Cuando se hace una denuncia hay que tener la capacidad de probar. Ese es un principio que todos deberían seguir, más aun cuando el que denuncia es un alto dirigente político, casi dueño de un partido, con aspiraciones presidenciales de hace rato.
La semana pasada, en una conferencia de prensa, el jefe de Unidad Nacional (UN) presentó una denuncia sobre presuntos sobreprecios en tres grandes obras que el gobierno de Evo Morales lleva adelante. En el folleto titulado “La verdad sobre la corrupción en el gobierno de Evo”, el dirigente político afirma que en el desarrollo del teleférico La Paz-El Alto, la Planta de Urea y Amoniaco de Bulo Bulo y el ingenio de San Buenaventura, se gastará 382 millones de dólares por encima de los costos de otros proyectos comparables.
Entonces, con semejante presentación, lo que cualquier ciudadano espera es que se presenten las pruebas. Pero nada de eso sucede. Lo que hace el jefe político es comparar cada una de esas obras con otras similares en otros países, sin considerar ni tiempos, ni extensiones ni el carácter de las obras. Y entonces incurre en la especulación y en la demagogia.
Veamos un ejemplo, el teleférico. Doria Medina dice que hay un sobreprecio de 131 millones de dólares en comparación a lo que demandó la construcción del teleférico de Medellín. Y entonces, cuando se ven lo detalles, que su propio texto describe, aparecen las incoherencias. El de Medellín tiene 269 cabinas, el de La Paz tendrá 427. El de Colombia es de una longitud de 9.470 metros, el de Bolivia de 10.337 metros.
La clara intencionalidad política del político opositor queda al descubierto cuando no dice dos cosas: primero, que su denuncia está basada en fuentes secundarias y no en la lectura del contrato, como ha reconocido uno de sus diputados, y, segundo, que mientras el teleférico de Medellín mueve 12 millones de personas al año, el de La Paz movilizará 36 millones de personas al año.
Pero la demagogia de Doria Medina es mucho más grave aún y levanta sospechas sobre lo que sería capaz de hacer al mando del Estado. En los hechos está acusando de corrupción a las empresas extranjeras que están detrás de cada uno de estos megaproyectos. Si eso es así, un acto de consecuencia debería ser que el jefe de UN presente una denuncia formal, ante los estrados judiciales, no solo contra el gobierno sino contra la empresas.
Hay que dar por seguro que no lo hará.
Lo que confirma esta actuación de Doria Medina es que el tema de la corrupción es la línea política que UN está siguiendo como parte de su estrategia electoral. Ya lo hizo con el programa “Bolivia Cambia, Evo Cumple”. A partir de esa matriz de opinión lo que menos le interesa al jefe de UN es probar lo que afirma, lo que hace es jugar con la sensibilidad y la subjetividad de la gente.
Esa no es una posición responsable del jefe de Un, que acusa y acusa, pero nunca prueba nada, como cuando fue contra la dignidad de la familia de una Ministra de Estado. Un político responsable no actúa así.

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