octubre 20, 2020

El libro, las bibliotecas y el estado plurinacional

“El libro es fuerza,

es valor, es poder,

es alimento,

antorcha del pensamiento

y manantial del amor”.

Rubén Darío

 

 Un poco de historia

Cada 23 de abril se celebra en el mundo entero el Día del Libro y de los Derechos de Autor. La jornada mundial surgió como una veneración al libro conmemorando la gesta de grandes escritores como Miguel de Cervantes Saavedra (España), William Shakespeare (Inglaterra) o el Inca Garcilazo de la Vega (Perú), que nacieron o murieron en esta emblemática fecha. También se conmemora el Día del Idioma. En España se celebra el acontecimiento a partir de 1930 y en 1964 quedó instituido para los países de lengua castellana y portuguesa. La Unión Boliviana de Clubes del Libro, tramitó en 1990 la resolución que declare este día como “Día nacional del Libro”, reconociendo “su función social invalorable e imprescindible, como promotora de la dignidad, la libertad y la comprensión humanas”. En 1995 la Unesco proclamó el 23 de abril como Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, en la búsqueda de generar conciencia en los Estados miembros sobre la importancia que tiene el libro para la difusión del conocimiento, por ser portador de información y cultura, es decir, un instrumento para el cambio. Irina Bokova, Directora General de la Unesco, señalaba: “Es imposible celebrar el día consagrado al libro sin pensar en los 759 millones de personas que no saben leer ni escribir, dos tercios de las cuales son mujeres”. Detrás de esta fría estadística se esconde una realidad lacerante, que los trabajadores y trabajadoras de bibliotecas tienen el deber de combatir con todo aquello que esté a su alcance. Para ello es preciso disponer el libro al acceso irrestricto, garantizando su libre circulación y disponibilidad, como bien recomienda la directora en otra parte de su mensaje. Quienes trabajamos en bibliotecas somos aliados incondicionales de los autores y hacemos los esfuerzos necesarios para que se respeten sus derechos, pero ante todo somos amigos de los lectores y a ellos nos debemos y para ellos trabajamos pues son quienes transforman el conocimiento o disfrutan del ya existente. Asumiendo como nuestras las palabras de la directora de la Unesco, diremos que los libros “son vectores de ideas que plasman de manera magnífica las diversidades creadoras, conducen al conocimiento universal y participan en el diálogo entre las culturas”. El libro es pues a la vez, obra de arte y obra de ciencia.

Homenaje al libro

Las instituciones que trabajamos en torno al libro, celebramos este día con diversas actividades, entre las que destaca el programa del Comité Departamental de Clubes del Libro de La Paz, el lunes 25 en el Ministerio de Culturas y la solemne sesión de honor en reconocimiento a tres escritores bolivianos (Harry Trigoso, el suscrito y Adolfo Cárdenas), en el Salón “Revolución” de la Vicepresidencia del Estado.

El libro es el principal medio de transmisión de conocimiento, enseñanzas y experiencias que ha generado y ha inmortalizado la humanidad, sin importar si estamos hablando del libro impreso en tinta o el libro digital y electrónico. Está, por ejemplo, el best seller, que es editado con encuadernación de lujo y muy atractivo a la vista. Sin duda con esos atributos se vende muy bien en las librerías, y muchos títulos se agotan a pesar de su costo. Son tiradas internacionales de decenas de miles de ejemplares que invaden los escaparates de las librerías del mundo entero. En Bolivia se han dado pasos significativos en el acabado final del libro, con diseño y diagramación cuidadosa que lo convierte en obra de arte, dejando atrás sus otros atributos. Prima el efecto visual, el que atrae al posible comprador (que no siempre es probable lector), y si el autor del libro es un escritor conocido, mucho mejor. Quizá por ello el libro boliviano tiene aún precios muy altos para la mayoría de la población. Ese tipo de libro está diseñado para una élite intelectual, que no duda en adquirirlo, pues por una parte le ilustra con su contenido, y por otro lado adorna su biblioteca personal y tiene un efecto que eleva la autoestima del propietario final del libro. Esa parte de la comunidad de lectores-usuarios del libro está muy bien servida. Pero existe una amplia comunidad de escolares, estudiantes, universitarios, amas de casa, trabajadores, incluso profesionales, que desea con vehemencia acceder al libro para resolver problemas de formación, instrucción o deleite. Esa comunidad siente tremenda frustración al no poder hacerlo debido al costo que reitero es todavía alto para las mayorías de nuestra sociedad y por ello busca una alternativa en el mercado informal, que le puede ofrecer al menos dos tipos de producto libresco: a) el libro usado, b) el libro ‘pirata’. Al lector de este gran segmento social le interesa resolver el problema de urgencia, y obviamente lo comprará sin mayores reparos. En el caso b) provoca una airada y legítima reacción del editor-impresor que lanza su queja a los cuatro vientos, enjuiciando al mismo tiempo al lector y al impresor pirata que plagia las obras con increíble facilidad e impunidad.

¿Cuáles son las razones para esta situación crítica que afecta al editor y en menor medida (casi nada diría yo) al autor (a no ser que el autor sea a la vez el editor-impresor)? El mundo editorial boliviano está experimentado su época de auge, estamos frente a un ‘boom’ editorial, a pesar de las tiradas insignificantes de las obras bolivianas que se sitúan como promedio más general en los mil ejemplares (por supuesto que existen obras con 10 o 20 mil ejemplares, pero son las excepciones). Por tanto podemos afirmar que el editor boliviano logró copar el mercado nacional actuando como un buen comerciante, es decir, sin perder la inversión o capital inicial. Gracias a la lealtad de la élite intelectual, que está satisfecha con el producto libresco boliviano por sus notables cualidades, el editor aún considera al libro como una obra de arte que no sólo nutre de información, sino también adorna las bibliotecas particulares, como hemos afirmado. Pero eso no es suficiente, el editor debe responder con absoluta seriedad a un desafío empresarial, pues debe copar el mercado del lector potencial, constituido por esas mayorías de la sociedad que están marginadas del libro-obra-de-arte y quiere ver en las estanterías de las librerías y en los puestos de venta de periódicos de nuestra ciudad, el libro popular, de bajo costo, pero con la misma calidad del libro-obra-de-arte.

Cuando el editor responda a ese desafío histórico, la tirada promedio del libro boliviano (ambos, tanto la obra de arte como el libro popular) superará los 10.000 ejemplares. Por lo tanto, el editor hará un buen negocio comercial, pero a la vez cumplirá un sentido rol social, que hoy por hoy no cabe en su planificación editorial. El papel de editor empresarial debe cumplir su cuota parte de un rol social. Necesitamos que el libro se convierta en un instrumento de transformación y cambio. Es menester que el editor asuma esta responsabilidad social.

Para concluir, debo afirmar que al haber sido Bolivia calificada por las Naciones Unidas como “País libre de analfabetismo”, requiere con urgencia de una política pública del fomento a la lectura, dotándose de una editorial estatal para que en sana competencia con los editores comerciales, pueda llevar el libro de lectura, el libro de texto, a precios accesibles, a los nuevos lectores, para hacer del libro un instrumento para la liberación.

*     Director de la Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional

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