octubre 25, 2020

El Senado de Estados Unidos analiza el envío de tropas a Libia

por: Chris Marsden/ WSWS/ Rebelión

El general Carter Ham anunció el pasado miércoles ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado que podrían enviarse a Libia tropas estadounidenses porque hay pocas posibilidades de que el opositor Consejo Nacional de Transición (CNC) derrote a las fuerzas leales al coronel Muamar Gadafi.

Ham, que dirigió la campaña aérea de la coalición contra Libia antes de que se hiera cargo la OTAN, dejó claro que no estaba personalmente a favor de esa medida. Respondía a las preguntas de senadores republicanos como John McCain, que han sido mordaces respecto a lo que ellos denominan las tibias medidas de la guerra contra Libia por parte del gobierno de Obama.

Preguntado sobre la posibilidad de que la oposición pudiera “abrirse paso” hasta Trípoli y reemplazar a Gadafi, Ham respondió: “Señor, lo evaluaría como una baja probabilidad”.

Presionado por McCain sobre si la situación estaba estancada o si estaba “emergiendo un estancamiento”, Ham afirmó: “Senador, yo estaría de acuerdo con eso en este momento”. Parece que un “estancamiento” es “más probable” en la actualidad que al inicio de la campaña aérea del 19 de marzo, dijo.

McCain quiere que Estados Unidos abandone la pretensión de que el objetivo directo de la guerra aérea no es un cambio de régimen. En su testimonio, Ham dijo que el derrocamiento de Gadafi no estaba incluido en el mandato de la misión de la ONU de proteger civiles en virtud de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad. Estados Unidos, insistió, quería contar con medios diplomáticos y de otro tipo para obligarle a dimitir.

Pero ante un probable estancamiento, aclaró, Estados Unidos puede considerar el envío de tropas a Libia como parte de una fuerza terrestre internacional que pudiera asistir a los rebeldes. “Sospecho que se puede estar considerando ello de algún modo”, dijo ante el comité.

Advirtió de que la participación de Estados Unidos en una invasión por tierra era problemática, ya que podría erosionar el apoyo dentro de la coalición internacional, haciendo más difícil, en particular, que los regímenes árabes sigan respaldando la guerra. “Mi opinión personal en este momento sería que probablemente no es la circunstancia ideal, insisto, por la reacción regional que tendría que Estados Unidos metiera sus botas sobre el terreno”, dijo.

La misión declarada de la expansión de la OTAN para derrocar a Gadafi requeriría un “incremento muy significativo” del esfuerzo militar y “probablemente” requiera tropas y espías de la coalición, añadió. Se necesitarían “fuerzas militares para poder actuar en un plazo muy, muy corto”.

“Nos resultaría muy difícil encontrar socios dispuestos”, dijo, y “tendría un efecto negativo en la Liga Árabe”.

Preguntado sobre la cuestión de armar y entrenar a los rebeldes, Ham dijo que había “indicios de que algunas naciones árabes, de hecho, habían empezado a hacerlo que en la actualidad”. Sin embargo, advirtió de que Estados Unidos necesitaba estar seguro de quien estaba recibiendo armas antes de hacer lo mismo. “Contamos con episodios en nuestra historia de intentos de aplicar la fuerza militar para el cambio de régimen que han sido menos que satisfactorios”, advirtió.

Citó el peligro de que militantes de Al-Qaida pudieran aprovechar algunos de los alrededor de 20.000 misiles lanzados en Libia, lo que constituye “una preocupación regional e internacional”.

Las declaraciones de Ham apuntaron una escalada de la guerra y reflejaron las preocupaciones acuciantes de sectores militares y políticos estadounidenses. Otras declaraciones emitidas por otros resultaron más perjudiciales para la propaganda de Estados Unidos en aras de justificar el bombardeo de Libia aunque recibieron mucha menos atención de los medios.

Richard N. Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y funcionario del Departamento de Estado en los dos primeros años de la administración de George W. Bush, rechazó la afirmación de que la intervención militar fuera necesaria para evitar una masacre de civiles por parte del régimen de Gadafi. “En primer lugar, no está claro que fuera inminente una catástrofe humanitaria en la ciudad libia oriental de Bengasi”, afirmó en su discurso preparado para el comité.

“No hubieron informes de masacres a gran escala en Libia hasta ese momento”, continuó, “y la sociedad libia (a diferencia de Ruanda, por citar un precedente de evidente influencia) no está dividida. Gadafi consideró a los rebeldes como enemigos por razones políticas, no por sus asociaciones étnicas o tribales… no hay pruebas que yo conozca de que los civiles hubieran sido per se blanco de ataques a gran escala”.

En cuanto a la demanda de cambio de régimen, insistió, “los políticos estadounidenses cometieron un error al pedir explícitamente al principio de la crisis que se fuera Gadafi. Con ello, han conseguido que sea mucho más difícil el empleo de la diplomacia para ayudar a alcanzar los objetivos humanitarios de Estados Unidos sin necesidad de recurrir a la fuerza militar. Se eliminó el incentivo que hubiera podido tener Gadafi para dejar de atacar a sus oponentes”.

Estados Unidos había asegurado que la guerra civil iría a más, Haass sugirió. Añadió que “requerir la eliminación de Gadafi hace que sea más difícil en realidad llevar a cabo la aplicación de la Resolución 1973 y detener el combate”.

Haass advirtió de una reacción negativa de la opinión pública: “Algunas intervenciones humanitarias pueden estar justificadas pero la falta de coherencia no es gratuita ya que puede confundir a la opinión pública estadounidense y decepcionar a la gente de otros países, en un proceso abierto de acusaciones contra nosotros de hipocresía y dobles raseros”.

