octubre 3, 2022

La placidez irremplazable

por: Carolina Cappa y María Domínguez

En La Paz el lunes 7 de octubre de 2013 ha fallecido Plácido Martín Alí Merlo, joven de 50 años que desde los 15 trabajó en la Cinemateca Boliviana. Durante casi 30 años se dedicó principalmente a ser el proyeccionista de 16 y 35 mm, aunque en realidad Plácido hacía todo. Inquieto y laborioso, se dedicaba al mantenimiento de los equipos, a catalogar, a reparar películas, a recibir taquilla, a limpiar. Era un experto.

En la pequeña sala de proyección de la Pichincha esquina Indaburo, Plácido exhibía películas de 35 mm con un proyector que funcionaba a carbón y que siguió en uso hasta el cierre de la antigua sede. Con estos aparatos se debían cambiar los lápices de carbono cada 30 minutos porque se gastaban y la luz de la lámpara se apagaba. Los lápices traían una tapa que protegía al proyeccionista de quemarse con las chispas que saltaban. La sala se llenaba de humo y muchas veces el conducto de expulsión se tapaba, el cual Plácido también limpiaba. Sus compañeros siempre recuerdan como desarmaba los proyectores hasta sus piezas más pequeñas para limpiarlos con gasolina y luego volverlos a armar justo un rato antes de una exhibición.

Plácido fue también el responsable de la catalogación de las películas del archivo fílmico de la Cinemateca. Junto a Javier Luna, su compañero más cercano, realizaron el registro de cada lata y con Ana Sotomayor y Clemencia Nina (quienes aún trabajan en la Cinemateca) trasladaron las más de 30.000 latas de películas desde la Pichincha y el almacén de la calle Armentia al nuevo edificio en Sopocachi. Lo hacían a las 5 mañana porque más tarde el centro era pura trancadera y al llegar debían subir dos pisos por escalera. La mayoría de las latas eran de 35 mm, de las grandes, que de a cinco o más juntas completan la duración de un largometraje. Este era el equipo de archivistas anónimos de las películas que por Bolivia habían transitado desde principios del siglo XX, sin quienes los historiadores no podrían haber realizado sus investigaciones.

Hacia el 2007 las cosas cambiaron, tanto con el nuevo edificio como con la industria del cine. Plácido vislumbraba que el DVD sería la muerte de una época. No se equivocaba. Hoy en día las salas de la Cinemateca están vacías mientras la pipoca y el centro comercial limita al cine a un espectáculo para niños o adultos consumistas. El 35 mm también desaparecerá en poco menos de un año para ser reemplazado en todas sus fases de producción y exhibición por el efímero digital que chilla su fin desde su propia materialidad. En plena transformación tecnológica de su oficio, Plácido dejó la Cinemateca en 2008.

El 10 de agosto de 2013 lo invitamos a las visitas al archivo. Era el emotivo comienzo de “Peripecias y Encantos”, un ciclo de exhibiciones de las otras películas del archivo, las ignotas. Nadie más que Plácido para hablarnos de la historia detrás de ese lugar. Más tarde nos acompañaría unas pocas semanas revisando películas. Con profundo respeto y humildad, Plácido transmitía sus conocimientos y emociones. Su tarea en la Cinemateca se convirtió en su oficio, aprendido a partir de la experiencia del quehacer cotidiano (opuesto al conocimiento académico) y del amor por el cine.

Con él se muere una parte grande del corazón de la Cinemateca, mientras la otra está agonizando. El mismo día de su muerte se rompió la moviola donde catalogamos. No había nadie más que Plácido que supiera arreglarla. Se llevó consigo un conocimiento único, lamentablemente no transferido, que el progreso y la desmemoria harán desaparecer. Era un ser imprescindible, no sólo para el cine sino para la vida de muchos amigos y familiares que lo recuerdan en silencio.


*    Responsables de catalogación y archivo en la Cinemateca Boliviana, en el marco del proyecto “Imágenes de Bolivia”.

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