nuevas iniciativas orientadas a establecer un nuevo tablero geopolítico regional y mundial buscando frenar y destruir los empeños de liberación nacional y continental de los procesos de integración y unidad emancipadora de la Patria Grande elaborados en los pasados quince años por los gobiernos nacionalistas, progresistas y de izquierda.
    Se ponen, de esta manera, frente a frente dos proyectos estratégicos de la región: el de la liberación o el de la dominación.

    La reciente creación —22 de marzo pasado— del Foro Para el Progreso de América del Sur (PROSUR), impulsada apresuradamente por los presidentes de Colombia, Iván Duque, y de Chile, Sebastián Piñera, y aceptada por los de Brasil, Jair Bolsonaro, Argentina, Mauricio Macri, Ecuador, Lenin Moreno, de Paraguay, Mario Abdo, y de Perú, Martín Viscarra, en la cumbre de Santiago de Chile, fue precedida por la acción de Macri y Bolsonaro de debilitar a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) con la suspensión de su participación en la misma y continuada por Moreno con el despojo de su sede en Quito.

    Si bien estos presidentes reconocieron el 23 de febrero, con gran repercusión en los grandes medios de comunicación empresariales, como presidente de Venezuela al fantoche de Donald Trump, Juan Guaidó, evitaron hacer el ridículo mayor impidiendo su presencia en la reunión de Santiago. Esto no significa, de ninguna manera, que la conspiración imperialista contra el gobierno revolucionario bolivariano y chavista de Venezuela presidido por Nicolás Maduro deje de contar con el concurso de los gobiernos de estos países, entre ellos sobresale el de Colombia que cuenta con nueve bases militares norteamericanas en su territorio.

    QUEBRAR EL PROCESO DE LA INTEGRACIÓN DE LA PATRIA GRANDE

    El Foro Para el Progreso PROSUR, cuyo nombre rememora la Alianza Para el Progreso de los años sesenta impuesta por Estados Unidos en varios países de América Latina para afianzar su control regional en la Guerra Fría e impedir la influencia de la Revolución Cubana, busca desmantelar los avances revolucionarios de la Patria Grande. La formación y fortalecimiento, desde 2004, de PETROCARIBE, Alternativa Bolivariana de los Pueblos (ALBA), Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) y Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) permitió a América Latina y el Caribe convertirse no solamente en un proyecto profundo de integración regional al margen del control de Estados Unidos, sino en una fuerza con peso propio en estrategia mundial de la multipolaridad.

    Luego de derrotar al proyecto imperialista del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) defendido por el entonces presidente de EEUU, George Bush, en la Cumbre de Mar del Plata en noviembre de 2005, se aceleró el proceso de integración emancipadora bajó el liderazgo de Hugo Chávez de Venezuela, Lula Da Silva de Brasil, Fidel Castro de Cuba, Néstor Kirchner de Argentina, Evo Morales de Bolivia, Rafael Correa de Ecuador, Daniel Ortega de Nicaragua y José Mujica, entre otros, y con un claro discurso bolivariano por la segunda independencia, se procedió a crear las instituciones correspondientes con el apoyo de los movimientos populares.

    En 2008 se formalizó la existencia de UNASUR con todos los países de América del Sur y una estrategia integral que desarrolló políticas de comercio e integración económica y financiera, incluidos un fondo monetario y una moneda propios; de defensa militar con autonomía de Estados Unidos; de libre tránsito, migración y reconocimiento de la ciudadanía sudamericana; de lucha contra las droga y el terrorismo internacional; y de educación, salud, ciencia, tecnología y planificación conjuntas.

    Por otra parte alcanzó logros de envergadura como la defensa de la democracia en la región, la solución de conflictos entre Venezuela y Guyana, la defensa de los gobiernos democráticos de Bolivia y Ecuador ante lo intentos de guerra civil y golpe de Estado y la pacificación en Colombia.

    En 2010 se consolidó la CELAC como instancia de debate y consenso político entre los 33 países de América Latina y el Caribe, con la exclusión de Estados Unidos y Canadá, avanzando por primera vez en la construcción de la integración del conjunto de la Patria Grande como soñaron Simón Bolívar, José de San Martín, Francisco Morazán, José María Morelos o José Martí y estableciendo el principio de declarar a América Latina y el Caribe como zona de paz, cooperación e integración.

    INESTABLE CORRELACIÓN DE FUERZAS

    Si bien la iniciativa política en la disputa estratégica de los proyectos de integración favorece en la coyuntura al grupo de gobiernos conservadores y neoliberales de PROSUR tanto por su número como por su peso económico y geopolítico, es también cierto que varios de estos gobiernos son débiles como el del interino del Perú que se encuentra en una situación de alto rechazo del pueblo, el de Colombia con un proceso de paz muy frágil o el de Argentina que ha destrozado la economía del país y de la gran mayoría de la población, la misma que deberá elegir nuevos gobernantes en octubre de 2019.

    La potencia y peso mundial de Brasil lleva a su Estado a la contradicción entre encabezar un bloque poderoso con todos los países de la región, como en la década pasada, o a convertirse en peón político de Estados Unidos a pesar de la gran dimensión e influencia económica de China. Bolsonaro encuentra fuertes críticas de sectores empresariales, académicos, políticos y militares ante esta situación que pone el territorio amazónico en manos de Estados Unidos y al mismo tiempo crea malestar social por sus posiciones reaccionarias y antipopulares.

    A su vez, la crisis provocada en Venezuela por el bloqueo y el boicot comercial, financiero y económico ha influido en sus iniciativas de integración, aunque se mantienen sólidos PETROCARIBE y ALBA, en tanto que Bolivia y Uruguay apoyan con firmeza la integración sin exclusiones y, en el caso del primero, ha manifestado sin tapujos su total apoyo y solidaridad con el gobierno de Maduro y con el proyecto de integración emancipadora.

    En el marco de CELAC, se mantienen su estructura y principios, particularmente con la clara posición de Manuel Lopez Obrador de México de impulsar el acercamiento de los pueblos y países de la región frente a las agresiones norteamericanas, aunque en los últimos dos años se ha tratado de dañar la influencia de CELAC con las acciones impulsadas por el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, contra el gobierno democrático de Venezuela, sin lograr su objetivo.

    ESTRATEGIAS GEOPOLÍTICAS EN LA REGIÓN

    La agresiva política de Washington (Trump y CIA) en América Latina y el Caribe con la finalidad de recuperar terreno perdido frente a su notable retroceso mundial choca con la emergencia de un mundo multipolar, en el cual las potencias económicas y comerciales de China e India se hacen muy fuertes, la fortaleza militar de Rusia es incuestionable como en los casos de Ucrania, Siria o Venezuela, o la insubordinación de Turquía, la Unión Europea, Corea del Norte o Irán hacen muy difícil que el dominio norteamericano recupere el lugar estelar que tenía en el pasado.

    Con la mirada puesta en las próximas décadas y hacia fin de siglo, cuando la influencia Estadounidense, China y Rusa en América Latina y el Caribe alcanza niveles de disputa y choques de estrategia geopolítica global es pertinente reiterar nuevamente la disyuntiva para nuestros pueblos: “el siglo XXI nos encontrará unidos o dominados” como afirmara Juan Domingo Perón y argumentaran Jorge Abelardo Ramos, Andres Soliz Rada y Norberto Galasso.

    PROSUR no tiene identidad ni raíces en la lucha emancipadora y se inscribe en la lógica de la relaciones de dominación Norte-Sur, en tanto que UNASUR y CELAC son propuestas de unidad en el espíritu de la Patria Grande en la concepción de la Cooperación Sur-Sur.


    Eduardo Paz Rada. Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

  • La OTAN en terreno de Trump, críticas y protestas

    La OTAN en terreno de Trump, críticas y protestas


    Por Martha Andrés Román-.


    Washington-. Cuando muchos estadounidenses honren esta semana al reverendo Martin Luther King, la estará reunida en Washington DC, y diversas organizaciones reparan en lo irónico de esa coincidencia.

    El 4 de abril personas en toda la nación recordarán al luchador por los derechos civiles asesinado ese día de 1968, y cuyas ideas son consideradas de gran vigencia por diferentes sectores.

    Durante esa misma jornada culminará en esta capital una cita de dos días del controvertido bloque, acusado por numerosas voces de cometer atropellos alrededor del mundo.

    La OTAN será rechazada de forma no violenta a donde quiera que vaya en Washington DC, expresó el director del movimiento World BEYOND War (Mundo más allá de la guerra), en un comunicado compartido con Prensa Latina.

    ‘Esta institución, que comenzó a sofocar la democracia en Europa, a apuntalar los imperios europeos y a generar hostilidad hacia Rusia y las ventas de armas que la acompañan, no tiene por qué celebrarse un día en el que deberíamos recordar el activismo no violento del doctor King y su llamado a oponerse al militarismo, el racismo y el materialismo extremo’, estimó.