Se refirió críticamente de la contención del presidente Obama por la que “es aceptable en principio intervenir militarmente en nombre de intereses considerados menos que importantes” y librar “guerras de elección”. Haas dijo que esas guerras podían justificarse pero eran claramente ilegales.

Al abordar cómo se puede ganar la guerra, dijo que Obama “está buscando claramente que nuestros socios de la OTAN asuman el papel militar principal y ha descartado la introducción de las fuerzas terrestres estadounidenses”. Pero, subrayó, “el balance hasta la fecha señala un aumento de la participación de Estados Unidos. La zona de exclusión aérea aumentó rápidamente con “operaciones aéreas adicionales diseñadas para degradar las fuerzas del gobierno libio… Ahora hay un interés evidente en armar a las fuerzas de la oposición”.

Haass concluyó: “La única manera de garantizar la sustitución del régimen actual de Libia con algo notablemente mejor sería a través de la introducción de fuerzas terrestres que estuvieran dispuestas a permanecer en el lugar para mantener el orden y crear capacidades tras el derrocamiento del gobierno”. Se opuso a esta alternativa y abogó por una “iniciativa diplomática” para lograr un alto el fuego.

Dirk Vandewalle, autor de A History of Modern Libia y profesor en el Dartmouth College, estaba a favor del cambio de régimen. No obstante, sus comentarios sobre el impacto potencialmente ruinoso de la guerra fueron reveladores. Libia ha sufrido un daño terrible, dijo, y existe un claro peligro de que pueda “caer en una verdadera guerra civil que enfrentaría a las provincias occidentales y orientales de Tripolitania y Cirenaica entre sí”.

Advirtió contra el “apoyo incondicional” a la oposición del Consejo Nacional de Transición. “A pesar de que reclamen que representan al país entero”, dijo, “el [CNC] hasta la fecha es nacional, una vez más, sólo en sus aspiraciones”.

Continuó: “Sólo aproximadamente 12 de sus miembros son conocidos; los otros, que dicen representar geográficamente al resto del país, se mantienen en secreto por temor a supuestas represalias por parte de Gadafi. No es de extrañar, a la luz de las políticas de Gadafi, que ninguno sea una verdadera figura nacional capaz de encabezar la lealtad de todas las provincias y de todas las tribus”.

Los liberales intervencionistas se alinearon con los republicanos neoconservadores como los defensores más fervientes de la guerra en Libia. Tom Malinowski, director en Washington de Human Rights Watch, se jactó de las actividades de su organización en Libia en colaboración con fuerzas “que desde entonces han ascendido a un puesto prominente de la oposición”.

Se opuso a cualquier aproximación crítica contra la oposición declarando incluso que “lo que hemos visto desarrollarse en Libia no es, como algunos han sugerido, una guerra civil clásica”. Argumentando en contra de Haass, insistió en que la intervención ha impedido una masacre.

“Cuando las fuerzas de Gadafi lanzaron su contraofensiva contra los rebeldes en el este a principios de marzo”, dijo, “temíamos que pudieran suceder atrocidades a mayor escala si llegaban a Bengasi y a otras ciudades de la oposición más al este. Pero la administración de Obama y sus aliados internacionales actuaron a tiempo para evitar que ello sucediera”.

Volviendo a la cuestión de que las armas de los rebeldes libios acaben en manos de extremistas islámicos, dijo que se trataba de una “legítima” preocupación pero agregó: “Según nuestra experiencia, la gran mayoría de la gente de esta parte de Libia no quiere tener nada que ver con el terrorismo”.

El impulso para ampliar la intervención militar occidental sobre el terreno en Libia, a pesar de una orden de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad que restringe tropas de ocupación, está ganando fuerza en Gran Bretaña, así como en Estados Unidos. En un artículo publicado el viernes, The Daily Mail nombraba a importantes figuras militares que han propuesto al primer ministro, David Cameron, la participación de mercenarios “para entrenar y dirigir las fuerzas de oposición hacia la capital, Trípoli, en una batalla para poner fin al estancamiento militar”.

The Daily Mail decía:

      “Está claro que no podemos ganar la guerra desde el aire”, afirmó ayer de manera implacable una fuente militar. “Atacaremos objetivos desde el aire y ellos [los mercenarios] harán el trabajo sobre el terreno”.

      Los países árabes también pagarían por [utilizar] ex miembros del servicio aéreo especial y ex soldados de las fuerzas especiales de Estados Unidos que trabajan para empresas de seguridad privada para entrenar y dirigir fuerzas de oposición. Aunque los miembros activos de los servicios aéreos especiales (SAS, en sus siglas en inglés, británicos) y miembros del Servicio Especial de Barcos (SBS) no estarían formalmente vinculados con los rebeldes, a decenas de ellos se les podría dar un permiso de larga duración que les permitiese obtener un lucrativo empleo privado para combatir en Libia. Actuarían como controladores aéreos avanzados controlando los ataques aéreos aliados para despejar el camino hacia el avance de los rebeldes a Trípoli.

The Daily Mail considera que las disposiciones inconvenientes de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad podrían burlarse fácilmente. Afirmaba: “El Fiscal General Dominic Grieve declaró en una reunión del Consejo Nacional de Seguridad el mes pasado que el Reino Unido podría justificar la asistencia e incluso las armas a los rebeldes si se pudiera demostrar que estaban ayudando a salvar vidas de civiles. Lo mismo se aplicaría a un personal reducido, siempre y cuando no constituyan una fuerza de ocupación”.

Traducción para Rebelión de Loles Oliván

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