noviembre 27, 2020

La necesidad de la manifestación material de la subjetividad

por: Valeria Silva Guzmán

¿A cuánto se reduce el conocimiento teórico libresco cuando se está frente a la manifestación material de la subjetividad? Quienes estamos viviendo la cultivación de nuestra mente desde la obsesión política –en términos de política formal- ¿sabemos la pérdida que significa el adormecimiento de la creatividad materializada?

El pensar la historia, la sociología o la economía al margen de la manifestación material de la subjetividad -arte- es, en definitiva, un almacenaje de construcción de proyecto revolucionario en depósitos con llaves casi perdidas. Sin ir más lejos o sin pensar en la construcción de un proyecto revolucionario, mantenerse a dicho margen es mínimamente la recreación de un statu quo duro, denso y poco inspirador ante la vida.

Hacer apología del desconocimiento del propio interior presentado como la subestimación del arte es puramente una muestra de ignorancia trenzada con el miedo a la discapacidad de no poder manifestarse en otros lenguajes. Es ésta, entre otras, una de las razones que hace que del mundo intelectual del “cientista social” el escenario de un diálogo de sordos y de una competencia de egos proyectado en la acumulación sinsentido de reconocimientos académicos dados desde las élites ilustradas.

Cuando se lee a autores que en su vida han roto el esquema anteriormente descrito el sentimiento transmitido a los lectores es, evidentemente, otro. René Zavaleta, el escritor boliviano más importante del siglo XX en el campo del pensamiento y la teoría política ha logrado plantear otra forma de estudiar la correlación de fuerzas en la historia y en las estructuras de poder. Esta creatividad quizás tiene directa relación con que Zavaleta fue pianista. Karl Marx, aunque no ha sido un artista propiamente dicho, tiene un conjunto importante de poemas y sus cartas son maravillosamente sublimes y hasta desgarradoras, especialmente las escritas a su amada Jenny o la singular y poética carta escrita a su padre explicándole el bloqueo emocional que tenía respecto a su tesis. Así, aún cuando Marx estaba en la extrema pobreza hacía todos los esfuerzos necesarios para que su hija “favorita” Leonor pueda tomar clases de piano. De hecho, la influencia de Shakespeare en la estética de los textos y especialmente de las metáforas de Marx es notable. En definitiva, la sensibilidad de Marx ante la vida se hace evidente en su forma de leer la historia para teorizar.

La sensación de conocer un mundo desconocido y no sentirlo ajeno es deliciosamente placentera: eso significa encontrar el complemento que a la vida le hace falta. Es menester abrir la mente y disponer las manos a la creación. Es menester romper con el esquema del ratón de biblioteca. Escribir textos que inviten a la intimidad con el pasado, con las estructuras de poder o con la lucha de clases es una labor que pocos pueden realizar de manera emocionalmente sensible. La sensibilidad es una cualidad innata; pero la sensibilidad dormida, no cultivada, abandonada es el patrón más común en el modo de producción capitalista. Lamentablemente, las lógicas mercantilistas han hecho que los individuos no le dispongan tiempo al ocio creativo y, por lo tanto, se han dormido las mejores formas de percibir y sentir la realidad social.

El arte y los y las artistas son quienes de hecho dejan las mejores huellas para mirar al pasado. Remitirse al “Ay Carmela” de la guerra civil española, a los murales de Diego Rivera o de David Siqueiros para pensar la revolución mexicana, a las canciones de Víctor Jara para repudiar la dictadura de Pinochet o a las películas de cine soviético no tiene comparación alguna con la sola lectura de la historia hecha por historiadores. El nudo en la garganta que produce la sumatoria del ‘conocimiento’ y las representaciones artísticas asumidas como manifestación de la subjetividad es sublime.



*    Es investigadora
Twitter: @ValeQinaya

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