octubre 23, 2021

Estimada Marcela Inch

No soy tu amiga. Las palabras que cruzamos en la vida no llenan un par de páginas. Te escribo como boliviana, como historiadora, como ser humano y como madre. Tu decoro personal está intacto en medio del barro que te lanza un grupo de ambiciosos.

En más de una ocasión hablé o escribí sobre uno de los pocos orgullos nacionales: el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB). ¡Oh, paradoja! Este viernes 25 de noviembre otro galardón más, cuando ya nunca más será la misma.

Si revisas los documentos que tanto te apasionan, estimada Marcela, encontrarás que es la primera vez, desde hace un siglo, que los políticos y busca pegas, asaltan la institucionalidad del ABNB. Busca un rastro en la época crítica de los años cincuenta, o durante la etapa militar, o durante la narcodictadura de Luís García Meza. Ningún gobierno de facto, ningún partido neoliberal se atrevió a desbaratar la jerarquía de la institución que guarda nuestra memoria.

Otra vez más, los bolivianos sentimos vergüenza porque siempre hay quienes destrozan lo poco que funciona. ¿Qué pasará en el futuro? Puedes estar segura, que no faltarán los que se muerdan por ocupar tu puesto, por ofrecer empleos, por desmontar todo lo que empezó Gabriel René Moreno, justificándose con el proceso de la “descolonización”.

Como historiadora compartí con los colegas, con tantos bolivianistas de todo el mundo, tu fina atención. Tu trabajo de hormiguita durante 3.600 días, con muchos sábados y domingos incluidos, fortaleció la herencia de los directores que te antecedieron y la luz de Gunnar Mendoza te alumbró como verdadera servidora pública. ¿Te acuerdas que escribí mi agradecimiento después del último congreso en junio de este año porque todo estuvo impecable: los salones, los horarios, el aseo, el refrigerio y la amabilidad de cada uno de los funcionarios que reflejaron la cultura institucional del ABNB. En tu modestia, declaraste que el éxito de cada tarea cumplida se explicaba por el esfuerzo colectivo.

Quiero agradecerte tu colaboración en mis investigaciones, como periodista, como historiadora, como curiosa. Siempre el documento listo, el servicio pleno. Hoy todo aquello está herido, es como un vidrio roto. Una vez que se estrella, ¿quién lo recompone? La historia del ABNB no es más una construcción con base en el mérito.

Te escribo como ser humano, indignada por el mal trato que se da a quien se esfuerza por cumplir con su deber. Vos ya sabrás quién fue aquel masista que sin conocer cómo funciona el Archivo fue el portavoz de toda la trampa. Al menos, él no fue tu amigo. En cambio, también lo sabes, cuántas hembras envejecidas te abrazaron por delante y te clavaron por detrás la puñalada trapera. ¿Cómo escuchas la frasecita de moda: “yo no fui”? Hay un libro que se llama: “Historia de la Infamia”; reléelo.

Tu pecado es ser madre en un ambiente de impostura que dice defender a la mujer, pero condena a la madre. Porque a vos te castigaron por parir a un ser humano que ejerce su libertad de pensamiento, así lo criaste. Un líder que quiere rescatar a Oscar Unzaga en su calidad de político honrado y coherente.

Dice José Martí, estimada Marcela, que cuando hay más deshonra en una sociedad, más se concentra el decoro en unas pocas personas. Así te veo.

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