    De acuerdo con Swanson, en los próximos días personas decentes llorarán a las víctimas de la OTAN en Yugoslavia, Afganistán y Libia, mientras exigen que la alianza militar deje de expandirse y, en cambio, se disuelva.

    La referencia a que el bloque estará celebrándose a sí mismo tiene que ver con que la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la organización a realizarse durante miércoles y jueves tiene entre sus objetivos conmemorar el aniversario 70 de la OTAN.

    El secretario general del organismo, Jens Stoltenberg, quien se reunirá mañana en la Casa Blanca con el presidente norteamericano, Donald Trump, manifestó este lunes en conferencia de prensa que uno de los temas a tratar en la cita ministerial será el reparto de la carga económica. Después de años de recortar miles de millones de los presupuestos de defensa, ahora estamos agregando esos miles de millones, y hemos visto cuatro años consecutivos de aumento de la inversión, expresó.

    Según los datos difundidos por Stoltenberg, desde 2016 los aliados europeos y Canadá han agregado 41 mil millones de dólares a sus presupuestos de defensa y para finales de 2020 esto aumentará a 100 mil millones.

    Añadió que también están invirtiendo más en capacidades importantes, como defensa de misiles, aviones no tripulados y nuevas aeronaves de combate, en tanto la OTAN acaba de acordar una inversión de más de 260 millones de dólares en un proyecto para apoyar a las fuerzas estadounidenses en el centro de Polonia.

    El hecho de que ese sea uno de los asuntos sobre la mesa quizás esté relacionado con las propias presiones de Trump, quien desde su llegada a la presidencia norteamericana ha lanzado críticas contra la organización por considerar que Estados Unidos destina a ella mucho más dinero que sus aliados.

    Frecuentemente el mandatario republicano ha presionado a los miembros de la OTAN para que aporten el dos por ciento de su Producto Interno Bruto al presupuesto de la alianza militar, a pesar de que los demás países acordaron alcanzar tal nivel de contribución en 2024.

    Ese tema se convirtió en motivo de tensión en varios encuentros con líderes de Europa y Canadá, como ocurrió en noviembre pasado cuando, al viajar a Francia, Trump pidió a las naciones del llamado viejo continente ‘pagar su parte justa de la OTAN, que Estados Unidos subvenciona enormemente’.

    Según la agencia Bloomberg, cuando los ministros extranjeros se reúnan en el Departamento de Estado esta semana y se desplacen por toda la ciudad para discursos y conferencias, estarán atentos a Twitter con el fin de ver si el presidente estadounidense ‘aprovecha la ocasión para menospreciar sus esfuerzos y cuestionar su causa’.

    El medio cree que Trump podría renovar sus quejas al recibir a Stoltenberg, quien un día después de ir a la mansión ejecutiva intervendrá en una sesión conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado de este país.

    Además del polémico tema del presupuesto, los miembros de la organización analizarán ‘la relación de la OTAN con Rusia’, y los próximos pasos a adoptar en respuesta a lo que consideran una violación del Tratado INF (de Eliminación de Misiles de Corto y Medio Alcance) por parte de Moscú, que Washington decidió suspender con igual justificación.

    La semana pasada, durante una comparecencia ante el Congreso, el secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, dijo que esperan anunciar medidas de la alianza contra Rusia bajo el argumento de la crisis en Ucrania.

    UN SÍ POR LA PAZ Y CONTRA LA PRESENCIA DE LA OTAN

    Mientras en el Departamento de Estado los integrantes del bloque hablarán de esos y otros temas, en las calles de la ciudad se esperan acciones de rechazo a la organización, incluyendo una iniciativa bautizada como Festival No a la OTAN-Sí a la paz, que incluirá marchas, mítines y presentaciones musicales.

    La guerra es el mayor contribuyente al creciente número global de refugiados y crisis climáticas, la base de la militarización de la policía, la primera causa de la erosión de las libertades civiles y un catalizador del racismo y la intolerancia, señalaron los organizadores.

    Por eso, las agrupaciones civiles detrás de la iniciativa llaman ‘a una erradicación de la OTAN, la promoción de la paz, la redirección de recursos a las necesidades humanas y ambientales, y la desmilitarización de nuestras culturas’.

    En lugar del aniversario 70 de la OTAN, vamos a celebrar la paz, en conmemoración del discurso de Martin Luther King en contra de la guerra el 4 de abril de 1967, así como su asesinato el año siguiente, instaron.

    Una movilización contra la cita del organismo ya tuvo lugar el 30 de marzo frente a la Casa Blanca, donde se leyeron carteles como ‘La OTAN asesinó a un millón de iraquíes’, ‘No a la OTAN’ y ‘La OTAN fuera del Medio Oriente’.

  • Historia de los Juegos estratégicos China – Estados Unidos por Latinoamérica

    Historia de los Juegos estratégicos China – Estados Unidos por Latinoamérica


    Por H. Ernesto Sheriff B. *-.


    Desde mediados de 2018, el actual gobierno de Estados Unidos, a través de varias instancias, ha manifestado malestar por la creciente importancia de China en Latinoamérica. Dicha importancia se manifiesta en asuntos políticos, económicos, comerciales y culturales e interesa en este artículo preguntarnos cuán profunda es la presencia china en el continente y cuál el interés (real) que pudiera existir al disputarse la hegemonía de estos dos países por esta parte del mundo. En caso de existir tal interés cuáles las posibilidades y estrategias encaminadas a dicho fin.

    El inicio

    En el plano político probablemente China ha despertado el malestar norteamericano desde la propia guerra de Corea (a mediados del siglo XX) a poco de haber consolidado su revolución comunista. El ingreso a Latinoamérica tuvo luz verde desde que la Organización de Naciones Unidas (ONU) aceptara en 1971 a la República Popular de China y se iniciara una guerra comercial y política con la vecina isla de Taiwán en el mercado latinoamericano. Mientras Taiwán popularizó el “Made in Taiwán” en los productos de baja calidad a todo nivel en los mercados populares de Latinoamérica, China, con un régimen comunista extremista para los estándares soviéticos, exportaba su revolución “maoísta” convirtiendo en simples excursiones a las guerrillas procubanas comparadas con la violencia sin límites de movimientos como Sendero Luminoso.

    El apoyo norteamericano en la década de 1970 contra movimientos comunistas (prosoviéticos o prochinos) fue intenso y se fue debilitando a medida que la Unión Soviética se acercaba a su colapso y China se sumía en rencillas intestinas hasta bien entrada la década de 1980. Tal vez ello explique en parte la sensación de desamparo que sufrió Perú, por ejemplo, cuando Sendero Luminoso incursionó en su territorio, con una economía estadounidense debilitada al extremo y un gobierno de Reagan que tuvo que desviar fondos para solventar unas pocas intervenciones, siendo la más saliente su apoyo a la contra nicaragüense. Esa priorización de intervenciones confirmó a los antiguos aliados de Estados Unidos que el “apoyo” norteamericano ya no sería suficiente nunca más, simplemente porque ya no había dinero suficiente para hacerlo significativo.

    A fines de 1980, concretamente entre el 15 de abril y 4 de junio de 1989, en China se produce la masacre de la Plaza de Tiananmén donde, según documentos de la Cruz Roja china y la inteligencia británica, mueren entre 2.600 y 10.000 jóvenes chinos, pero finalmente el movimiento fue dominado y extinguido. La condena de los países del Pacto de la OTAN contrastó con la posición no confrontacionista de los países latinoamericanos abriéndose las puertas a un tímido acercamiento inicial. De dicho acontecimiento se define la China actual. Se continuaron las reformas económicas y comerciales iniciadas a principios de la década pero se ralentizaron e incluso suprimieron muchos avances en el plano político, determinando que, actualmente, China sea un país gobernado por un poderoso Partido Comunista y plenamente integrado (en esas condiciones) a la economía global.

    La incursión comercial china

    China empieza a ingresar con fuerza en las transacciones comerciales a partir de la década de 1990 y su ingreso se produce por el lado comercial antes que por el lado político. El acercamiento se produce con una fuerte dosis de pragmatismo; China se presenta como como un gran vendedor de lo que América Latina ya no tiene o pretendió mal tener y como gran comprador de materias primas que es lo único que tiene América Latina para ofrecer a la economía mundial.

    A inicios de 1990 las economías latinoamericanas en su totalidad abandonaron los esquemas populistas que la llevaron a soportar 5 hiperinflaciones casi en línea (Nicaragua, Bolivia, Argentina, Brasil y Perú) y episodios cuasi hiperinflacionarios en México y Uruguay. El descalabro económico que trajo la inflación desnudó la debilidad económica de las economías latinoamericanas cuyas industrias no pudieron hacer pie en condiciones de libre competencia. Los esquemas de sustitución de importaciones, en su fracaso, alentaron la incursión de China en Latinoamérica. Dado que el poder adquisitivo de los ciudadanos latinoamericanos quedó fuertemente reducido en términos reales después de las medidas de ajuste de corte ortodoxo, dicho poder de compra se limitaba a lo más necesario y lo más barato, es decir, productos chinos. Estados Unidos, en ese contexto no tenía nada que hacer, con sus productos caros y sofisticados al tiempo que poco competitivos en presencia del tipo de cambio sobre valuado que ya se presentaba en China.

