octubre 27, 2020

La crisis financiera mundial y la regulación de los mercados

por: Rolando Marín Ibáñez

En un contexto internacional donde gran parte de los países desarrollados sufren los efectos negativos de la crisis financiera (recesión, desempleo, desbalances fiscales; creciente deuda, etc.) y en el plano interno se proyecta la aprobación de la Ley de Servicios Financieros, se van difundiendo en el medio una serie de artículos críticos de la regulación financiera y de la participación del estado en la economía. La mayoría de las opiniones reflejan la visión de la comunidad del “libremercado” que —pese al colapso de su modelo teórico— continúan con la falsa creencia de que los mercados financieros se autoregulan y de que economía dirigida por la “mano invisible” y del “estado gendarme” es el senda del verdadero desarrollo y la solución a los problemas económicos. Afirmaciones como: “la regulación de las tasas de interés no tiene sentido en un mercado cada vez más competitivo” y “el intervencionismo estatal fue el verdadero causante de la crisis financiera mundial” son parte del mensaje erróneo y la deficiente interpretación de los hechos que se difunden.

Sobre las causas de la crisis financiera


Atribuir al intervencionismo estatal como el verdadero causante de la crisis financiera mundial es una deficiente simplificación. Con referencia a sus causas, existe una opinión casi generalizada de que la misma fue resultado de una multiplicidad de factores agravantes citándose entre ellos: las fallas de mercado, errores de política, desbalances globales; fracaso regulatorio; deficiente supervisión; opacidad y complejidad de los nuevos instrumentos financieros; la codicia generalizada —entre otros—. El premio Nobel de Economía Robert Merton planteó que sobre las causas de la crisis existen hipótesis plausibles que obedecen a factores multidimensionales,“la explicación final tal vez sea análoga con la teoría de las cuerdas donde se deban identificar las causas estructurales” señaló.

Si bien, esta “falla colectiva” fue resultado de varios factores desencadenantes, una causa estructural es atribuible a los fundamentos del pensamiento liberal que plantea que la presencia de un “estado gendarme” garantiza el equilibrio del sistema económico y que la “mano invisible” permite el ajuste automático y la autoregulación de los mercados. En efecto, el resurgir la doctrina liberal a partir de la década de los 80 posicionó la idea de que el libre mercado no era solo un medio de obtener crecimiento económico, eficiencia y pleno empleo, sino “era la garantía de la libertad humana; el mejor entorno en el cual los humanos podían desarrollar sus talentos y energías creativas; un sistema que fomentaba la responsabilidad y racionalidad de los individuos”. Bajo ese esquema, el Estado no debería interferir en el funcionamiento de la economía y se debería adoptar una política de laissez faire con base a la iniciativa privada y la libertad de los mercados. Se llegó al límite de señalar que es un absurdo creer que el poder político sea capaz de sustituir al mercado.

La crisis financiera que se inició el 2008, se ha constituido en un laboratorio valioso para evaluar la validez del modelo ortodoxo y ha demostrado que los mercados no se autorregulan ni los agentes actúan con responsabilidad y racionalidad. Analizando las causas de la crisis financieras Paul Krugman señaló: “La fe en los mercados financieros eficientes cegó a muchos, si no a la mayoría de los economistas ante la aparición de la mayor burbuja financiera de la historia y la teoría del mercado eficiente desempeñó un significante papel en inflar esa burbuja hasta el primer puesto”

Sobre los mercados eficientes

La hipótesis de los mercados eficientes sostiene que los precios incorporan toda la información económica financiera relevante y los riesgos asociados que implican expectativas inciertas sobre el futuro. Toda nueva información que surja en el mercado es comprendida rápidamente por los agentes económicos y dicha información se refleja en las cotizaciones de los activos. Tales precios (razonables) responderán a sus fundamentos y cualquier desviación de esos fundamentos será aleatoria y temporal. Bajo esa premisa, la teoría de los mercados eficientes indica que los responsables de política económica deben confiar en el “ajuste automático” (no tienen por qué suponer que el mercado se equivoca) y deben asumir que los precios de los valores se mantendrán razonablemente estables en virtud al comportamiento racional de los agentes.

Del análisis de las distintas crisis financieras y, en particular de la reciente, se observa que el mercado real tiene un comportamiento muy diferente del ideal que surge de la teoría. La experiencia empírica ha demostrado que los mercados financieros no actúan racionalmente, tienden a sobre reaccionar ante shocks y son propensos a generar burbujas.

Efectivamente, como lo demostró Joseph Stiglitz en los años ochenta, en el mundo real los mercados nunca presentan información completa y esta ineficiencia es producto de la presencia de información asimétrica. En la práctica, la información relevante es costosa y por tanto de acceso asimétrico entre los distintos inversores. Tal situación sumada a que la conducta de los inversores generalmente privilegia el corto plazo (por su voraz apetito de rentabilidad) les induce a valorar subjetivamente el precio de los activos, por lo que los cambios en los precios pueden darse (o se dan) mas como resultado de la especulación o burbuja y no necesariamente se asocian a cambios en sus fundamentos.

En efecto, los mercados financieros dejados al amparo de la “mano invisible” y bajo el influjo de los “animal spirits” llevan a la prevalencia de la codicia conduciendo al mercado a lo que Robert Shiller denominó una situación de “euforia irracional” extremos de desenfreno y desesperación generando un típico comportamiento de manada o rebaño, por medio del cual los participantes en el mercado más grandes y prestigiosos influyen sobre el resto dando como resultado inestabilidades a nivel macro.

Lo anterior, hizo imperativo una activa presencia del Gobierno que contrarreste las repercusiones irracionales de los agentes económicos. La presencia estatal en la economía a través del rescate, la regulación y supervisión no sólo se hizo necesaria sino imprescindible para evitar el colapso del sistema económico.

Lecciones

La crisis dejó lecciones claras y tareas urgentes tales como: dar enfoque de bienes públicos a la estabilidad monetaria y financiera; mejorar la supervisión financiera a nivel internacional; avanzar en el diseño del nuevo marco regulatorio global; dar relevancia a la coordinación entre países desarrollados y emergentes; y sobretodo abandonar la falsa creencia en los mercados libres y en el “estado gendarme”. En definitiva, la crisis financiera fue en gran medida resultado del falso “edificio intelectual” que propició la permisividad de los mercados financieros y la actuación codiciosa de los banqueros que en todas partes del mundo (ahora en Bolivia) se oponen e intentan huir del control y la regulación gubernamental.


*    Rolando Marín Ibáñez es Economista, Docente de la Universidad Mayor de San Andrés.

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