junio 15, 2021

Gladys Oroza de Solón. Lucha sin descanso

Partió al encuentro de Jose Carlos luego de haber peregrinado cuarenta años exigiendo justicia… a José Carlos se lo arrebató la dictadura militar banzerista, la impunidad de un Estado indolente le arrebató la justicia, pero su incansable lucha, su heroísmo silencioso nunca pudieron minar su fortaleza, a pesar de las infamias a las que fue sometida en los vericuetos de un sistema judicial execrable y de pactos castrenses que ni en democracia acataron los mandatos constitucionales. Sin embargo esa inimaginable infamia nunca doblegó la dignidad de su lucha.

Doña Gladys fue fundadora de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, profesora de música, estudiante de filosofía y letras, fue la compañera y la sabia del artista Walter Solón Romero, apasionada de la literatura infantil, presidenta departamental de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, incansable defensora de los derechos humanos y de justicia para víctimas de desaparición forzada, exiliada de la dictadura de García Meza y madre de un joven desaparecido del Plan Cóndor.

“Creo que las lágrimas ya se me han secado. Tengo una herida abierta en el corazón que, sin duda, se me ha de cerrar solo el día que yo expire. Pero yo confío en Dios, creo que podría encontrar, por lo menos, los restos de mi hijo. Eso me dará un poco de tranquilidad”

El calvario de Doña Gladys comenzó en el fatídico febrero de 1972 cuando la prensa anunció la libertad de detenidos políticos, entre ellos su hijo un joven de 22 años José Carlos Trujillo, con quien estuvo días atrás en la prisión del Pari en Santa Cruz. A pesar del calor estaba abrigado, con los dedos escondidos, tratando de esconder el dolor y la angustia con el brillo de su mirada: los torturadores le habían flagelado su delgado cuerpo y le habían arrancado brutalmente las uñas para que delate a los subversivos izquierdistas seguidores del Ché.

“Mamita querida (…) yo soy fuerte, como un revolucionario que pretendo ser, he aprendido a soportar las vicisitudes que esta vida conlleva y mi unmico pesar era al pensar en ti, pero no sabes cómo me llena el alma el saber que tú, como yo, piensas que en la vida siempre hay tropezones pero nunca nada está perdido (…)”.

Y si bien el 2000 la Corte Interamericana dictó sentencia contra el Estado Boliviano el Estado NO empleó todos los medios necesarios para localizar los restos mortales de la víctima y entregarlos a sus familiares, a pesar de que la entrega de los restos mortales en casos de detenidos desaparecidos es un acto de justicia y reparación en sí mismo. El Estado boliviano incumplió con los derechos humanos y los restos de José Carlos siguen escondidos en muros blindados del Plan Cóndor y sus guardianes.

Pero doña Gladys cada día fue redimida por su lucha, por su dignidad, por su incansable búsqueda de justicia, por su infatigable y extraordinario heroísmo.

*          Feminista queer y periodista

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