    La incursión china pronto se tradujo en movilidad de recursos humanos con fuertes migraciones especialmente a Canadá (el otro patio trasero norteamericano) pero también a países emergentes como en ese momento eran Argentina y Brasil. La empobrecida Latinoamérica era atractiva por simples razones comerciales, sin geopolítica de por medio y, por tanto, la profundidad de la incursión china está en directa relación con las posibilidades que le daba el propio sistema capitalista adoptado en plenitud tras las medidas de ajuste. Las quejas de los industriales de que “el producto chino nos está matando” empezaron en esa década. Así, los migrantes chinos empezaron a abrir restaurantes, invertir en bienes raíces, importar directamente de su país toda suerte de bienes desde baratijas hasta maquinaria intermedia, y como es natural, poco a poco establecieron incursionaron como socios o propietarios en industrias, bancos, seguros y todo el quehacer económico en general. Más tarde, ya con auspicios del gobierno chino, las inversiones se hicieron fuertes en finalmente en minería, hidrocarburos, infraestructura y minería.

    China en la economía global

    Bajo el gobierno de Clinton 1993 – 2001, se producen las primeras reacciones, desde la típica óptica demócrata. En 1995, con los siempre escasos fondos que dispone Estados Unidos, el gobierno logra reunir 25.000 millones de dólares americanos para el “rescate” de la economía mexicana sumida en una profunda crisis económica tras su devaluación de diciembre de 1994. En el esquema visionario de Clinton, la prosperidad vendría aparejada de cambios políticos prodemocráticos. Bajo ese esquema se apoyó a Polonia y Corea del Sur y, naturalmente se influyó en China y Rusia. Es precisamente Clinton quien alentó con más fuerza la inclusión de China en el capitalismo global y en 1999 firmó un acuerdo por el que China ingresaba en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y por lo tanto aceptaba abrir sus mercados a las importaciones a cambio de su incorporación.

    A partir de ese momento “se abre” la economía china a Latinoamérica. Dejaba de ser vendedor e inversionista, también se convertía en comprador e incluso como destino de inversiones (pese a que su economía no está totalmente abierta para ese efecto).

    Estados Unidos promovió el Tratado de Libre Comercio con Canadá y México (TLC) y logró que la OMC se convirtiera en árbitro del comercio global. En esas condiciones, al menos en el plano comercial, la relación con China habría de ser más armoniosa aunque eso duró poco. El régimen político chino no cambió sustancialmente con la apertura y con el advenimiento de Bush empezaron a entrar en juego consideraciones geopolíticas desde el lado norteamericano.

    A inicios del siglo XXI, China empieza a tener crecientes superávits en cuenta corriente que tienen como haberse convertido en acreedor/inversor en todas las latitudes del mundo, incluyendo obviamente las propias empresas norteamericanas. Ello hace de por sí inviable algún objetivo geopolítico serio de desplazar a China de Latinoamérica ya que los propios contribuyentes del gobierno norteamericano son accionistas chinos. Por otra parte, como adelantaba Adam Smith en el principio de los tiempos, el comercio hace que los vínculos entre países se solidifiquen al máximo. De hecho, China está en el propio código genético comercial latinoamericano, como cualquier otro socio comercial duradero y masivo.

    ¿Hay geopolítica de por medio?

    China fue muy cautelosa (intencionalmente o no) en su geopolítica respecto de Latinoamérica. No influyó en sus gobiernos, no se inmiscuyó en asuntos políticos ni emitió criterios en los fuertes vaivenes de los inestables gobiernos latinoamericanos. El ingreso de capitales chinos incluso los más grandes, en tanto el país fuera solvente, se dieron sin grandes condicionalidades, es más casi sin condicionalidad alguna. En la medida que los países muestren menos solvencia, naturalmente, los condicionantes son mayores. Ello explica el tratamiento chino a la deuda venezolana sumida en un descalabro macroeconómico que ya no tiene retorno.

    El hecho de que por algunos años se dieron en América Latina gobiernos de izquierda abiertamente hostiles a Estados Unidos, le permitió estrechar a China vínculos comerciales con dichos países pero de ninguna manera lazos de tipo ideológico. Así, China no hizo absolutamente nada ante la caída en dominó de dichos gobiernos en los últimos cinco años.

    La industria latinoamericana no puede competir con el producto chino, y ello es una constante desde el propio ingreso de China en la economía global, siendo la principal causa de malestar entre los industriales y políticos que buscan maximizar el empleo para sus ciudadanos. Las grandes inversiones chinas también han chocado con movimientos ecologistas que denuncian constantemente daños a los ecosistemas en las inversiones chinas en recursos naturales y energía.

    El llamado Eje político Sur – Sur es una expectativa de las decaídas economías latinoamericanas que muestran tasas de crecimiento muy inferiores de sus pares africanos. Si bien las relaciones han evolucionado a niveles no vistos antes, no logran trascender a la política, por lo que construir lazos políticos con los tres últimos países izquierdistas que quedan (Nicaragua, Bolivia y Venezuela) para formar un “bloque de liberación” o rótulo similar, es solamente demagógico. China en su pragmatismo comercial, seguirá negociando con todo aquel país que demande sus productos y sus capitales. Frente a ello, los propios aliados políticos de Trump tienen inquebrantables lazos comerciales con China.

    Sin embargo, el Eje Sur – Sur económico y comercial sí existe aunque a nivel incipiente. La importancia de Latinoamérica para China es de largo plazo. Probablemente en el futuro, sea necesario para este país influir en la política para potenciar sus intereses económicos en la región. El constante debilitamiento norteamericano le estaba facilitando llegar a tal situación, sin embargo, la agresividad e imprevisibilidad del gobierno de Trump hace pensar que aún Estados Unidos pretende defender su “patio trasero” sin razones comerciales de fondo más que las geopolíticas.

    Brasil, siempre Brasil

    Brasil es la quinta economía del planeta. Es un país sumido en la incertidumbre constantemente, al punto de que un economista israelí dijo que en Brasil hasta su pasado es incierto. Respecto de China tiene un rol ambivalente. Mientras Lula da Silva pregonaba el Eje Sur – Sur consciente de que el único país que tenía mayor simetría con China era Brasil y de ese modo tener la posibilidad de una complementación como socio, en el gobierno de Bolsonaro se ve a China como un rival a todo nivel.

    La creciente presencia china obliga a Brasil a ver África como el destino de sus exportaciones pese a que la propia China es gran compradora de materias primas brasileras. China produce cada vez más bienes de mayor agregado y por lo tanto compite con Brasil en todos los campos, en baratijas y en tecnología, llevándole la delantera siempre. La existencia de un eje Sur – Sur podría colocar a ambos en calidad de socios igualitarios y complementarse en la atención de los mercados latinoamericanos, así lo veía Lula da Silva. Brasil pretende llegar a China más barato y por tanto promueve corredores bioceánicos, Paraguay – Argentina – Chile se presentan como los socios más adecuados para dicho fin al sur y Perú al norte. Bolivia puja por ser parte de esos corredores habilitando un corredor central. Desde la óptica brasilera todo es bueno si le permite llegar barato a China.

    En ausencia de afinidad ideológica con China, Bolsonaro realiza su primer viaje oficial a Estados Unidos. Trump pretende eliminar o mantener a raya a los últimos vestigios “progresistas” y ve a China como el principal potenciador involuntario de tales gobiernos. Brasil ve a China como una competencia comercial y ya no como potencial socio. Ante objetivos diferentes probablemente surjan estrategias no consistentes y solamente más discursivas. El futuro dirá.


    * El autor es Master en Economía con Mención en Economía Internacional y Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Consultor y profesor de Economía.

  • Extorsión, coimas y persecución: el vínculo de Stornelli, Bonadio y “la embajada”


    Por Nicolás Canosa *-.


    En el contexto de una ardua disputa geopolítica mundial, la coyuntura regional muestra un protagonismo de la persecución mediante el poder judicial a los principales liderazgos populares (Lula, Cristina, Correa, Mujica y militantes de espacios cercanos a cada uno de ellos), acompañada por el rol fundamental de los medios masivos de comunicación y servicios de inteligencia. En nuestro país, la actuación del juez Ramos Padilla y su intervención en la Cámara de Diputados ha dejado sobradas evidencias (al mismo tiempo, se desarrollaba un encuentro en la embajada de EE.UU. con funcionarios y miembros del poder judicial). En este artículo observaremos que, en rigor, esta situación responde a un diseño estratégico norteamericano, evidenciado en los principales documentos de esta potencia, así como en las declaraciones del propio embajador de EE.UU. en Argentina.

