diciembre 1, 2020

Desaparecidos en democracia

por: Eduardo Sanguinetti

“Generaciones perdidas”, frase que utilizó Ángel Rama para definir a los escritores e intelectuales latinoamericanos que emigraron o escribieron desde el destierro (más que desde el exilio). Esto anuncia también por lo tanto el testimonio de un fracaso: de clase, de imaginario, de política, de cultura, de estado… de nación. “Generaciones perdidas”. Aún hoy, en este impertinente espacio y tiempo de tercer milenio donde nosotros los “desaparecidos en democracia”, no somos, no estamos, no existimos, en las fingidas democracias procedimentales, disfrazadas de progresistas. Lo señala mi entrañable amigo, el Dr. Martín Almada (Premio Nobel Alternativo de la Paz 2002) al decir que las dictaduras se perpetúan en los gobiernos instalados hoy en el poder, ¿Plan Cóndor II?…”la historia vuelve a repetirse”.

“Generaciones perdidas”, que responde a un plural que permite disecciones reductoras. Primero, aquellos que “perdieron” la lengua (Héctor Bianciotti, ‘Copi’, Rodolfo Wilcock y Néstor Perlongher); segundo, aquellos que “perdieron” la vida (los desaparecidos Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Roberto Santoro, Francisco “Paco” Urondo); tercero los que “perdieron la patria” (Antonio Di Benedetto, Daniel Moyano, Osvaldo Lamborghini).

En Argentina, por ejemplo, se puede hablar de “Generaciones fatalmente peronistas”, y también puedo afirmar (mucho más fatalmente) “Generaciones menemistas”, y “Generaciones K” en acto de construir y dar cuenta no solo desde dónde se lee sino también de a quién se lee… Los que no estamos en las listas de los que adhieren al gobierno ni a la oposición ni a las tendencias de las corporaciones económico mediáticas, en aparente confrontación con el gobierno: nosotros “los desaparecidos en democracia”, insisto, no “somos”, no “existimos”.

Nosotros, “los desaparecidos en democracia”, pertenecemos a la hoy “Generación perdida”, y nos relacionamos con la filosofía, la literatura y la cultura de este tiempo, intentando accionar desde un nuevo espacio, donde todos los seres, que aman la verdad, la armonía y la libertad, sin precios a pagar, podamos tener un sitio…incluso denunciando actos de corrupción, estafa, pactos expúreos a la ética y la li.

En nuestra experiencia atroz se destaca la ausencia de “patria”, al haber sido traicionados sistemáticamente de manera brutal y borrados de esta tierra, en representaciones y prácticas delictivas, de mentira y sumisión a la evidencia del crimen perpetrado, en nombre del ¿acuerdo? y ¿el nuevo orden y proyecto? ¿nacional?…desde este ‘locus’ enunciativo que en absoluto pretendo convertir en una distintividad positiva, todo lo contrario.

En ese sentido, y más allá de cualquier programa de lectura (explícito e implícito) que pueda y me dejen sostener, mi reflexión aviva “fantasmas” (en términos políticos-sociales-culturales) de cualquier intelectual rentado o mercenario oportunista del régimen: ¿cuál es el límite, cuáles son las ‘fronteras’ de nuestro país? ¿Qué es eso que llamamos cultura nacional?

Paradójico, que desde los poderes asimilados al régimen de un capitalismo fundante y perseverante de la ley de mercado, absolutamente vigente en Argentina y el planeta, a pesar de discursos embaucadores de libertad, solidaridad y fraternidad, las acciones congeladas de funcionarios y demás miembros de un gobierno, que parece retirarse de sus responsabilidades y obligaciones, para con la verdad y la libertad en sus políticas fundamentales, una inmensa sombra (esa niebla de Cortázar, un desterrado del peronismo iniciático, en “El Examen” o la de Bianciotti en “Lo que la noche le cuenta al día”) da idea de opresión, de deseo fracasado: la sombra de un autoritarismo empapa la institución y las disputas del campo intelectual argentino escenifican la falta de una verdadera disputa. La canonización de la farsa es casi evidente.

Como intelectual y hombre vivo, que goza y sufre este tiempo, pertenezco a él, aún negándome desde siempre a no ser parte de la “historia oficial” y de las huestes de los negociables, especuladores y temerosos, que pueblan su ‘tribu’…de los “desaparecidos en democracia”…soportando un patético y poético exilio interior.

Soy parte, con otras voluntades lúcidas, de la “Indignada generación perdida y traicionada”, en búsqueda de un proto-suelo generacional desde el cual pretendemos (re)mover un (no) debate (in) actual…una cultura que queremos con “atributos” y sin pre-fijos.

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