septiembre 26, 2021

DragaDanza, y una historia de mujeres en la danza

Un 8 de marzo de 1987, como un homenaje a todas las mujeres del mundo, nace en La Paz el primer grupo independiente de danza contemporánea: DragaDanza, proyecto que surge de la necesidad de expresar, a través de nuevos lenguajes y una propuesta estética, la cotidianidad, las emociones, en fin, la vida. Este artículo va como un tributo y un breve recuento histórico sobre los inicios de este grupo que representa un hito en la historia de la danza en Bolivia.

Este grupo nace a la cabeza de la coreógrafa alemana Karin Schmidt, quien llega a Bolivia por el año 1986, después de haber permanecido en Nueva York estudiando y trabajando en lo que se conoce como “la tradición Humphrey-Limón” que recoge el legado de dos grandes precursores de la danza moderna en el mundo, me refiero a Doris Humphrey, de nacionalidad alemana y José Limón, mexicano-estadounidense.

Smidth, quien fuera un tiempo atrás bailarina del Ballet Oficial de Bolivia, llega después de varios años a esta misma compañía, para proponer un montaje coreográfico no sólo con una propuesta estética distinta a la clásica, sino con un lenguaje y un andamiaje técnico propio de la tradición Humphrey- Limón. Luego de esa experiencia que derivó en una presentación con el Ballet Oficial, en el Teatro Municipal, y con el deseo de formar a nuevas generaciones en esta técnica, decide fundar una escuela y un grupo de danza contemporánea. A este desafío se suman dos bailarinas de la compañía ofivcial: Kathia Salazar y Tania Delgadillo, y bautizan al naciente grupo con el nombre de “DragaDanza”, que viene del verbo “dragar” que significa ahondar, profundizar, limpiar, para llegar a la esencia de lo humano.

Así, en 1987, la naciente compañía hace su primera presentación en La Paz, como grupo independiente, con la obra “Si de amor se trata”, que combinó danza contemporánea y canto popular en vivo con la cantante Emma Junaro. En esta primera presentación, se suman cinco jóvenes estudiantes de la nueva escuela: Jackie Holford, Ximena Muñoz, Amina Schmidt e Iberé Lorini, logrando un espectáculo compacto y novedoso. Y así, sucesivamente esta nueva compañía fue creciendo, y sumando entre sus integrantes a jóvenes talentos como Noreen Guzmán de Rojas, hoy en día una de las más destacadas coreógrafas contemporáneas de este país.

Hacer un recuento de los inicios de esta compañía, es sólo un pequeño detalle de una deuda pendiente con la historia de la danza en Bolivia, que hoy como comunicadora, periodista y ex bailarina, me he propuesto emprender, más aún cuando el carácter efímero de este arte hace que se diluya mucho de su historia y de sus avatares; y cuando se evidencia que en general la danza académica en nuestro país se bate entre la dificultad de sobrevivir en un medio hostil, que no permite que su práctica profesional se convierta en un oficio del que puedan vivir las y los bailarines, que por cierto hoy en día son todo un ejército de cuerpos que continúan dragando y explorando nuevos lenguajes, nuevas sensaciones. Un tributo también a todos esos cuerpos y esas almas libres.

*          Tania Delgadillo Rivera, comunicadora, crítica de danza y ex bailarina.

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