    I. La disputa geopolítica mundial en la planificación norteamericana

    El documento “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de América” expresa los fundamentos políticos de la acción de esta potencia hacia cada región del mundo. En cada una de ellas, aparece un diagnóstico y las acciones prioritarias (políticas, económicas, militares y seguridad) que el país del Norte planifica desarrollar hacia cada espacio [1].
    Haciendo una revisión integral del documento, lo que se destaca es la preocupación de Estados Unidos respecto al avance de China y Rusia como actores de peso que “modifican la balanza de poder”, lo cual implica “consecuencias globales y amenazas a los intereses de Estados Unidos”. No es excepción de ello el apartado dedicado al hemisferio occidental. Pero no profundizaremos en esto aquí, aunque, por ejemplo, debemos señalar que esta disputa se vincula con la decisión de Bonadío de hacer de Gerardo Ferreyra un preso político. Este último es titular de la empresa Electroingeniería, encargada de la construcción de las represas en la Patagonia, fruto de la elevación a Asociación Estratégica Integral con la RPCh firmada por Cristina Fernández de Kirchner en 2014.

    En las acciones prioritarias del ámbito de seguridad y militar referido a nuestro continente planifican:

    “Construir sobre esfuerzos locales y fomentar a) las culturas de legalidad para reducir el crimen y la corrupción; b) Apoyar esfuerzos locales para profesionalizar la policía y otras fuerzas de seguridad; c) reforzar la autoridad de la ley y emprender reformas judiciales; d) mejorar la información compartida para apuntar a líderes corruptos y desbaratar el tráfico ilícito”.

    II. El rol de Edward Prado, el embajador norteamericano en Argentina

    Orgánico a este documento emitido en diciembre de 2017, el actual embajador de EE.UU. en Argentina, defendió su candidatura ante el Senado de su país afirmando que “Tuve la oportunidad de viajar a la Argentina en numerosas ocasiones. Di conferencias y participé de talleres en todo el país, e hice amigos dentro de la comunidad jurídica de Argentina (…) Mi intención es continuar trabajando con los abogados y jueces de la Argentina para mejorar el sistema judicial y fortalecer la confianza de la gente en el sistema judicial” [2]. Asimismo, planteó que trataría de contribuir en la investigación de la muerte de Nisman.

    En el plano militar/seguridad el exjuez Edward Prado sostuvo: “Estoy comprometido a ayudar a generar capacidad dentro de la policía de la Argentina para promover la seguridad en un aliado regional vital. Como hijo de un veterano de la Segunda Guerra Mundial y personalmente, reservista retirado del Ejército, aprecio la importancia de una fuerza militar fuerte y nuestro compromiso con un mundo democrático libre de la amenaza del terrorismo. Nuestro apoyo a las fuerzas militares de Argentina debe continuar”.

    Respecto a la economía, manifestó: “También espero trabajar de cerca en cuestiones comerciales y económicas para aumentar las oportunidades para las empresas estadounidenses en Argentina”. Desde estas afirmaciones del embajador y las líneas de acción del documento mencionado cabe señalar la interrelación existente entre:

    a. La política de Defensa y Seguridad dirigida por Aguad y Bullrich respectivamente, de pleno alineamiento con el Comando Sur, la DEA y el Pentágono, mediante capacitaciones de las fuerzas, ejercicios conjuntos, compra de armamento y la posible instalación de bases militares en distintas partes de nuestro territorio. (Recomiendo el seguimiento de Martín Calero sobre esta cuestión en los informes del Observatorio de Coyuntura Internacional y Política Exterior) [3].

    b. El rol y protagonismo del poder judicial, en concordancia con el poder mediático, como parte de un juego de dominación planificado por EE.UU., denominado como guerra jurídica o lawfare, mediante el cual se persigue y deslegitima a los liderazgos y militantes populares en la región y en particular en la Argentina.

    c. En relación a esto último, por otro andarivel, el avance de empresas norteamericanas sobre las empresas locales desprestigiadas por casos de corrupción, que están siendo investigadas por el poder judicial, en función de la extranjerización de las mismas y/o el desplazamiento en obras asignadas a ellas, por ejemplo mediante el sistema de Participación Pública Privada (actualmente a partir de la investigación en manos de Bonadío/Stornelli, desarrollada a partir de las fotocopias de unos supuestos cuadernos, y en Brasil ocurre un fenómeno similar).

    No es casual que el conductor estratégico del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, dirigentes de Cambiemos, miembros de la Corte Suprema de Justicia y los jueces Bonadío y Stornelli hayan celebrado y brindado el 4 de julio junto a Prado en la Embajada (ver fotos en esta cita) [4]. Más aún, que desde el 2002 el embajador tiene vínculos fluidos con miembro del poder judicial en Argentina. En una nota publicada por Clarín se relata que “Prado ha cultivado una relación con jueces y fiscales de este país, junto a los cuales incluso compartió distintas disertaciones. Varias de ellas con el hoy ministro de Justicia Germán Garavano, y con reconocidos jueces federales como Julián Ercolini, o la propia jueza de la Corte Suprema Elena Highton de Nolasco” [5].

    Otro hecho muy simbólico consistió en que mientras el juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, expuso ante la Cámara de Diputados sobre el caso D’alessio, sus vínculos con Stornelli y la red de espionaje ilegal que evidencia hechos de enorme gravedad institucional, la Embajada de Estados Unidos organizaba un taller “para compartir experiencias sobre el combate contra el crimen transnacional y el terrorismo” y lo publicaba en su cuenta de Twitter. En este encuentro participaron el embajador Prado, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, el Procurador General de la Nación, jueces y fiscales [6].

    III. “Si me pasa algo, miren hacia el norte”

    En septiembre de 2014, Cristina Fernández de Kirchner, desnudando las “novelas” mediáticas que el Grupo Clarín realiza hace más de 20 años en relación a la presencia de grupos terroristas islámicos en la Triple Frontera, dijo: “si me pasa algo, y lo digo muy en serio, que nadie mire hacia el oriente, miren al Norte” [7]. Este discurso se enmarcó en el avance de los Fondos Buitres y el Juez Griessa. También afirmó allí una cuestión que cobra relevancia para comprender la ofensiva mediática-judicial y del gobierno a la principal opositora que tiene el actual gobierno. “Saben que soy la última barrera infranqueable para que vuelvan a endeudar al país o para que se caiga la reestructuración de la deuda o para que se haga cualquier cosa con los trabajadores”.

    A partir de los puntos de acción prioritaria de EE.UU. hacia América Latina y el Caribe que revisamos, se comprende con mayor claridad la elaboración de un plan regional de persecución judicial y la consecuente ausencia de Estado de Derecho, hoy claramente visible con las muestras de extorsión, coimas y persecución, que tiene como protagonistas a Marcelo D’alessio, el fiscal Stornelli y al “animal suelto” de Clarín Daniel Santoro. En este marco Cristina Fernández de Kirchner es objeto de la ignominia oligárquica, con allanamientos fuera de toda legalidad, con la gravedad del envenenamiento en su vivienda y el hostigamiento mediático, que tienen por fin desplazar de la escena política y proscribir a la principal referente de la oposición del gobierno neocolonial de Mauricio Macri.

    En su reciente intervención en el Senado de la Nación, CFK afirmó: “De la propia sentencia de un juez, se puede colegir la actuación de una embajada extranjera en esta cuestión. Esto sólo ameritaría que la Corte interviniera, porque de acuerdo a la Constitución Nacional, cuando hay una cuestión en la cual podría intervenir una embajada extranjera, la Corte tiene competencia originaria y exclusiva. Y hasta ahora, por lo que he leído en la sentencia del juez Ramos Padilla, la embajada de los EE.UU. no ha contestado acerca de la veracidad de las chapas identificatorias, credenciales, etc. de agencias de seguridad de EE.UU. de Norteamérica (…) estamos ante un sistema muy perverso, de extrema gravedad constitucional e institucional”.

    Estos problemas dan cuenta también del estado de subordinación de nuestra política exterior y sus inevitables consecuencias en el ámbito interno. Es por eso que es imprescindible reconstruir una política exterior soberana, para lo cual, Cristina es vital, porque tiene una visión estratégica a largo plazo y analiza con cautela los factores relevantes y dinámicos de la compleja geopolítica mundial y regional; porque es una estadista que demostró reconocer y administrar las presiones, con coherencia y determinación; y por su coraje y audacia para actuar y defender el interés nacional, nuestra dignidad y soberanía, por ejemplo, como sucedió con los fondos buitres y la recuperación de la Fragata Libertad.


    * Licenciado en Sociología (UBA). Director de relaciones internacionales del CENACK-Peronismo Militante. Integrante de la comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto Patria. Miembro de la REDH.


