octubre 20, 2020

Falseando la realidad, como método de subversión

No hay duda que el gobierno del presidente Evo Morales, producto del grueso error político que fue intervenir violentamente la marcha indígena, ha sido víctima de un ataque sostenido desde la mayor parte de los medios de comunicación y desde redes sociales que “denunciaban” sin ningún fundamento o prueba la muerte y desaparición de niños y adultos.

Este ataque al presidente Morales no ha sido por el control territorial de algún lugar del territorio nacional sino por el control de los corazones y las mentes de la población y la base visible de operaciones de ese alto mando militar no ha sido un país en particular, sino las salas de toma de decisiones de los medios de comunicación y las computadoras de activos participantes de las redes sociales. Estos son los rasgos fundamentales de lo que un estratega militar estadounidense denomina La Guerra de Cuarta Generación.

Entonces, el 25 de septiembre se estaba ante dos escenarios casi simultáneos. El primero, en el que se activó un operativo de represión policial para terminar con una marcha indígena que arrancó exigiendo consulta previa ante la intención gubernamental de construir una carretera que por unir Cochabamba y Beni amenazaba con cruzar por el corazón del TIPNIS. La intervención de las fuerzas del orden fue violenta, según muestran las imágenes, particularmente contra algunos dirigentes.

Pero a partir de este dato objetivo de la realidad, cuyo esclarecimiento y sanción debe ser de vital importancia para el gobierno, se montó una versión perversa que modificó los hechos y los falseó, aumentando en la población el grado de rechazo que producen siempre las represiones policiales, más aún cuando de por medio hay mujeres y niños.

A pesar que las autoridades del gobierno boliviano negaban que existiese muertos —ya sea niños o adultos— la carga de las noticias le presentaban a la población una realidad que no existía y su permanente reiteración —en la radio y televisión— no hacía más que producir efectos socio-psicológicos altamente desfavorables a cualquier perspectiva de pacificación y diálogo. Pensado o no, era un llamado a incendiar el país.

Es probable que esta grosera manipulación de la realidad no haya sido pensada por un alto porcentaje de los periodistas, pero es evidente también que una cantidad de propietarios de medios y periodistas encontraron en estos hechos la oportunidad de desplegar su rechazo a un gobierno indígena que jamás aceptaron. Es posible que muchos de estos trabajadores de la información no tengan la menor idea de los orígenes y alcances de la Guerra de Cuarta Generación —lo cual no es una condición para los estrategas—, pero también muchos de ellos tienen conciencia de lo que promovieron. De hecho un alto porcentaje son los mismos que legitimaban la violencia simbólica y real de los dirigentes cívicos y grupos paramilitares que en 2008 tomaban instalaciones del Estado y golpeaban a los indígenas.

Lo que ha sucedido en Bolivia, sobre la base de un grueso error político del gobierno, es una demostración de que el falseamiento de la realidad y su amplificación, es un método de subversión ya experimentado con bastante éxito en otras partes del mundo.

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