Hugo Zemelman, hacía las cosas con una energía infinita que emanaba de su pasión por la vida, por cada proyecto que encaminaba y su amor por enseñar-aprender con la gente. Con esa su forma de hacer las cosas parecía que con sus 82 años siempre estaría en persona impulsando la lucha ideológica y práctica de nuestros pueblos. Por eso la noticia de su fallecimiento el 3 de octubre, sorprendió a todos, nadie se imaginaba su partida.
Un pensamiento profundo y complejo
Es muy difícil realizar un recorrido general, y más aún un recorrido minucioso, por su aporte al pensamiento latinoamericano, por su amplitud y complejidad. Esta es una de las tareas que ha quedado pendiente para quienes vayan a dialogar con su obra y difundir su pensamiento.
Nos gustaría resaltar uno de los aspectos más sobresalientes de su pensamiento, que era la implacable batalla que daba contra la subordinación del conocimiento a una teoría estéril. Su insistencia en romper aquellos campos que envuelven al conocimiento dejándolo inerte e impotente. Fue reconocido y respetado por su capacidad dentro del campo académico e institucional desde donde planteó romper con la propia lógica inmanente a estos campos mediante otra forma de pensar y conocer. Pero también tenía autoridad moral para reflexionar en espacios políticos, tanto en niveles de representatividad como en niveles de producción directa y comunitaria de la política, insistiendo siempre en la necesidad que hay de producir un conocimiento con capacidad para dar cuenta de la realidad y de potenciar la actividad práctica de los sujetos.
Para el pensamiento social crítico, un punto común de encuentro es, concebir el conocimiento de una forma distinta a un conocimiento supuestamente cientificista, supuestamente objetivo y aislado de la realidad del sujeto. El pensamiento social crítico se propone, en general, un conocimiento con mayor sintonía con la realidad y el momento histórico; también propone que los marcos categoriales y conceptuales se adecuen a las exigencias de las problemáticas abordadas. En el profesor Zemelman su epistemología, además de estas características comunes con el pensamiento social, entendía que estas eran un resultado directo de una forma distinta de producir el conocimiento orientado a la praxis, es decir, desde el sujeto y sus condiciones objetivas de vida para la transformación. Esto implica muchas cosas.
Un resultado positivo de su época y sus experiencias
Luego de la II guerra mundial, se abrió un período de expansión del capital mediante la consolidación del Estado del bienestar y el consumo, la reconstrucción del viejo mundo y la hegemonía norteamericana sustentada en su política militar y monetaria con el dólar como moneda mundial. Pero este período de expansión no duró mucho y llegó la primera crisis capitalista después de la guerra que abrió un proceso revolucionario mundial. A finales de la década de los 60s, esta revolución tenía muchas aristas, en Europa y EEUU no solo se vivieron revoluciones culturales y/o universitarias, que son las que se recuerdan, se vivieron también movilizaciones que involucraban a extensos sectores de trabajadores organizados y movimientos étnicos con demandas y programas sociales radicales, por ejemplo: la movilización obrera en Alemania o los Panteras Negras en EEUU; en África, se vivían los años posteriores a la reciente independencia de Argelia, liderazgos como el de Nasser y el fortalecimiento y autonomía de la OPEP como elementos que también ponían en crisis al capital; en Asia, la derrota militar de los EEUU por el pueblo vietnamita reafirmaba el recorte de su dominio territorial; mientras que en América Latina, se realizaba un potenciamiento de los Estados nacionales sustentado en la teoría de la dependencia y la pujanza de algunos sectores industriales y extractivos de la economía de los distintos países. Se podría decir que en América Latina, se abría la posibilidad de un desarrollo relativo de la región con perspectivas propias que tenía su correlato político en las conquistas y la participación política de los sectores populares. Luego de esta revolución, EEUU desarrolla una estrategia de expansión y profundización de su domino en la región a través del Plan Cóndor y las dictaduras militares que serían los cimientos para la implementación del neoliberalismo.
Es en el contexto de esta revolución que surge como respuesta a la crisis del capital que Hugo Zemelman sellará su compromiso con el proyecto de emancipación del continente y las luchas de los pueblos. Su participación en la experiencia del gobierno de Allende será fundamental en la determinación de su proyecto de vida en relación con el proyecto histórico de la región. Pero también será desde el truncamiento de esa experiencia que reflexionará persistentemente en la necesidad de asumir la lucha desde un ángulo mucho más estratégico, lo que implica una praxis revolucionaria desde el pensar del sujeto histórico y sus condiciones pero no desde los modelos teóricos.
La perspectiva latinoamericana de su pensamiento
Será justamente esta experiencia que lo reunirá en México con otros pensadores latinoamericanos, muchos de ellos exiliados, como ser René Zavaleta Mercado, Agustín Cueva, Aníbal Quijano, Vania Bambirra, Theotonio do Santos, Adolfo Gilly, José Aricó, John Saxe Fernández, Adolfo Sánchez Vasquez, Pablo Gonzales Casanova, José Luis Ceceña y Bolívar Echeverría, con quiénes el “pensamiento latinoamericano” se convertiría en trinchera de resistencia teórica junto a la resistencia movilizada de los pueblos contra el orden de dominación imperialista. Estos pensadores continuaron con su compromiso a diferencia de muchos otros conocidos que con la caída del muro de Berlín y con la implementación del neoliberalismo se unieron a los sectores oligárquicos de derecha en sus respectivos países.
Zemelman fue uno de los pensadores que jamás se doblegó y que más bien hizo de la academia y su intelectualidad una trinchera de lucha. Es por eso, que en este nuevo período histórico que estamos viviendo, para él será muy sencillo comprender la situación política y adherirse militantemente a los proyectos encaminados en América Latina, como por ejemplo su trabajo en Guatemala, Colombia, Chile, Ecuador, Argentina, pero también su compromiso incansable con en el proceso boliviano donde dejó todo sin mezquinar nada.
Importante aporte al proceso boliviano
Realizó una serie de actividades como cursos, seminarios, reflexiones, publicaciones, grupos de estudio, etc., siempre uniendo y articulando grupos por encima de la perspectiva de sus proyectos sectoriales e individuales. Tomó posición y defensa del proceso boliviano cuando muchos intelectuales de la región o callaban o se manifestaban en contra sin tener información ni comprender a cabalidad la situación y los conflictos. Pero también aportó con esa su sinceridad para plantear con firmeza las ausencias, las debilidades, las tareas y las responsabilidades del proceso.
En unos de sus libros publicados en Bolivia, en la parte de su reseña biográfica estaba escrito 1913 como el año de su nacimiento cuando la verdad es que nació en 1931. En la presentación de ese su libro, él bromeaba indicando que estaba orgulloso de tener esa edad porque eso le había permitido “conocer en persona a Lenin”. Su buen humor y esa forma de vivir como un niño que jamás deja de ingeniarse nuevos mundos eran también una veta importante desde dónde florecía esa profunda existencia crítica y comprometida.
Él era parte y vivía para la revolución en Latinoamérica, en fin, como diría Silvio Rodríguez, vivió “con tanto brío” que su lucha y su energía nos siguen invitando a la necesidad de un pensamiento y una práctica, transformadores.

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