agosto 21, 2026

Los obreros, los jóvenes y su imprescindible presencia en la radicalización del proceso de cambio

El proceso de cambio avanza con aciertos y tropiezos, con logros indiscutibles y errores pero igual avanza. El liderazgo de Evo sigue siendo indiscutible hacia el próximo periodo electoral pero seguramente sus condiciones de victoria no serán las mismas.

Esto resultará por factores como el natural desgaste que implica estar en función de gobierno y lanzarse a una re elección. Pero también por el alejamiento de algunos actores sociales como resultado de las tensiones que produce el ejercicio del poder. La comodidad de gobernar con los dos tercios puede convertirse en un recuerdo del pasado y la necesidad de pactos, para tener una aceptable gobernabilidad, también podría convertirse en una realidad.

Si a esto se suman factores económicos como la reducción de ingresos como efecto de las variaciones de precios de materias primas en el mercado internacional, más un proceso de inflación que hacia el próximo año podría alcanzar dos dígitos, el panorama se hace aún más complejo.

Seguramente también llegaremos a elecciones con un nuevo gabinete de ministros. Enero será un importante momento para señalar nuevos destinos, pues se convertirá en un tiempo de inflexión donde las tendencias al interior del proceso, jugarán sus cartas para darle su impronta al proceso electoral y su orientación al proceso de cambio.

Todas estas variables harán del inmediato tiempo futuro un momento sumamente importante para los destinos del proceso de cambio.

La historia nos ha demostrado que el 1952 tuvo su 1964; que Lugo tuvo un Cartes que lo defenestró; que la Revolución Sandinista terminó en brazos de la Chamorro, su contendora; que a Lula le siguió Dilma… Dicho de otra manera, que los procesos por muy fuerte que sean, con indescriptibles expresiones de movilización popular, pueden retroceder y derechizarse, justamente porque para tener mejores condiciones de gobernabilidad, es preciso hacer concesiones.

La pausa otorgada a los terratenientes para que en otros cinco años más demuestren la función económica social de sus fundos, el agendamiento de los transgénicos en la discusión parlamentaria, la arremetida de industrialistas-extractivistas productores de empleo y al mismo tiempo, generadores de temible daño ambiental, el inexplicable fortalecimiento de los militares como factor de poder al interior del proceso, son señales del potenciamiento de los sectores más conservadores en los espacios de decisión política del proceso de cambio.

La materialización física de estos actores sociales que no fueron comensales de la mesa de la primera etapa, ha significado al mismo tiempo el alejamiento de los trabajadores y obreros, que se han sentido desplazados y se han alejado paulatinamente del proceso de cambio. Lo mismo pasa con los jóvenes que cada vez más, migran hacia otras opciones políticas que les ofertan opciones de participación más liberales.

La única posibilidad que el proceso no retroceda hacia posiciones conservadoras, es generar propuestas que lo profundicen. Y esto sólo será posible, si la izquierda revolucionaria asume sus responsabilidades de incidencia política al interior del proceso de cambio.

Esta incidencia como clase y como ideología de clase, la asunción de nuevas y mayores responsabilidades, ha de tener en la movilización consciente de los trabajadores, una de las garantías de profundización, de radicalización, de recuperación de la energía con que se llegó al gobierno el 2006.

De la misma manera, volver a seducir a los jóvenes, que con su fuerza y energía, pueden ser también otro factor de radicalización del proceso es tarea que se debe plantear de manera inmediata. Su participación y movilización consciente, alejada de prebendas circunstanciales es tarea pendiente.

No queda mucho tiempo. O la izquierda del proceso de cambio se reposiciona y asume un rol dirigente que aporte hacia su profundización, o se licúa y pierde identidad con los compromisos históricos y retrocesos que eso significa.

La tarea y el desafío están dados. Actuemos ahora ya que mañana será tarde!


*    Fernando Rodríguez Ureña es zoociologo, con maestría en quimeras. Hizo su doctorado en la pluriversidad de Los Sauces en LianMa He Nan Lu. Alguna vez fingió como diplomático.

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