agosto 16, 2026

Horacio y la capitalía

Existe algunas veces una extraña relación entre la tierra y el hombre, odios o amores que marcan la vida de mucha gente, lealtades y traiciones que señalan la personalidad de las personas. La historia de Horacio, el compañero Horacio, guarda mucha relación con estas situaciones de la vida.

La debacle de la UDP lo había arrastrado junto a su partido, pero antes de que se hunda el barco era mejor saltar de él (como las ratas) y buscar otra nave. En ella encontró refugio por algún tiempo junto a su compañero y amigo del alma “el chaza” y otros cuates, y cual panadero se dedicó a las “masas”. Luego llegó a Sucre acompañado del juicio al degeneral y a los narcoroneles. Allí se juraron nuevas lealtades y se suscribieron otras traiciones. Los emebelistas lo acogieron con los brazos abiertos, finalmente eran hijos de la misma madre.

Se hizo popular, se hizo candidato y lo eligieron concejal del municipio de la capital (entonces no sabía, me imagino, si se podía mover la sede o prefería callarse), nunca ejerció esas funciones (nueva traición esta vez a sus electores), no movió un dedo por quienes lo eligieron, ni cumplió nada de lo que en campaña había prometido.

No pasó mucho tiempo y (oh nueva traición) el concejal emebelista de Sucre apareció de candidato a diputado emenerrista por La Paz. Había crecido su fama y su popularidad a costa de sacrificar lealtades (en política solo hay cómplices). Objetivo cumplido, ya era parte del gobierno, de ese gobierno traidor, capitalizador y enajenador del patrimonio de los bolivianos. Estaba para la foto que tanto había soñado con los hombres del poder, con Goni & Cia. (Nueva traición, esta vez al pueblo boliviano y nuevas lealtades con la oligarquía que pretendía destruir la patria).

Luego fue Alcalde y con el derrumbe del neoliberalismo buscó un nuevo acomodo, esta vez declarándose parte del proceso de cambio, pensando que ese podía ser el camino para acumular más poder. Que decepción debió haber sufrido al darse cuenta que no era el elegido, salió pateando la puerta.

Los sucrenses no lo olvidan, no podrán olvidarlo; ni por su triste paso por el concejo municipal capitalino, ni mucho menos por su dizque cabildo del millón; “la sede no se mueve” gritaba a los cuatro vientos el advenedizo alcalde de La Paz para ganarse la simpatía (y los votos) de los paceños.

Su desesperación por convertirse en un líder nacional lo volvió a llevar hace unos días a Sucre para hablar de capitalía, a tragarse su grito de “la sede no se mueve” y demagógicamente pretender nuevamente enfrentar a dos pueblos hermanos. Nadie se lo creyó, nadie más le podrá creer. Su carrera terminó hace mucho, casi sin empezar, pobre Horacio con sueños de grandeza, no sólo literalmente la falta estatura para ser el líder que sueña ser.

PD. Cualquier semejanza con la realidad no es coincidencia.


*    Correo:  osilvaf@bolivia.com • osilvaf@gmail.com
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