septiembre 22, 2021

El ALBA-TCP, una revolución en el ámbito de la integración regional

Durante toda nuestra historia, asumimos de manera consecuente y sin opciones reales diferentes, una condición que nos asignaba el papel de proveedores de materias primas. Sobre ese pilar se sostenía el modelo de producción, crecimiento y desarrollo del capitalismo en Bolivia. La etapa desarrollista de nuestra historia económica (1953-1985), fue el de mejor desempeño y bienestar social en el país, a pesar de gestiones económicas desastrosas durante los gobiernos militares y civiles de ese período. El antiguo Estado republicano fue un actor importante en esos 30 años, sin embargo, el modelo se agotó porque ese modelo de Estado era un Estado prebendal que gestionaba mal las rentas que las empresas estatales generaban, lo que suponía también la falta de inversiones que promovieran la creación de excedente, además de una administración arbitraria y clientelar del Estado y sus empresas, el fin de dicha etapa se precipitó por la crisis de la deuda y la caída de los precios de nuestras principales materias primas de exportación. Ese conjunto de condiciones fue el escenario propicio para la implementación radical del Programa de Ajuste Estructural.

El antiguo Estado prebendal era instrumento de reproducción de las clases dominantes que vivían de espaldas a un país con precaria articulación interna y difíciles vínculos con el exterior. Su estructura económica se cimentaba en el régimen de la encomienda. Los hijos y descendientes de los encomenderos se convirtieron en los nuevos hacendados con los que la República comenzó su andar. Incluso subsistieron posteriormente a la Revolución de 1952 y sofisticaron sus prácticas. Esta clase dominante se reconvierte en los años 80s del siglo XX y se reciclan asumiendo los programas de ajuste como mecanismo para su propia estrategia de reproducción social y económica. En ese momento de nuestra historia, el Estado macrocefálico que habían contribuido a crear y que les aseguraba su reproducción, se había convertido en un peligro que ponía en riesgo su condición dominante.

Asumieron de forma casi instantánea el nuevo modelo y sus programas de ajuste que les garantizaba su poder e influencia, tal como había ocurrido desde el principio de la República prebendal. Su condición de ilustrados no los enajenaba de su condición de clase. Los que habían llevado a la bancarrota ese Estado “desarrollista” se apresuraron a seguir la moda e implementaron los mandatos del consenso de Washington de manera brutal.

El neoliberalismo, con su componente doctrinario se fue imponiendo en todos los espacios. Pensar diferente o críticamente era mal visto por dicha “inteligencia” dominante. La cultura yupie llegaba en los años 90s a Bolivia, un poco tarde, pero con la misma idea de que el Estado no debía meterse en la economía para no alterar los mecanismos naturales y automáticos del mercado. Para estos jóvenes porterianos (Porter), que se jactaban de haber leído solo a este autor, una opinión diferente o crítica era sinónimo de pertenecer a una secta antidiluviana, peor aún si no se tenía un origen social similar al de estos individuos.

Muchos de los dirigentes políticos de esos gobiernos, al mismo tiempo empresarios y accionistas de diferentes empresas, se beneficiaron con la privatización de las empresas estatales. Promovieron la liquidación de la mayoría de las empresas del Estado con una estrategia de privatización financiada por el Banco Mundial con la creencia de que el Estado era un agente que distorsionaba una dinámica automática y “natural” en la economía.

La consigna era achicar el Estado, desmantelar los Estados y los avances logrados en el período desarrollista. Así promovieron la liberalización total de los mercados mediante el ALCA. La pertinaz y radical imposición del modelo neoliberal hizo que el Estado Republicano prebendal, pierda su soberanía respecto de la empresa privada y el capital transnacional. En el caso boliviano, el modelo neoliberal convirtió al país en un país informal con una economía terciarizada en la que la precarización del trabajo fue su marca y herencia más notable. La anterior Constitución Política del Estado y el marco normativo vigente en ese momento, aseguraba o privilegiaba la economía privada creando salvaguardas a favor de los empresarios y el capital transnacional incluyendo aquellos que se habían apropiado de las empresas estatales de manera fraudulenta y en base a una amplia y sofisticada red de influencias.

En este período aparecen importantes actores sociales vinculados a actividades terciarias de la economía como son los comerciantes gremialistas, los transportistas y los cooperativistas mineros. También toman una relevancia mayor los colonizadores (hoy interculturales). La movilización de grandes contingentes humanos que se trasladan de unas regiones a otras altera la conformación económica del Estado prebendal y el nuevo Estado Plurinacional hereda las consecuencias de la descomposición del tejido social y productivo de la era neoliberal.

Los mismos que desmantelaron el antiguo Estado prebendal bajo la creencia de que ellos se encargarían de generar condiciones de bienestar común en el conjunto de la sociedad, solo agudizaron la pobreza y las brechas entre ricos y pobres. Los descendientes de los encomenderos, esos mismos personajes que liquidaron el Estado ahora le reclamaban al nuevo Estado y al gobierno mejores condiciones, mecanismos, recursos y “climas” para producir, operar y ser competitivos.

Aunque todo indica lo contrario, el país no es una isla, requiere de socios que coadyuven en la implementación de un nuevo acuerdo de integración. En ese marco, el nuevo Estado Plurinacional necesita de socios a los cuales articularse sin los condicionamientos que imponen los países, Estados con mayor nivel de desarrollo o transnacionales. La nueva Constitución manda al Estado Plurinacional a promover la forma de economía comunitaria, en el marco de los principios de solidaridad, cooperación y complementariedad. Principios sobre los cuales debe implementarse el ALBA – TCP y que no tienen nada que ver con la lógica de otro tipo de acuerdos de integración vinculados a la economía capitalista mercantil.

Otras formas de organización de la economía distintas y cuya existencia es reconocida por la nueva constitución, no sólo reivindica otras posibilidades de creación de valor y riqueza cuyo producto esté orientado a la satisfacción de necesidades materiales de subsistencia sin desconocer sus vínculos con la propiedad privada a partir de realidades culturales, sociales, productivas y de relacionamiento con un espacio vital diferente y sustentado en la práctica real con la complementación y reciprocidad. Ese espacio es el que aspira a crear el ALBA-TCP. Un espacio que privilegia el interés común antes que el individual y privado, un espacio que no homogeniza y que reconoce una realidad heterogénea y compleja. En sentido contrario a lo que pensaban los neoliberales y los nietos de los encomenderos.

Con el ALBA-TCP, se recuperan esos principios que son parte de las tecnologías sociales de nuestros pueblos y comunidades. Sin embargo, la construcción del nuevo Estado Plurinacional, requerirá de recursos y los excedentes recuperados de la explotación de nuestras materias primas, continuarán aportando a mejorar las condiciones materiales de vida de la población.

La soberanía nacional sobre los recursos naturales es uno de los principios rectores del nuevo Estado Plurinacional. Los conflictos sociales históricamente asociados a la disputa por el excedente económico generado por la producción primaria han sido resueltos en el caso boliviano. Pero ha llegado el momento de nuestra historia en la que debemos promover procesos de integración diferentes, en los que se beneficien los pueblos y no sólo los empresarios privados, por eso, el ALBA es una revolución en el ámbito de la integración regional porque no corresponde a los modelos anteriores y en el poco tiempo de su existencia ya ha contribuido a la ejecución de proyectos estratégicos como la superación del analfabetismo o el uso de una unidad de cuenta común como el SUCRE que están plenamente vigentes y en evolución constante.

*          Economista Boliviano. Director Ejecutivo del Banco del Alba y del Consejo Monetario Regional del SUCRE.

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