octubre 28, 2021

Lo sé, lo sé

por: Perro Sólido

A mi me encantan las series televisivas sobre doctores. Estos dramas usualmente ambientados en alguna ciudad estadounidense describen hospitales donde médicos y enfermeras están dispuestos incluso a donar sus órganos o hacer lo impensable por salvar a sus pacientes, con quienes tienen, además, un acercamiento emocional que sólo intensifica sus esfuerzos por hacer bien su trabajo.

Dr. Hause, Grey´s Anatomy, Scrubs, o el clásico ER, abordan de diferente forma —a veces con más drama que comedia, otras con más comedia que drama— el cotidiano desempeño de los profesionales de la salud en los EE.UU. Su estoica labor es representada con cierta exageración que, sabemos, es natural consecuencia de que se lo haga a través de televisión. Y así, muchos nos cautivamos por la noche viendo cómo un doctor llora por la muerte de una anciana o entra en depresión por el miembro amputado de un niño.

Es televisión, sí, lo es. Pero resulta un poco desconcertante que la distancia entre aquél mundo ficticio en la pantalla y el mundo real donde vivimos sea tan amplia. Un documental de un gordito agradable, Michel Moore, describe esa otra realidad, la nuestra (bueno, la de los estadounidenses), donde a veces suceden cosas como un doctor preguntándole a un hombre cual de sus dedos desea salvar. El hombre desangrándose le reclama que porqué no pueden ser ambos. El doctor le responde que es debido a que no está asegurado.

Y así, Moore nos revela que en EE.UU. hay casi 45 millones de personas sin seguro médico de las cuales 15 mueren cada año sólo porque no tienen dinero. Donde las empresas aseguradores les pagan extra a sus doctores por no atender a sus pacientes y donde incluso se deshacen de viejas moribundas e inconcientes mientras estas duermen subiéndolas a un taxi y dejándolas en la calle. Y bueno, nos revela un mundo sin corazón donde la indiferencia ante una mujer con siete hijos o un hombre que podría salvarse pero no tiene el dinero para hacerlo, es moneda corriente.

Lo se, lo se, es televisión. Pero choca que las diferencias sean tantas. ¿En que piensan los productores de estas series? ¿Qué realidad (o sueño) desean reflejar?

Por su puesto, no es el mundo entero el que está tan desalmado. El documental de Moore también cubre otros países, como Inglaterra o Canadá, donde la salud es pública y donde incluso un extranjero o un indigente pueden ser atendidos cálida y gratuitamente en cualquier hospital. Estos países, vaya ironía, no emiten series de televisión donde demuestran esta calidad de sus servicios.

Al final, el director nos regala una sorpresa. Hombres y mujeres que habían arriesgado sus vidas para rescatar a personas de los escombros durante los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York son llevados a Cuba ¿Por qué? Respuesta: Para ser atendidos por las enfermedades que contrajeron en su heroica labor ¿Por qué? Respuesta: Porque en su país no se los quería atender gratis. Al final, ellos lloran.

Es televisión, lo sé, lo sé. Ella miente, lo sé, lo sé. ¿Y cómo está Bolivia en esto? No sé, no sé.

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