octubre 23, 2021

UNASUR y la lucha contra el narcotráfico

El narcotráfico es el negocio más rentable que el capitalismo jamás ha soñado crear. Si bien sus actividades están consideradas ilegales por la doble moral del Estado y la sociedad capitalistas, la forma de organización que rige la producción de esta mercancía corresponde plenamente a la dinámica general de reproducción del capital.

Por lo tanto, alrededor de la producción y tráfico de drogas también se desarrollan las lógicas de dominación/subordinación entre los estados y la supuesta Guerra Internacional contra las Drogas, que para lo único que ha servido es para trasladar todos los problemas que genera este negocio en el capitalismo central hacia el capitalismo de la periferia. De ahí que tanto las medidas represivas como hasta los controles de migración, pasando por las fracasadas campañas de prevención de consumo, tengan un sello que virtualmente criminaliza a países productores de materia prima para la fabricación de la droga, como es el caso de Bolivia, u otros estados a los que por razones políticas se los considera como países tránsito.

Ahora bien, no por tanta reiteración de la estrategia se sale victorioso. Es evidente que todas las estrategias adoptadas por gobiernos latinoamericanos en el pasado inmediato no han dado el resultado esperado y el negocio de las drogas ha ido creciendo sostenidamente, a punto tal que nada parece detener el avance del narcotráfico y los efectos que provoca, como es el aumento de las diversas formas de violencia. Todo lo que se hizo desde la década de los 80 para adelante no ha frenado la actividad y las poblaciones han sido las únicas afectadas por la violencia.

Por lo tanto, ya no es políticamente correcto que Estados Unidos utilice el tema del narcotráfico como pretexto para intervenir en los asuntos internos de varios estados. Es hora de cambiar. Bolivia se ha encargado de hacerle saber, con la expulsión de la DEA en 2008, que no está dispuesta a aceptar imposiciones de ninguna naturaleza y que si la Casa Blanca está interesada en combatir este negocio debe hacerlo no solo dentro de su territorio, donde se mueven miles de millones de dólares al año producidos por el narcotráfico y sus actividades anexas (armamentismo, industria cultural, tráfico de personas, etc.), sino que además tiene la obligación de concertar con países como el nuestro una estrategia compartida.

De ahí que sea perfectamente entendible la negativa boliviana al regreso de la DEA, pues hay las suficientes pruebas en la historia de América Latina que esta policía antidrogas desarrolla en realidad espionaje político a los gobiernos de corte ideológico-político distinto a los gobiernos de la Casa Blanca, independientemente si es republicano o demócrata.

No hay tiempo que perder. Al mismo tiempo que rechazar la intromisión estadounidense en nuestros asuntos internos, Bolivia debe pasar a la ofensiva para impulsar desde UNASUR mecanismos efectivos que ayuden a luchar contra el narcotráfico y tener una visión lo más objetiva de lo que se hace en el capitalismo central para caminar en la misma dirección.

UNASUR y después de la CELAC deben convertirse en foros políticos para hacer un giro radical en la lucha contra el narcotráfico, con estrategias que partan de la responsabilidad compartida y hagan mayor énfasis en la resolución de temas estructurales.

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