Partimos de las afirmaciones y el análisis que se hiciera en las V Jornadas Monetarias, evento que se realizó en el BCB el 18 de julio del 2011, en dicho encuentro se expusieron tres temas referentes a la inflación de los alimentos a nivel mundial y regional, se trataron las políticas públicas relacionadas al control de los procesos inflacionarios.
Una de las afirmaciones que hiciera el Codirector del Banco de la República de Colombia, Carlos Gustavo Caro, tiene que ver con la relación entre inflación de precios de los alimentos y las políticas monetarias, la hipótesis plantea que:
“…. Cuando hay choques de oferta de alimentos la política monetaria con sus instrumentos convencionales, tiene poco qué hacer, tiene poco con que responder. Si puede, dentro de la labor de coordinación de la política general con el gobierno nacional, realizar sugerencias y aprovechar la solidez del staff técnico para poder contribuir a las soluciones”. (Caro Gustavo; Compendio V Jornadas Monetarias, pag. 229).
En este contexto resulta importante diferenciar o separar la inflación que proviene de los alimentos y la inflación sin alimentos. Si la hipótesis de que la política monetaria tiene poca o ninguna influencia en la inflación de los alimentos es cierta, en los momentos de choques alimentarios la inflación total está fuertemente arrastrada por los incrementos de precios de los alimentos; las políticas a ser adoptadas tienen que estar diseñadas para frenar estos choque y/o para prever futuras inflaciones por oferta de alimentos. (ver gráfica 1 en PDF adjunto a este sitio).
La Inflación sin alimentos ni bienes y servicios regulados esta expresada por la línea más plana en la gráfica, esta es la inflación relevante para efectos de la política monetaria. Las curvas que se encuentran por encima de la sin alimentos corresponden a la inflación total y a la de alimentos más bienes y servicios regulados. Consecuentemente, resulta necesario comprender las razones por las que la inflación por alimentos tiene un comportamiento imposible, o por lo menos difícil, de ser regulada por políticas monetarias.
En la primera década del presente Siglo XXI, uno de los acontecimientos interesante en la economía mundial es el crecimiento de los países denominados emergentes o BRICS (Brasil, Rusia, India, Canadá y Sud África), países que han mostrado crecimientos de sus PIBs mayores a los países desarrollados o ricos. Estos países emergentes están asumiendo la responsabilidad de que la economía mundial no tenga signos negativos en el crecimiento, (ver gráfica 2 en PDF adjunto a este sitio)
La gráfica muestra que, en la línea superior al crecimiento de la economía mundial se encuentra la línea de crecimiento de las economías emergentes y por debajo de la media mundial está la línea de los PIB de las economías avanzadas o países ricos. Este posicionamiento en el crecimiento de las economías emergentes ocasiona que estas demanden más alimentos y otras materias primas. Este fenómeno se puede observar en el creciente consumo de alimentos por parte de la China,
La gráfica 3 (en PDF adjunto a este sitio) muestra, con claridad el incremento en el consumo de alimentos por parte de la China, cuya economía se constituye en líder de los países BRICS o emergentes.
Dado que estos aspectos analizados afectan a los objetivos de seguridad y soberanía alimentaria, cuyas políticas se diseñan a nivel de los países, la inflación de alimentos deben ser enfrentados de manera acertada y no creer que este incremento de precios se puede resolver y/o frenar con las políticas monetarias. Las políticas monetarias pueden regular la inflación de precios de bienes y servicios regulados y los precios del resto de los bienes, en tanto y en cuanto la oferta de estos bienes no disminuyan drásticamente.
En el caso de nuestro país, el incremento de la tasa de inflación de los meses de agosto y septiembre hizo rebasar la meta que se propuso a principio del 2013, la explicación está asentada básicamente por inflación de oferta de unos cuantos productos alimenticios: tomate, papa, carne de pollo. En el caso del tomate, básicamente por motivos climáticos, la papa por estacionalidad, y los otros productos fueron objeto de especulación y ocultamiento. La gráfica 4 muestra la inflación mensual en agosto del 2013. En ella se nota claramente la influencia de la inflación de alimentos y la incidencia que estos tienen en el índice de precios al consumo (ipc).
Por su parte la política monetaria ha estado cumpliendo las metas que se firmaron en el “Programa Financiero”, acuerdo que se firma entre el BCB y el MEFP, que luego es de conocimiento público. En este documentos están definidas las metas que tienen que ver con el accionar de la política monetaria, los lineamientos expresados en este acuerdo deben ser cumplidos desde las instancias correspondientes.
Considerando el rezago con que la política monetaria produce los efectos sobre la regulación inflacionaria, los lineamientos que se estaban cumpliendo no pudieron influir sobre la inflación de alimentos. Consecuentemente la hipótesis de la baja influencia de la política monetaria sobre la inflación de alimentos se estaría cumpliendo, por lo menos parcialmente.
Entonces, el problema a focalizar es la oferta de alimentos, principalmente de aquellos que conforman la canasta de consumo de la mayoría de las familias bolivianas, como son: la papa, el tomate, las carnes de pollo y carne vacuna y otros que deben ser seleccionados para complementar los programas de soberanía alimentaria que está emprendiendo el gobierno, como son el arroz, azúcar, maíz y otros.
Dado que la inflación de alimentos afecta con mayor peso a los grupos de bajos ingresos es necesario concentrar recursos y esfuerzos en programas que solucionen en el corto, el mediano y el largo plazo los problemas de abastecimiento. Esta preocupación y las políticas adecuadas son objeto de la denominada soberanía alimentaria.
La solución a este problema no es solo tarea de sectores específicos, también los recursos y capacidades técnicas y de recursos humanos que tuviese el BCB deben adherirse al diseño de soluciones oportunas y pertinentes. Pero la atribución del diseño al mediano y largo plazos para la solución de estos problemas está en la planificación. Siendo lo más recomendable las técnicas de la Planificación Estratégica Situacional.

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