    1 Recuperado de: https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905-2.pdf.
    2 Recuperado de: https://ar.usembassy.gov/es/declaracion-del-juez-edward-c-prado-ante-el-comite-de-relaciones-exteriores-del-senado/
    3 Ver: https://ocipex.wordpress.com/2018/07/02/reconfiguracion-del-rol-de-las-fuerzas-armadas-y-ayuda-humanitaria-norteamericana/
    4 Recuperado de: https://www.clarin.com/politica/22-fotos-fiesta-julio-embajada-unidos_0_rkvTJjKzm.html
    5 Recuperado de: https://www.clarin.com/politica/ministro-jueces-fiscales-nacionales-amigos-embajador-donald-trump-nombro-argentina_0_B1PEjwCEz.html
    6 Recuperado de: https://www.eldestapeweb.com/carlos-stornelli/mientras-ramos-padilla-estaba-el-congreso-la-embajada-eeuu-reunio-implicados-la-investigacion-n57282
    7 Recuperado de: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-256539-2014-10-01.html


  • La desestabilización de la revolución granadina

    La desestabilización de la revolución granadina


    Por Jorge Luna-.


    La Habana, 13 mar (Prensa Latina) La Revolución de Granada (1979-83), de gran impacto en el Caribe y Centroamérica, fue sometida, desde sus inicios, a enormes presiones económicas y campañas mediáticas, antes de ser invadida militarmente por fuerzas de Estados Unidos.

    Al recordar este 13 de marzo el alzamiento popular encabezado por Maurice Bishop, que provocó la fuga a Estados Unidos del dictador Eric Gairy, estudiosos de esos hechos coinciden en que las fuerzas reaccionarias de la región repiten hasta ahora los mismos métodos subversivos empleados contra varios gobiernos populares.

    Así sucede hoy mismo en Venezuela.

    Fue hace 40 años que el Movimiento de la Nueva Joya inició importantes medidas, poco reconocidas en la actualidad, y en unos tres años mejoró significativamente todos los indicadores socio-económicos de esa isla de 110 mil habitantes.

    En su primer mensaje radial, aquel propio 13 de marzo, Bishop insistió en que procuraría más y mejor empleo, alimentación, salud y vivienda para los granadinos, a quienes llamó a unirse en defensa de ese pequeño país miembro de la Comunidad Caribeña (Caricom).

    Asimismo, anunció que demandaría la extradición de Gairy, refugiado en Estados Unidos, para juzgarlo por asesinato, fraude y por ‘pisotear los derechos democráticos de nuestro pueblo’.

    Pese a la popularidad del gobierno de Bishop y su creciente prestigio internacional, un sector divisionista promovió un golpe de Estado contra el popular líder y, el 19 de octubre de 1983, lo asesinó junto a algunos de sus colaboradores.

    Seis días más tarde, y en una operación ensayada anticipadamente en la isla puertorriqueña de Vieques y bautizada Furia Urgente, tropas aerotransportadas estadounidenses invadieron Granada alegando que ese país era una amenaza a su seguridad (fake news).

    El portaviones USS Independence, más otros 26 barcos, brindaron apoyo bélico a unas siete mil tropas de desembarco y paracaidistas que ocuparon la isla causando cientos de muertos y heridos.

    El empleo abusivo de la fuerza por Washington tuvo repercusión internacional, pero los medios de la época ocultaron sus acciones secretas previas para desestabilizar a la denominada ‘nueva joya del Caribe’.

    En el primer mes del proceso revolucionario granadino, la Casa Blanca ponderó la aplicación de un riguroso bloqueo naval a la pequeña isla turística, pero por razones tácticas pospuso la agresiva medida.

    Sin embargo, puso en marcha un secreto Plan Pirámide, que consistía, en su ancha base, en una gran campaña de desprestigio en los medios regionales e internacionales.

    En sus niveles superiores se aplicarían medidas de desestabilización económica y, en la cumbre de la pirámide, un conjunto de operaciones secretas para eliminar físicamente a los líderes granadinos.

    Existen muchas revelaciones documentadas sobre diversos planes de invasión a Granada -especialmente los ensayos en Vieques-, pero el complot más curioso fue el denominado Ambar y las Ambarinas, que pintaba a Granada y sus islotes adyacentes (Carriacou y Petit Martinique) de color ‘Ambar’.

    Entre los pretextos del ejercicio, denominado Ocean Venture 81, figuraba la denuncia (fake news) de que Granada exportaba el terrorismo y que, concretamente, había permitido el secuestro de algunos ciudadanos estadounidenses.

    La maniobra, según el guión operativo, implicaba la invasión de la isla para rescatar a los presuntos rehenes, derrocando al gobierno e implantando un ‘régimen amigo’.

    Antes, Bishop había denunciado conspiraciones en Estados Unidos para contratar a mercenarios en ataques armados a su gobierno, uno de ellos denominado Mañana, pues así fue bautizada una de las lanchas en que viajarían los atacantes desde islas vecinas.

    Ese plan, en el que participaron el depuesto Gairy, el mercenario estadounidense Michael Perdue y representantes del Ku-Klux-Klan, entre otros, quedó frustrado por discrepancias de orden financiero.

    Es bueno recordar también que la invasión de 1983 a Granada no fue un caso aislado y, según una reciente recopilación del autor estadounidense John H. Coatsworth, entre 1898 y 1994, Estados Unidos impuso 41 operaciones de cambio de régimen en América Latina (una cada 28 meses).

    Para llevar a cabo tales acciones, Washington empleó fuerzas militares y de inteligencia propias en 17 casos y, en las restantes 24, usó la vía indirecta.

    Después de 1994, hubo tantas operaciones de desestabilización -incluidas varias similares a las empleadas contra Granada- que todavía no están del todo contabilizadas.

  • La guerra como avanzada de las corporaciones


    Por Jorge Elbaum -. CLAE / El Cohete a la Luna-.


    La ayuda humanitaria propuesta por Estados Unidos para morigerar la crisis económica y social y social que vive Caracas ha sido precedida por un programa orientado a disciplinar a la República Bolivariana, y a toda la región, con el objeto de evitar caminos soberanos alternativos al neoliberalismo.

    Más allá de las controversias acerca de la existencia o no de responsabilidades de gestión y/o ineficiencia de las políticas del chavismo en la situación interna de Venezuela, la fingida ayuda humanitaria desplegada por la fuerza militar del Comando Sur del Pentágono no responde a los protocolos demandados por los organismos de cooperación internacional para ser catalogados como una contribución destinada a paliar el sufrimiento de los venezolanos.

    El domingo 10 de febrero, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) señaló en un informe público que dicha ayuda carece de todo carácter humanitario dado que no está gestionada por organismos específicos dedicados a ese tipo de cooperación. Además, está gestionada por fuerzas militares que amenazan con invadir un territorio soberano, agregó.

    Tanto la Asamblea de las Naciones Unidas como su Consejo de Seguridad –los pilares de la arquitectura institucional global— han rechazado, por mayoría, la intervención en los asuntos internos de Venezuela. Sin embargo, los países que fueron derrotados en las votaciones de ambas organizaciones multilaterales, entre ellos EEUU y una parte de los integrantes de la Comunidad Económica Europea, continuaron la ofensiva injerencista desconociendo los acuerdos internacionales y el principio de no injerencia suscripto en la carta fundacional de la ONU.

    En ese marco, el Presidente Donald Trump abandonó el anunciado aislacionismo prometido en su campaña electoral y anunció que no descarta la intervención militar o la colaboración con las fuerzas militares de los países limítrofes de Venezuela, dispuestas a contribuir a la liquidación de la resistencia chavista.

    En la última semana, el primer mandatario colombiano Iván Duque viajó a Washington para someterse a los planes resueltos por el Departamento de Estado. En forma paralela, el ex embajador de Estados Unidos asignado en Caracas, William Brownfield, subrayó que “quizá la mejor solución sería acelerar el colapso de la economía”, o sea aislar y producir una crisis terminal a la población caribeña. Por su parte, el canciller ruso Serguei Lavrov acusó a Trump de disimular una intervención militar en Venezuela a través de la llegada de ayuda humanitaria. Subrayó en total coincidencia con Brownfield, que se busca “camuflar provocaciones (…) con el envío de ayuda humanitaria, como medio para desestabilizar la situación en Venezuela y obtener el pretexto para una intervención militar directa”.

    El posicionamiento de Rusia coincide con el de China y el de dos tercios de los países adscriptos a la ONU. En ese marco, el portavoz del secretario general de la ONU, Stephan Dujarric, aseguró que el organismo reconoce la legitimidad del Presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, como única autoridad de la nación. A través de su vocero, Antonio Guterres rechazó las demandas de Estados Unidos para validar al diputado de la Asamblea Nacional, en desacato, Juan Guaidó. (1)

    Humanismo del garrote

    La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), una de las voces más representativas de la catalogación de emergencias internaciones, consigna 7 situaciones de gravedad humanitaria en el mundo durante 2018: Irak, Nigeria, República Democrática del Congo, Siria, Sudán del Sur, Yemen y Myanmar (en relación a los rohingyas) (2). En todos esos escenarios se han denunciado masacres, desplazamientos de población y crímenes de lesa humanidad.

