junio 13, 2021

Desarrollo, un paradigma válido para todos los tiempos y todas las sociedades

En los últimos meses se ha estado utilizando permanentemente el término «Desarrollo” en nuestro medio, tanto entre los representantes de organizaciones sociales como entre funcionarios de gobierno. A propósito de las marchas que se realizaron en contra y a favor de la carretera por el TIPNIS, gran parte de las protestas y de los apoyos no dejan de argumentar sus propuestas con el término “desarrollo”. Los que defienden la construcción de la carretera reclaman la falta de desarrollo en las comunidades y pueblos originarios al interior del Parque Isiboro Secure. Los que no quieren carretera justifican su posición en nombre del “Desarrollo Sostenible” y esta posición tiene que ver con las propuestas del “capitalismo verde”, el mismo que está dispuesto a pagar con los “bonos verdes” la intangibilidad de muchos espacios geográficos en Latinoamérica. Al final ambos bandos están en defensa de eso que se llama “Desarrollo”. Si a estos bandos se les preguntaría si son defensores de capitalismo y/o si son pro-imperialistas, seguramente que la respuesta sería negativa. Sin embargo están defendiendo un concepto o categoría impuesto por el capitalismo y por su líder indiscutible, el imperialismo norteamericano. Veamos cómo sucedió esta imposición a lo largo de la historia:

El 20 de enero de 1949, tomó posesión de su cargo de presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Harry Truman. Esta ocasión fue propicia para que este país consolidara su hegemonía y dominio frente a los demás países del mundo. En esta oportunidad el presidente Truman abrió para el mundo la era del “desarrollo”, calificando a su país como el más avanzado científicamente y el de mayor progreso industrial, poniendo al servicio del mundo subdesarrollado la experiencia exitosa de haber alcanzado esta “superioridad” “civilizatoria y democrática”. Un fragmento de discurso hipócrita de este personaje dice:

El viejo imperialismo -la explotación para beneficio extranjero- no tiene ya cabida en nuestros planes. Lo que pensamos es un programa de desarrollo basado en los conceptos de un trato justo y democrático (Discurso de investidura; Documento sobre relaciones exteriores)

A partir de ese momento y por las “amables consideraciones” de un representante de la hipocresía imperialista, los países de Latinoamérica, por ejemplo, pasamos a ser “subdesarrollados” y tendríamos que esperar las “filantrópicas” ayudas del imperio para que, algún día, si Dios y el Imperio quisieran, podamos pasar de la situación indigna de subdesarrollados a la bendición de ser desarrollados.

Han pasado 63 años de la era del desarrollo y de acuerdo a los parámetros e indicadores que explican y expresan al desarrollo y su complemento, el subdesarrollo, seguimos en las mismas condiciones. Todas las generaciones de nuestra región, desde entonces, están ilusionadas con este paradigma y con el sueño de alcanzar, algún día el desarrollo.

Mirando siempre hacia adelante y no el pasado, como nos recomiendan los neoliberales, seguimos ilusionados con este tóxico denominado desarrollo. ¿Cómo desprendernos de esta ilusión si todos los días nos bombardean con sus subliminales mensajes? Los medios de comunicación se encargan de mantener este tóxico alucinante, nos muestran a cada rato los símbolos del desarrollo: la coca cola, la moda, la última tecnología en comunicaciones, el sueño norteamericano de la vida con lujos, consumo, consumo y más consumo; los economistas se mantienen optimistas cuando los indicadores macroeconómicos de desarrollo se muestran positivos (PIB; pib per cápita; superávits, etc.).Todo esto en tiempos de crisis multidimensional (financiera, económica, alimentaria, energética, moral, etc., etc.), crisis de un sistema civilizatorio que nos sigue ilusionando con el “desarrollo”.

El término desarrollo tiene una fuerza semántica muy poderosa. Tanta es su fuerza que, en tiempos de “cambio” seguimos acudiendo a su “fuerza” para reclamar nuestras demandas de vida, como si la vida misma sería el desarrollo. En verdad, fue y es el término que más ayudo al fortalecimiento del capitalismo y su modernidad.

Los países de Latinoamérica y el Caribe, denominados subdesarrollados, hicieron los esfuerzos por traspasar esa barrera durante medio siglo, en una primera instancia planteándose el modelo ISI (industrialización por sustitución de importaciones) cuyos resultados fueron el industrialismo y el desarrollismo, una suerte de imitación mal hecha, un efecto demostración fracasado. En un segundo momento, se sometieron por completo a las recomendaciones de los organismos internacionales de corte neoliberal y transfirieron sus mejores industrias y recursos naturales a las empresas transnacionales, ello sucedió durante el conocido modelo neoliberal. Estos dos momentos de frustración tuvieron un solo propósito, el desarrollo.

La construcción misma de este concepto o categoría, desarrollo, fue realizada de forma parcial. Los “cientistas” que diseñaron los distintos modelos y teorías del desarrollo, afirmaban que el término fue extraído de la biología. Suponiendo que fue así, el término desarrollo en las ciencias sociales fue parcialmente utilizado, por lo siguiente: la Biología considera al término desarrollo al recorrido que hacen los seres vivos por las distintas etapas de su existencia: nacen, crecen, se reproducen y luego mueren. La economía y las otras disciplinas que utilizaron el término desarrollo, sólo consideraron dos de estas etapas: nacimiento (denominado también despegue) y crecimiento, como si el crecimiento fuese infinito. Entonces, desde un punto de vista de honestidad cientista, falta la consideración del declive y la muerte de este proceso. La propuesta es que se considere el declive y la muerte de este concepto o categoría y los motivos que la ocasionaron. Es decir el desarrollo cumplió su ciclo y debe ser sustituida por otro u otros paradigmas, posibles y nada excluyentes.

El principio bíblico que dice: “Por sus frutos los conoceréis”, es pertinente en este caso. Todos los análisis críticos que se puedan hacer respecto al desarrollo tienen que tomar en cuenta los resultados que este proceso produjo. En nombre del desarrollo, se castigo a todo un continente, el África, se la postergó y explotó. En nombre del desarrollo, los países desarrollados se armaron hasta los dientes y someten a los pueblos “subdesarrollados” a sus objetivos de saquear sus recursos naturales. En nombre del desarrollo, se causó daños irreversibles a la naturaleza. En nombre del desarrollo, se sometió a nuestros pueblos al terrorismo de las dictaduras militares. Todas las listas de fracasos y frustraciones que soportamos se deben al desarrollo.

¿Cuáles las razones por las que seguimos demandando desarrollo? Creemos que la respuesta a esta problemática debe partir desde dos hipótesis. La primera es que no conocemos lo suficiente respecto a los resultados del desarrollo. La segunda, tiene que ver con la ausencia de un paradigma alternativo y diferente al desarrollo. La construcción de un nuevo paradigma es el producto de proyectos políticos insurgentes de la sociedad y no de unos pocos intelectuales o de consignas no trabajadas.

¿Existen estas condiciones para nuevos paradigmas? Por supuesto que sí. Estos momentos de rebeliones populares, de pueblos originarios de pié, movimientos sociales de indignados, crisis multidimensional en todo el planeta, surgen potenciales semillas para la construcción de categorías y paradigmas al desarrollo. Por ejemplo el “Vivir Bien”, tema a ser considerado en próximo número.

*          Docente Investigador Titular de la UMSA

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