junio 20, 2021

Frenar la violencia contra la niñez, requiere de un movimiento de indignados

La vulnerabilidad de la niñez y la adolescencia, y violencia de la que son víctima, tanto en Bolivia como en otros países, es un tema que no deja de lastimarnos como sociedades y provocar sentimientos de impotencia e indignación, y hasta pareciera que ya no conmueve a la sociedad, pues día a día leemos o asistimos en los medios cómo hechos de violencia continúan siendo titulares, sin que pasen de ser una noticia más.

Siempre me pregunté ¿Por qué las multitudes no se manifiestan públicamente y hacen paros, huelgas y todo tipo de acciones clamando para que cese la violencia contra niños y niñas? ¿Qué será que actos inaceptables e imperdonables como ser una violación a una niña de 3 años, como el ocurrido los pasados días en Cochabamba, por ejemplo, nos son capaces de movilizar a los y las defensoras de los derechos humanos y de la niñez en particular? . Dos titulares de La Razón (04/11/2011) dicen así : “El asesinato de una niña conmociona en el valle”; “Boliviano es atrapado cuando intentaba abusar de una niña en Salta”. ¿Y qué decimos nosotras y nosotros?

¿Será que manifestaciones de ese tipo no reditúan políticamente? ¿Será que no son causas que sirvan a los partidos políticos para ganar adeptos? Alguna vez no se ha preguntado, estimada lectora o lector, ¿por qué como sociedad no nos manifestamos y decimos: ¡Basta ya de tolerar la violencia contra niñas, niños y adolescentes ! y nos lanzamos a las calles para manifestar con vehemencia que no podemos seguir siendo testigos pasivos, a través de los medios, de todo tipo de crueldad de la que son víctimas miles de niñas y niños en nuestro país?

Hay miles de estudios en el país que tratan del asunto, con cifras (que de hecho no nos dicen nada, pues la situación real sigue siendo mayor a lo que los datos presentan) y análisis por demás, sin embargo, la violencia no cesa y va en aumento. Recuerdo uno de mis primeros reportajes hace más de 17 años, cuando me iniciaba como periodista, y que lo intitulé: “El hogar, más peligroso que la calle”, con el mismo dolor de hoy escribía, y con la misma impotencia también, lamentaba decir que una serie de violaciones a los derechos humanos cometidos contra la niñez y la adolescencia ocurrían (y continúan ocurriendo) principalmente dentro del hogar.

Esta problemática tan lacerante, requiere de estrategias intersectoriales y mancomunadas, donde la sociedad en su conjunto, debe participar. Es preciso comprender que no se trata de un asunto que amerite única y exclusivamente a las instituciones que trabajan a favor de la niñez y adolescencia; se trata de acciones conjuntas de todas las instituciones sociales, del día a día de todas y todos, donde por cierto, el control social debiera ser tan efectivo como otras medidas que nos toca pensar, perfeccionar y ejecutar como sociedad.

Considero, empero, que aquellas instituciones como las defensorías, Unicef, entre otras, no pueden quedarse calladas ante cada nota o hecho y hacer pública su voy, una y otra vez, y debieran también extremar y mejorar la efectividad de sus acciones, para contribuir a frenar este flagelo.

Y si bien sabemos que las causas de la violencia son muchas y complejas, sin embargo sigo creyendo fervientemente que es la educación la que más puede hacer en el mediano y largo plazo, y es hacia este propósito que las instituciones, el gobierno actual y los venideros deben apuntar como prioridad. Y a la ciudadanía en pleno, nos toca exigir que se cumplan las medidas, vigilar y actuar en consecuencia, dentro y fuera de nuestros hogares.

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