    } En tres de ellos (Irak, Siria y Yemen) las acusaciones de matanzas a población civil involucran a las fuerzas militares de Estados Unidos ya sea por bombardeos de su fuerza aérea y/o por asesoramiento, financiamiento o provisión de armamento a los grupos implicados en los respectivos crímenes masivos. En el caso específico de Siria han impulsado las operaciones de los grupos fundamentalistas islámicos (del ISIS), repitiendo el modelo de apoyo a Al Qaeda, en Afganistán, en su guerra contra la ex Unión Soviética en los años ’80.

    La última emergencia internacional consignada por ACNUR se desarrolla en la actualidad muy cerca de la frontera de Estados Unidos y abarca al 50 % de la población de Haití, que sufre una situación de violencia interna, hambrunas y posibles pandemias capaces de extenderse peligrosamente a su vecina República Dominicana. En los últimos días las oficinas de las Naciones Unidas instaladas en su capital contabilizan 52 muertos y casi 300 heridos, en el marco de una confrontación social que incluye el pedido de renuncia de su primer mandatario dictatorial, Jovenel Mouse, curiosamente avalado por el Departamento de Estado, quien llegó en el marco de un fenomenal fraude electoral digitado desde Washington (3).

    Las denominadas guerras democratizadoras impulsadas por Washington desde 1945 han impuesto dictaduras, como en Corea del Sur, o generado millones de muertos como en Vietnam, Afganistán, Irak, Somalia o Libia. La pretendida ayuda humanitaria es la fase actual de un proceso de larga duración que se inició en 2002 con el golpe de Estado al entonces presidente Chávez.

    La ofensiva se complementó con una campaña mediática orientada a socavar las decisiones soberanas del gobierno venezolano, proceso que incluyó la protección a empresarios denunciados por Caracas que hallaron refugio en Miami. La campaña de desestabilización se completó con la aceptación por parte de los organismos de control de Washington de una gigantesca fuga de capitales canalizados por las entidades bancarias offshore, que administran capitales estadounidenses y británicos asentados en islas del Caribe y en el estado de Delaware. Las etapas posteriores incluyeron un progresivo bloqueo, que impidió la importación de medicinas y alimentos y un intento de magnicidio contra el presidente Nicolás Maduro mediante la utilización de drones explosivos.

    Las máscaras se derriten

    La fase actual de la promocionada ayuda humanitaria abarca el intento de duplicidad del Poder Ejecutivo venezolano con el reconocimiento del auto erigido presidente Juan Guaidó (4) . En las cercanías de las oficinas de los congresistas estadounidenses circulan humoradas respecto a la crisis humanitaria que implicaría, para los empresarios norteamericanos, desaprovechar negocios respecto a la mayor reserva certificada de petróleo de mundo, la tercera de gas, la tercera de oro, la quinta de hierro y la hipótesis de contar con los yacimientos de coltán más importantes a nivel global, mineral vital para la elaboración de las futuras baterías de los dispositivos electrónicos necesarios para la cuarta revolución industrial.

    Las bromas esparcidas en los despachos del Capitolio se hicieron más ácidas cuando se difundió que el jefe de la comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, el demócrata Eliot Lance Engel, descartó la autorización de su bancada, que posee la mayoría de los escaños, para una intervención militar en Venezuela, como la que sugirió reiteradamente el presidente Donald Trump.

    Las humoradas se vieron justificadas por la intervención de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, quien recientemente se refirió al rol de las corporaciones trasnacionales monopólicas, y sobre todo las petroleras y aquellas que producen aparatología bélica, para inficionar el sistema político estadounidense y lograr intervenciones militares e invasiones dirigidas a lograr ventajas estratégicas en el acceso a materias primas y control logístico territorial. Ocasio-Cortez también apeló al humor para desenmascarar el mecanismo por el cual parlamentarios y miembros del poder ejecutivo buscan ventajas basadas en la corrupción corporativa y empresarial. Frente a un comité de expertos en ética, convocados en una audiencia de la comisión de vigilancia del Congreso, pareció explicar las motivaciones últimas de la injerencia sobre Venezuela.(5)

    Los mandatos del capitalismo monopólico global al interior de la política estadounidense. Una explicación de cómo funciona la ofensiva injerencista.

    A fines del siglo XX Hugo Chávez inauguró una etapa enfrentada al neoliberalismo que tuvoecos, continuadores y socios en varios países de América Latina . Ese proceso se condensó en 2005, en la ciudad argentina de Mar del Plata, con el “No al ALCA”, que significó un límite preciso a la manipulación de Washington en la región. La irrupción del supremacista Trump profundizó la guerra de baja intensidad basada en sanciones financieras, la pretendida dualización y la restricción a recuperar reservas de oro y divisas depositados en Gran Bretaña y Estados Unidos. }

    Según un pormenorizado análisis reciente divulgado por el CELAG, el aislamiento humanitario –mejor denominado asfixia programada— supuso la pérdida de 350.000 millones de dólares en producción de bienes y servicios entre 2013 y 2017. “Desde que Nicolás Maduro asumió la Presidencia en 2013, el sector público venezolano dejó de recibir, en términos netos, flujos que en el quinquenio 2008-2012 habían supuesto más de 95.000 millones de dólares, es decir, unos 19.000 millones de dólares anuales” (6).

    El bloqueo económico y la amenaza de la guerra civil para generar el colapso, la imposición de un imaginario justificador de la existencia de un poder dual y la invasión estadounidense que se anuncia entre los opositores con fecha precisa el 23 de febrero, disimulada en el caballo de Troya de la supuesta ayuda humanitaria: todo para terminar, de forma ejemplarizante en la región, con el virus de la Revolución Bolivariana.

    Años atrás, un importante funcionario de la cancillería argentina participó en Washington de la presentación del libro de Henry Kissinger Orden mundial: Reflexiones sobre el carácter de las naciones, por entonces un best seller mundial. Luego de las acotaciones elogiosas de dos comentaristas y la pausada alocución del autor, se autorizó una ronda de preguntas los presentes. El funcionario diplomático argentino inquirió, respetuosamente, al autor: “¿Cuál es la razón, señor Kissinger, por la cual usted se refiere a América Latina en forma tangencial y exigua en su texto?” El ex jefe del Departamento de Estado apeló a una risa disimulada y respondió: “Porque America Latina no es un problema de política exterior de los Estados Unidos. Es una cuestión doméstica de nuestro país”. A confesión de parte, relevo de pruebas.


    Notas

    1.- No todos los países de la Unión Europea (UE) se suman al desconocimiento de Maduro. Hasta el momento Italia, Grecia, Rumanía, Irlanda, Bulgaria, Chipre, Malta y Eslovaquia han omitido la legitimación de Juan Guaidó. En total, sólo 40 países de las 193 reconocidas por las Naciones Unidas avalaron al autoproclamado primer mandatario Guaidó.

    2.- https://www.acnur.org/emergencias.html

    3. https://www.miamiherald.com/news/nation-world/world/americas/haiti/article41860518.html

    4. El bloqueo proscribe el acceso de Venezuela a los mercados financieros internacionales, lo que impide renovar sus títulos de deuda pública o solicitar nuevos. Imposibilita la compra de crudo liviano para la refinación de la materia prima lo que genera fuertes caídas en la generación de divisas. Un proceso generado por Estados Unidos para empujar el colapso.

    5. El video de Alexandria Ocasio-Cortez sobre la corrupción institucionalizada se convirtió en el video político más visto de la historia de Twitter con 40 millones de reproducciones.


     

  • Venezuela: epicentro geopolítico mundial

    Venezuela: epicentro geopolítico mundial


    Por Ángel Guerra Cabrera-.


    Estados Unidos, desesperado ante el fracaso de sus intentos por destruir la Revolución Bolivariana, ha nombrado a un payaso como presidente de Venezuela. Equivalente a una declaración de guerra, ha puesto nuestra región a las puertas de un conflicto bélico de grandes proporciones. Juan Guaidó fue preparado en Estados Unidos y en Serbia para el cambio de régimen bajo la supervisión de la CIA y puesto en circulación hace unos meses hasta su ilegal autoproclamación el 23 de enero.

    Si Washington y sus satélites en el cártel de Lima y en la Unión Europea lograran consumar la anhelada intervención militar en Venezuela, cualquier coalición imperialista podría, desde ese momento, al margen del derecho internacional, hacer lo mismo contra gobiernos que no sean de su agrado. Después de una larga serie de intentonas golpistas, Venezuela es sometida desde 2013, a una guerra hibrida: bloqueo económico, financiero y comercial, desabastecimiento selectivo de productos e inflación comprobadamente inducida por los capitales externos y sus súbditos internos de la oligarquía local, guerra mediática internacional y actos terroristas focalizados.

    En Venezuela no se necesita ayuda humanitaria. Bastaría que Washington comenzara por liberar los aproximadamente 23 mil millones de dólares que retiene al tesoro venezolano. Solo con ellos, Venezuela podría comprar los mil millones en medicamentos que necesita durante un año y quedaría sobradamente para otras necesidades apremiantes.

