septiembre 26, 2021

Experiencia kallawaya en el espaciamiento del embarazo (I)

por: Elisa Vega y Arakuji Ayaviri

“[L]a amenaza para la salud reproductiva de las mujeres proviene de múltiples opresiones y de la negación de oportunidades y de opciones en sus familias, comunidades, culturas y sistemas de política nacional. Aliviar esta carga se ha convertido en un compromiso de derechos humanos, tanto para los sistemas legales como para los sistemas de práctica ética” (Rebecca Coock: 2005)

No es mentira que en la ciudad, todos hemos escuchado alguna vez decir que dentro los pueblos indígenas las mujeres tienen hijos “como conejos y demasiado seguidos”. Una forma despectiva de referirse a las mujeres indígenas que tienen varios hijos como “zampoña” dentro su familia.

Dicha concepción, ha hecho pensar, en una forma colonial por un lado y patriarcal por el otro, que sólo dentro los pueblos indígenas las mujeres no se cuidan, y que por otra parte, las mujeres “de la ciudad” son las que tienen mayor cuidado y previsión en cuanto a sus embarazos, ya que por el “conocimiento” que tienen los planifican.

Sin embargo, en los pueblos indígenas los espaciamientos de embarazos en las mujeres originarias también existen, ya que no sólo dentro la medicina occidental se conoce que, para cuidar la salud de las mujeres, y de los mismos niños, éstas deben tener un espacio de tiempo entre uno y otro hijo.

Dentro los ayllus, es necesario mencionar que hay sabidurías ancestrales. Por ejemplo, dentro los pueblos andinos existe la mujer denominada “matriz de animal”, la cual es aquella mujer que no siente dolor durante el parto, y que es demasiado fértil a la vez, ya que puede embarazarse inmediatamente después del parto, antes de que pase un año de su anterior embarazo.

Estas mujeres son cuidadas dentro las comunidades a través de las sabidurías ancestrales, mediante sahumerios, mates, licuados o comida con plantas medicinales (semilla de zapallo maduro, papaya, calabaza o lacayote y otros), así como mediante la alimentación adecuada, baños de vapor, o en algunos casos hacen una ceremonia de devolución de la placenta a la madre tierra con los productos agrícolas de la región.

Cabe resaltar, que como en la filosofía de los pueblos indígenas todo es par: hembra y macho, todas las plantas y productos agrícolas que tienen uso medicinal, son hembras y machos o sus semillas hembras.

Las plantas mencionadas, y las prácticas efectuadas por los yatiris de la región, son consideradas dentro la cultura occidental con el denominativo de “plantas abortivas”. Sin embargo, dentro las comunidades andinas no se las considera de ésta forma, más bien son una forma de garantizar la salud de la mujer los hijos además de garantizar el espaciamiento entre embarazos.

Es necesario mencionar que el capitalismo y el desarrollismo han usurpado las sabidurías ancestrales principalmente de mujeres indígenas por varones profesionales con sus espacios de atención médica, además existe un prejuicio de ver esto como algo malo si una mujer de la ciudad (así tenga ascendencia indígena) acuda a los yatiris para tratarse mediante la sabiduría ancestral. Sin embargo, cuando tales prácticas son desarrollas dentro las clínicas de salud “modernas” con la misma finalidad, se las considera una medida necesaria para salvaguardar la salud de la madre.

En éste aspecto es importante recordar que la iglesia católica, al “evangelizar” dentro los pueblos indígenas, hizo creer a muchas comunidades que el usar las plantas como medicina para interrumpir embarazos, era pecado, lo cual llevó a que dentro de los pueblos se vayan olvidando tales sabidurías, llegando incluso a estigmatizar a quienes realizaban tales prácticas, tachándolos de “brujas” y “brujos”, llegando inclusive a colgar a estos pecadores en los tijerales de las iglesias, prácticas que no hasta hace mucho se realizaban en algunos lugares del país.

La nueva Constitución Política del Estado nos garantiza a las bolivianas y bolivianos, a través del artículo 66, el ejercicio de los derechos sexuales y derecho reproductivos”. Este articulo nos permite hacer autónomas de nuestro cuerpo a individuos cuantos hijos tener, cuando y como deben tener las mujeres.

Garantizando, además una protección aún más amplia a los pueblos indígenas ya que hay que recuperar tales conocimientos ancestrales. Es así que el artículo 30, establece que, “En el marco de la unidad del Estado y de acuerdo con esta Constitución las naciones y pueblos indígena originario campesinos gozan de los siguientes derechos:

  1. A su identidad cultural, creencia religiosa, espiritualidades, prácticas y costumbres, y a su propia cosmovisión.
  2. A que sus saberes y conocimientos tradicionales, su medicina tradicional, sus idiomas, sus rituales y sus símbolos y vestimentas sean valorados, respetados y promocionados.
  3. Al sistema de salud universal y gratuito que respete su cosmovisión y prácticas tradicionales.

Con todo este respaldo constitucional las mujeres y mucho más como indígenas, debemos exigir la despenalización del aborto, para reducir las muertes durante el embarazo, abortos clandestinos mal practicados, donde acuden las mujeres de escasos recursos.

Es hora que el Estado deba asumir esta obligación de garantizar la salud sexual reproductiva, y de esta manera contribuir al vivir bien de las mujeres dentro del Estado Plurinacional.

El logro de esta política sería afectar la estructura patriarcal que se reproduce diariamente en contra de las mujeres, devolviéndonos la facultad de poder decidir por nosotras mismas y sobre nuestros cuerpos, esa es una verdadera despatriarcalización.

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