junio 19, 2021

Somalia sigue teniendo hambre

por: Jose Miguel Calatayud/ TeleSur

Ya no hablamos de Somalia. Y cuando hasta hace poco aún lo hacíamos era en términos de guerra. Hablábamos de la ofensiva keniana en territorio somalí contra la milicia islamista Al Shabab, a la que Kenia acusa de los secuestros de ciudadanos europeos en su territorio, incluyendo a las dos cooperantes españolas Blanca Thiebaut y Montserrat Serra. Pero el hambre, esa vergonzante hambruna que nos sonrojó a todos en verano, sigue presente en Somalia. Hay gente que sigue muriendo allí porque literalmente no tiene nada que llevarse a la boca.

Ocurre, claro, que el público se cansa, se hastía de leer sobre el hambre y ocurre, claro, que los periodistas también nos aburrimos (unos más que otros) y también nos fatigamos al escribir sobre ella. Y quien no, lo tiene difícil: viajar a Somalia, a Mogadiscio, para informarse e informar desde el terreno es muy difícil. No tanto por la seguridad, ya que un viaje bien preparado es suficientemente seguro, sino por otro problema, el de siempre y más ahora con la crisis: por el dinero. Pasar unos días en Mogadiscio es posible pero muy caro y el mundo es muy grande y está lleno de historias.

¿Por qué seguir informando sobre Somalia? He aquí algunas razones.

Ocurre que decenas de miles de personas han muerto allí en los últimos meses debido a la hambruna. Y la mayoría han sido niños menores de cinco años. Y ocurre que aún hay cuatro millones que necesitan ayuda humanitaria y 750.000 podrían llegar a morir, según el último informe de FEWS NET, una red internacional de vigilancia contra la hambruna. Como suele pasar, los peor parados son los niños. Unos 450.000 sufren desnutrición y cerca de 336.000 de ellos padecen algún tipo de malnutrición aguda. Y ocurre que casi la mitad de éstos podrían morir en las próximas semanas, según advirtió UNICEF el pasado 28 de octubre.

Pero cifras como éstas, de enormes y de repetidas, acaban perdiendo su sentido. Son sólo eso, cifras. Olvidamos algo tan obvio como real: que cada número esconde a una persona como usted o como yo, a una familia como la suya o la mía.

Las historias que los somalíes nos contaban a los periodistas este verano siguen siendo tan vigentes como entonces. Iman Abdi Nuno, de 60 años, dejó su hogar en Buale y caminó junto a su familia durante 11 días para alcanzar Mogadiscio. Cuatro de sus diez hijos, dos niños y dos niñas, murieron por el camino. Otra de las niñas murió al poco de llegar. Una de sus hijas supervivientes había perdido la vista. “¿Habéis visto a esos?”, nos dijo tirado en su tienda, entre toses, cubierto de moscas, “los otros tenían justo ese aspecto antes de morir”. La historia de Iman Abdi Nuno es especialmente dramática pero versiones con diferentes circunstancias y un número diferente de víctimas se repetían una y otra vez.

Dos de los hijos de supervivientes de Iman Abdi Nuno. La niña ha perdido la vista (Foto: J.M.C.)Decenas de miles de personas vieron a sus animales morir, sus campos secarse, no tenían nada con que comprar comida y dejaron sus hogares, sus casas y marcharon durante cientos de kilómetros, huyendo también de la intransigencia de Al Shabab y de la violencia. Hoy siguen malviviendo y malmuriendo en campos de personas desplazadas -si no cruzaron ninguna frontera- o de refugiados -si en su huída salieron de Somalia-.
La ayuda internacional ha paliado en cierta medida la situación de emergencia pero no ha sido ni está siendo suficiente. Gran parte del dinero está ahí: hasta la fecha, las agencias internacionales han conseguido recaudar un 75% de los 2.400 millones de dólares que demandaban para cubrir la emergencia en todo el Cuerno de África.

Pero el principal problema es cómo distribuir la ayuda en las zonas afectadas, casi en su totalidad bajo control de Al Shabab, que no permite la presencia de la mayoría de las organizaciones occidentales. La descordinación entre ellas y el hecho de que casi todas las agencias gestionan su ayuda a Somalia desde Nairobi también contribuye a la ineficacia. Además, la reciente ofensiva militar keniana en territorio somalí dificulta aun más la labor humanitaria.

Ocurre también que la actual hambruna es una emergencia desencadenada por la sequía, la peor en el Cuerno de África en 60 años, como en su momento repetimos cansinamente los periodistas. Pero la crisis es mucho más compleja y fundamental y sus razones van más allá de la mera ausencia de lluvia. La situación de guerra casi constante en Somalia desde 1991 es una de ellas y responde a motivos políticos y al conflicto por el control de los recursos. Otra es el elevado precio de los alimentos, que en parte se debe a la especulación global y a la demanda de biocombustibles. El acaparamiento de tierras en varios países de África también contribuye a la inseguridad alimentaria en la región. Y la propia sequía podría ser efecto del cambio climático global.

FEWS NET prevé diferentes posibles escenarios según la llegada de las lluvias, la violencia y la situación política. En el más optimista, si llueve lo justo y el conflicto no empeora, la hambruna continuará hasta enero o febrero del año que viene. En el peor escenario, si no llueve lo suficiente y la violencia empeora, la hambruna probablemente continuaría durante todo 2012. Lo malo es que aunque todo vaya bien y la situación de emergencia pueda resolverse en los próximos meses, muchísimo daño ya está hecho y sus consecuencias negativas se van a sentir durante generaciones. “Por la hambruna en Etiopía en 1984 sabemos que el impacto es intergeneracional. No sólo afectará a los individuos y a los niños que están en la región ahora, sino que también a sus hijos en el futuro y por lo tanto realmente se necesitan inversiones a largo plazo para ayudar a estas poblaciones a ganar un estado de salud real”, cuenta en esta video entrevista Madeleine Thomson del International Reserach Institute for Climate and Society.

“En 1992, durante la anterior hambruna, pensábamos que en nuestra vida no volveríamos a ver una situación así y mira”, responde cansadamente Jens Oppermann a si confía en que ésta sea la última hambruna en la región. Opperman, que ya estaba en Somalia en 1992, es hoy jefe de misión para este país de Acción Contra el Hambre, una de las pocas ONGs occidentales presentes en terreno somalí desde entonces. “Si todos hacemos un esfuerzo considerable para encontrar soluciones sostenibles a la problemática en Somalia, y también dependiendo de si el país se estabiliza y se construyen infraestructuras y si deja de depender de la ayuda exterior, entonces con un poco de suerte sí esperaría que no volvamos a vivir una situación así”.

Parecen demasiadas condiciones.

Fuente: http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2011/11/somalia-sigue-teniendo-hambre.html

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