octubre 25, 2020

Los desafíos para la CELAC

El próximo 5 de julio, en Caracas, una dura batalla será librada entre los países que apuestan a la construcción de un latinoamericanismo, con altos grados de independencia, y los que pretenden seguir legitimando los distintos rostros de la dominación de Estados Unidos.

La causa de esta disputa por la hegemonía será la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Los Estados Unidos han manifestado, desde febrero de 2010, cuando en Cancún se dio impulso a este proyecto, no estar en contra que los países de Latinoamérica tengan un espacio de encuentro sin la presencia suya y de Canadá. Pero, está claro que no lo dijeron, ese “encuentro” será “positivo” mientras no afecte su activa presencia en esta parte del mundo. Es decir mientras no cuestione su dominación y a su brazo político continental: la OEA.

Y con esas previsiones es que el Departamento de Estado de los Estados Unidos encara una reunión en la que no estará físicamente, pero cuyos intereses y voces serán transmitidos y defendidos por otros países demasiado cercanos políticamente, todos ellos vinculados al Eje Pacífico.

Lo que Estados Unidos desea es una CELAC testimonial y bastante funcional a la OEA, el organismo supranacional con el que la dominación y la hegemonía del imperialismo se ha cubierto durante décadas. Para eso, se recurrirán a temas con los que no se quiere ni reflexionar ni cambiar: el tema de la democracia, la integración y la auto-determinación de los pueblos.

Mientras los países del ALBA y otros como Brasil y Argentina son partidarios de tener una plataforma más amplia, que haga converger coincidencias y no discrepancias, lo cual significa ampliar los criterios en disputa (reconocer varias formas de democracia y respetar la integración Sur-Sur, por citar a los más importantes), Estados Unidos trabaja, a través de algunos países como Chile y México, para mantener su visión del mundo.

No cabe duda que Estados Unidos buscará que la reunión de Caracas no alcance acuerdos, lo cual ya será una victoria, y que la constitución de la CELAC se traslade al encuentro de Chile, en 2012, con la esperanza que su proyecto de Eje Pacífico avance. Para ello seguramente alimentará las tensiones que existen entorno a los temas señalados.

Por el otro lado, los países que lideran la constitución de la CELAC desde una perspectiva más independentista tendrán el gran desafío de no facilitar las rupturas y tener la capacidad de construir consensos administrando bien los tiempos.

Sin embargo, es evidente que esta flexibilidad requiere al mismo tiempo firmeza para no alejarse de los principios, pues lo contrario sería otra manera de facilitar los planes estadounidenses.

En definitiva, Caracas será escenario de la disputa entre el Latinoamericanismo y el panamericanismo, entre los que buscan mayor autonomía y emancipación y el Eje Pacífico que quiere restablecer nuevas formas de dominación de los Estados Unidos.

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