    Venezuela mantiene la producción agropecuaria y en algunos renglones la ha aumentado, su industria y minería continúan funcionando. La producción petrolera ha caído debido a la falta de piezas de repuesto, la resequedad financiera y la actividad contrarrevolucionaria en su interior, pero ya sienta bases firmes para volver a crecer. Existe una industria farmacéutica en manos de transnacionales, que intencionalmente, para generar disgusto en la población, no produce ciertos medicamentos críticos en cantidad suficiente y oportuna. En los últimos 7 años, el país ha construido 2 millones quinientas mil viviendas de calidad en entornos urbanísticos amigables. Mantiene una escolarización de más de 7 millones de infantes en escuelas primarias, ha aplicado 8 millones de vacunas en coordinación con la Organización Mundial de la Salud que protegen a la población contra enfermedades contagiosas. En resumen, hablar de crisis humanitaria y de necesidad de ayuda humanitaria, no es más que un pretexto para una intervención militar.

    Es perverso calificar de ilegítimo al presidente Nicolás Maduro. Fue electo en 2018 en comicios en los que votaron más de 8 millones de electores, de los cuales mas de 6 lo hicieron por el abanderado de la Revolución, 67.84% del total. El ente electoral que contó los votos fue el mismo que en 2015 certificó la importante victoria de la oposición en los comicios parlamentarios. Numerosos observadores no reportaron ninguna irregularidad de importancia. La oposición tuvo presentes a sus técnicos, como siempre, en las numerosas auditorias realizadas al sistema electoral. Dos pequeños partidos políticos de extrema derecha se abstuvieron de competir, pero ello no invalida la elección según la ley

    Las organizaciones políticas que no presentaron candidatos seguían la orden dada por Washington cuando, en el momento en que se firmaría el acuerdo para una solución política al conflicto entre el gobierno bolivariano y la oposición, se retiraron de la mesa de negociación, ante el asombro de los mediadores: el expresidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero y el mandatario dominicano Danilo Medina. Comenzaba así la recta final del nuevo plan imperialista para derrocar al mandatario venezolano, apoderarse de los cuantiosos recursos de Venezuela y aniquilar al chavismo como sujeto histórico a escala latinocaribeña. En agosto de este año se produjo el fallido intento de magnicidio contra Maduro, seguido de varios ataques terroristas puntuales contra la infraestructura energética y ataques a pequeños cuarteles, que buscan dividir a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).

    Pero Caracas y todas las ciudades venezolanas permanecen tranquilas, alegres, y las pruebas de apoyo popular y lealtad de las FANB al presidente son contundentes. Maduro ha participado en maniobras con las principales unidades militares y navales. En una reunión en la que nos habló de este tema relató emotivamente su encuentro con los 200 pilotos de combate partícipes de la defensa antiaérea.

    Defender la soberanía y la integridad territorial de Venezuela es hoy, deber sagrado de todas las mujeres y hombres amantes de la paz, porque la patria bolivariana ha devenido epicentro de la disputa mundial entre el orden unipolar defendido por Washington y el multipolar al que aspiran China y Rusia con el apoyo de los gobiernos independiente. En esta encrucijada se decidirá no solo la soberanía venezolana, sino la de todos los pueblos del mundo.

  • ¿Golpe en Venezuela o definición del Cisma geopolítico global?

    ¿Golpe en Venezuela o definición del Cisma geopolítico global?


    Por Rafael Bautista S. *-.


    Una vez que EE.UU. se retira de Siria, sin el poder disuasivo suficiente contra China y Rusia, y sin que Irán, Corea del Norte, Turquía e India se dejen intimidar, no hacía falta adivinar dónde iba a relocalizar su poder estratégico: Venezuela.

    Si el fracaso en Irak y Afganistán marcó el inicio de la declinación hegemónica imperial; la reciente salida del ejército gringo de Siria significa la salida terminante del mundo unipolar de la escena global. Pero ello no produce todavía el fin del Imperio, tampoco el actual des-orden tripolar (China-Rusia-EE.UU.) representa la nueva fisonomía mundial; porque lo que manifiesta este des-orden es la zozobra misma que infunde un periodo de transición sin destino definido. La transición misma manifiesta el drama actual sin rótulo a la vista; ésta sólo tendría sentido propositivo si apunta a una total reconfiguración del tablero geopolítico impuesto desde el siglo XVI por las potencias occidentales, y esto significaría, ni más ni menos, el fin del mundo moderno y su geopolítica imperial centro-periferia.
    El descuartizamiento que produjeron los tratados Sykes-Picot del Medio Oriente, no fue más que la secuela lógica de lo que ya se hizo con América primero (iniciado con la bula papal Inter Caetera de 1493) y después con África (Congreso de Berlín de 1884); ello objetivaba la consagración del proyecto moderno como despojo sistemático mundial por parte de una Europa occidental constituida en centro geopolítico global (EE.UU., como extensión anglosajona, se planteó lo mismo con la Doctrina Monroe, originada en 1823 pero implementada desde 1870). Esto quiere decir que, el despliegue del sistema-mundo moderno, es imposible sin ese remate de la periferia mundial: centro-periferia no es sólo una geopolítica imperial sino la ontología acabada de la cosmogonía moderna como afirmación de la supuesta superioridad euro-norteamericana.

    La lógica que formaliza ese meta-relato, produce una racionalidad que hace de la guerra la “legítima defensa” del derecho del vencedor. Eso encubre el derecho internacional y por eso, su suspensión, en momentos críticos, como el actual, sólo significa aquella admisión de facto. Cuando EE.UU., la OEA y el Grupo de Lima quiebran el orden constitucional de un país, confirman que el derecho es un eufemismo y la democracia, la libertad y el Estado de derecho, son un negocio de los poderes fácticos. La geopolítica centro-periferia es lo deducido de la antropología civilizado-salvaje o, lo que es lo mismo, superior-inferior. Por eso, ser y saberse centro es la determinación concluyente del kratos de la política moderna. Sólo de eso modo se entienden la primera y la segunda guerra como guerras mundiales, porque la disputa básica consistía en quién se constituía en centro hegemónico mundial (el argumento de la superioridad aria del nazismo no es una idea advenediza sino la creencia básica en la superioridad occidental). Es en ese sentido que, aquellas guerras entre potencias, son asunto de sobrevivencia, porque hasta ser potencia no es garantía si no se es, también, centro; es decir, todas tratan de escapar a la fatalidad de constituirse en periferia. La geopolítica centro-periferia no admite otra posibilidad y constituirse en centro no es algo que se pueda compartir.
    En ese sentido, una vez que EE.UU. se retira de Siria, no hacía falta adivinar dónde iba a relocalizar su poder estratégico, es decir, su reposición geopolítica. Ya no posee poder disuasivo contra Rusia ni contra China (la puesta en operación del misil hipersónico ruso Avangard y la misión china al lado oscuro de la Luna, dejaba a EE.UU. en la categoría del atraso civilizatorio); tampoco Irán, India, Corea del Norte o Turquía, se arredran ante el poder bélico gringo. Después de fracasado el plan del “Medio Oriente Ampliado” —o sea, el control de los hidrocarburos de la franja Irán-Irak-Siria— y de haber repuesto, para su desgracia, el área de influencia ruso en el Mediterráneo oriental, el desplazamiento de sus ejércitos sólo podía tener un único destino: la Cuenca del Caribe.
    No tardó mucho el Grupo de Lima, a la cabeza de Duque y Bolsonaro, en apoyar la decisión del régimen gringo de reconocer al improvisado presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como “presidente delfín” de Venezuela. Pero este nuevo golpe de Estado (el anterior duró 2 días, del 11 al 13 de febrero del 2002) ya no busca una simple remoción presidencial sino trasladar a Sudamérica el laboratorio que se impuso en Siria, es decir, la doctrina Rumsfeld-Cebrowski o destrucción sistemática de estructuras estatales con repercusión regional.

    Por ello se puede hablar de colusión abierta de las oligarquías nacionales con el Imperio para iniciar un proceso de desestabilización creciente o “caos constructivo” regional. Un gobierno paralelo (con aval del Ministerio de Colonias —OEA—) sólo puede conducir a un des-gobierno, y esto, a la guerra civil; pero con ello, todos los gobiernos involucrados atizan su propia desestabilización. Como señala Tierry Meyssan, éste es el esquema que se activó en Siria el 2011: la OEA asume el papel de la “Liga Árabe”, el “Grupo de Lima” hace el papel de los “Amigos de Siria” y Juan Guaidó asume el papel del jefe de la oposición siria Burhan Ghalioun (típico peón que sale de escena una vez que el conflicto estalla). Por razones geopolíticas, al Imperio en decadencia ya no le conviene “mantener” gobiernos leales; los costos de recuperación hegemónica sólo pueden compensarse con la desposesión inmediata de recursos estratégicos. Sumir a la región al caos creciente es el plan del Departamento de Defensa “core and the gap”. El plan que se inicia en Venezuela conduce a desestabilizar de tal forma a la región, que el “desastre humanitario” da pie a una intervención militar que, como en el caso de Irak, Siria o Libia, atiza todos los conflictos existentes para que la combustión produzca una inflación política de consecuencias incalculables.

    Todo lo que han venido haciendo EE.UU. y el Grupo de Lima ha sido crear la escenografía de la guerra de intervención: Exxon Mobil intentó provocar aquello cuando uno de sus barcos prospectivos provocan la movilización de la armada venezolana al atravesar la zona en litigio entre Guyana y Venezuela y violar soberanía marítima venezolana (la versión adulterada de la transnacional petrolera le bastó al Grupo de Lima para denunciar al gobierno bolivariano como un peligro regional). No olvidemos que la auto-proclamación de Guaidó es precedida por las declaraciones del presidente brasilero Bolsonaro, en el reciente Foro Económico Mundial de Davos: “no queremos una América bolivariana”. Es decir, el golpe estaba siendo digitado mientras se creaba, en la opinión pública mundial, una renovada animadversión a la figura de Maduro y el chavismo.

    Lo que viene mediática y cibernéticamente, es exasperar a la opinión pública hasta la conmoción, o sea, la guerra civil; de modo que una intervención militar aparezca como lo más sensato y humano que pueda pasar. Pero esto no es el fin del conflicto sino el preludio del caos. Si en Venezuela se operase una “limpieza ideológica”, en Brasil se mostraría lo que ello significa; no tardarían los demás gobiernos en aducir la influencia chavista para conculcar todo ejercicio democrático (eso es lo que ya claman los sicarios mediáticos, desde Miami hasta Buenos Aires, alimentando el odio en una sociedad atravesada por los prejuicios gringos, como la rusofobia, y la más reciente sinofobia).

    La activación de una renovada Doctrina Monroe tiene por objetivo cerrar todo acceso a la influencia rusa y china. Sólo de ese modo, en el des-orden tripolar, EE.UU. garantiza su poder estratégico disuasivo tomado de rehén a todo el continente. Esto no significa reponer la guerra fría sino partir literalmente al mundo en dos, donde la estabilidad sea la nueva mercancía cuyo único proveedor sea el Imperio en su etapa post-imperial.

    La jugada estratégica que hace el presidente Maduro es su acercamiento a Rusia, China, Irán y Turquía. Como en el caso de Vietnam, la supervivencia de un país chico, consiste en hacer que su independencia sea del interés geopolítico de las potencias emergentes. De ese modo, la cortina diplomática golpista no prospera; por ello la precocidad del régimen de Washington y del Grupo de Lima, manifiestan una ligereza que ya no sorprende. El mundo ya no es unipolar y, si la OEA no puede emitir una declaración conjunta contra Venezuela, tampoco puede hacerlo la Unión Europea. El apoyo de Rusia al presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, pone las cosas en su sitio.

    Por ello el golpe no puede prosperar de modo inmediato, porque la tensión se dirige a definir el cisma geopolítico global: si EE.UU. no cuenta con el acceso expedito a los recursos estratégicos de la Cuenca del Caribe (que es también el acceso al Amazonas y a la Cuenca Guaraní), entonces el equilibrio de poderes en el des-orden tripolar frena los afanes expansivos de una más salvaje re-colonización post-imperial. Rusia y China ya saben lo que significa reducirse a ser periferia. Lo que deben aprender es que aspirar a ser centro constituye la trampa imperial.

    Esto significa que, en medio del des-orden global, un orden multi-polar sólo puede ser transición a la cero-polaridad. Esto es lo que significaría un nuevo orden mundial post-occidental. Y esto es lo que ha de definirse en Sudamérica; pues si algo ambiciona EE.UU. para reponer su hegemonía global, a la fuerza, es la reserva petrolífera más grande del planeta, o sea, la franja del Orinoco.

    Los gobiernos europeos se hallan lejos de aprovechar esta coyuntura para distanciarse de la influencia gringa, no sólo por sus problemas internos que ya no tienen repercusión global, sino que la consumación del cisma geopolítico a definirse en Sudamérica, hace que su importancia quede relativizada (su acercamiento a Rusia y China no puede comprometer su adscripción al liderazgo gringo, pues lo que se halla en juego es el futuro mismo de Europa).

    Lo que le queda al Imperio, en connivencia con los poderes fácticos, es lo que apuesta su más reciente doctrina “core and the gap”, esto significa, constituirse en único administrador del mundo integrado y del mundo del caos. El Imperio no deja de jugar a ser Dios; porque se pone como administrador de la vida y de la muerte; porque ahora pretende dividir el mundo en el orden que lo garantizarían sus ejércitos, y el caos, que también lo garantizarían sus ejércitos. Por eso el interés en derrocar a Maduro, porque sus ejércitos (militares, cibernéticos y mediáticos) requieren de base energética y eso es lo que la franja del Orinoco posee. No hay proyecto imperial sin geopolítica y no hay geopolítica sin base energética estratégica. El Imperio se juega todo, porque en su reposición hegemónica no apuesta a algo sino a todo. Sólo se es Imperio de ese modo.
    Pero las hegemonías concentradas ya son insostenibles en este nuevo siglo, donde la migración global ha reconfigurado hasta los mapas demográficos.

    Sólo un nuevo orden global sin hegemonía única podría posibilitar una transición civilizatoria global más racional. Ninguna economía puede sobrevivir en el patrón diseñado por la globalización neoliberal y eso ya lo saben europeos y gringos que no forman parte del 1% rico del mundo.
    La actual desglobalización reconfigura la geopolítica imperial y desacopla al centro de sus periferias. Por eso la contradicción actual entre globalistas y nacionalistas describe de mejor modo la posible transición hacia un nuevo orden global; eso reconfigura también la dicotomía izquierda-derecha, situando a la política en la necesaria tematización de proyectos nacionales post-occidentales.

    Como señala el presidente Maduro, descubriendo la falacia liberal de la democracia moderna: “la patria es el otro”. Lo que fue Cuba en el siglo XX, ahora lo es Venezuela en los albores del siglo XXI. Allí se está proponiendo una descolonización del Estado moderno-liberal, donde “el otro, el indio y el negro, éramos mas bien el mono antes que humano”. Por eso es tan dramática esta transición, porque lo que está en cuestión es el concepto mismo de lo humano; por eso también la reacción insensata de la misma sociedad ante el indio y el negro, ante el pobre y el excluido, es decir, el desprecio aristocrático al pueblo hecho proyecto histórico-político. La violencia de la oposición más radical en Venezuela (que apunta a replicar un nuevo Bolsonaro, o sea, otro cruzado conquistador, con la cruz y la metralla) ocultan esa constante: el rechazo a la igualdad humana. Por eso toda geopolítica es antropología implícita.

    En su geopolítica, el Imperio en decadencia se sostiene en su condición de centro. Dejar de ser centro significa el desmoronamiento de su cosmogonía, de aquella creencia básica e irrenunciable que sostiene su poder: su excepcionalismo.

    Si el Imperio pierde Venezuela, pierde geoestratégicamente la posibilidad de su reposición geopolítica; por eso la guerra financiera contra la revolución bolivariana pretendió bloquear todo intento de recuperación económica, hasta que Venezuela apostó por el Club de Shanghái, o sea, a hacerse el pivote de un orden post-occidental en Sudamérica.

    No le quedaba otra a Venezuela, por eso arriesgó también todo; porque cuando se pretende una revolución que no sea a medias, como fue el sueño del comandante Chávez, no queda otra que su radicalización, y esto se condensa en “la patria es el otro” que proclama el presidente Maduro.
    “La patria es el otro”, es el criterio de la transición civilizatoria global; pues todo aquello que ha negado y excluido la modernidad, es lo que ahora se nos presenta como la alternativa y la brújula por donde debiera dirigir la humanidad su apetito utópico en este nuevo siglo. Por ello, defender a la revolución bolivariana es no sólo un imperativo revolucionario sino hasta humano, porque socavar la hegemonía gringa ya no es una cuestión ideológica sino de sobrevivencia planetaria.

    En toda reconfiguración geopolítica todo se trata de sobrevivir, en las mejores condiciones, en el nuevo tablero geopolítico; pero ahora se trata de la propia sobrevivencia de la humanidad, esto es, de los 7.000 millones de sobrantes del poder financiero global. En los planes del 1% rico del mundo, se condensa la descripción de la lógica suicida del capital que hacía Marx: sólo sabe producir riqueza, socavando las fuentes mismas de toda riqueza: ser humano y naturaleza. Si el golpe tiene éxito no sólo perderá Venezuela sino toda Sudamérica y, en consecuencia, toda la humanidad, una de las últimas oportunidades de remediar el curso del tren fatídico del desarrollo infinito del centro, a costa de la humanidad y del planeta.

    * Autor de: “El tablero del siglo XXI, Geopolítica des-colonial de un orden global post-occidental”, de próxima aparición.